Rodrigo Borja fue, ante todo, un hombre coherente. Gobernó sin escándalos de corrupción, tomó decisiones impopulares cuando creyó necesario y se retiró sin reclamar gratitud.
Este sábado se llevó a cabo el funeral y entierro al que asistieron líderes mundiales para el último adiós. La ceremonia estuvo cargada de nostalgia y llamados a la paz.