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Raúl Banderas: el piloto que derribó dos aviones peruanos en la Guerra del Cenepa y 'perdió el miedo para siempre'

El general retirado de la FAE reconstruye el combate del 10 de febrero de 1995 y revela detalles inéditos sobre los Mirage, los misiles y su encuentro posterior con un piloto peruano.

El 10 de febrero de 1995, en plena Guerra del Cenepa, el entonces mayor Raúl Banderas lideró el combate aéreo más decisivo entre Ecuador y Perú. En esta entrevista con Vistazo, el ahora general retirado relata cómo derribaron dos Sukhoi peruanos y cómo fue la noche en que creyó que no volvería de la selva.

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Nació junto al mar, en Bahía de Caráquez; creció al pie de la cordillera, en Bucay; fue bachiller en las faldas de Chimborazo, en Riobamba y: se vistió de gloria sobre el Cenepa, en la Amazonia. Más ecuatoriano no puede ser. Raúl Banderas Dueñas lideró el primer combate aéreo entre dos países americanos con aviones jets y misiles aire-aire. Fue el 10 de febrero de 1995 cuando dos Mirage ecuatorianos derribaron a dos Sukhoi peruanos.

En la otra aeronave estaba el también héroe nacional, capitán Carlos Uzcátegui, fallecido en un accidente aéreo en Salinas, en 2002. Ese mismo 10 de febrero, un Kfir al mando del mayor Mauricio Mata también derribó un A-37 peruano que amenazaba a nuestras tropas en la cabecera del río Cenepa. El Perú perdió tres aviones en menos de 30 minutos y no les quedó ganas de volver. La superioridad aérea ecuatoriana fue total.

El ahora general retirado Raúl Banderas estuvo activo cuatro décadas. Su carrera empezó como subteniente en 1976 y culminó en 2016 como Comandante General de la FAE. Fue relevado del mando por el entonces presidente Rafael Correa, por “un asunto institucional”. Sobre este hecho, Banderas escribió en su autobiografía titulada Nacido para volar: “Estaba salvaguardando a nuestro ISSFA de las pretensiones políticas”.

$!Por ser héroe de guerra, Banderas obtuvo la “Cruz al mérito en el grado de comendador”. En la foto compañado de los también héroes del Cenepa Mauricio Mata y Carlos Uzcategui, este último fallecido en un entrenamiento en Salinas en 2002.

¿Recuerda su primer vuelo solo?

Todos los pilotos sabemos cuándo volamos solos la primera vez. Fue el 5 de abril de 1977 en la avioneta Cessna 150. Nos graduaron en mayo del 79 y fui dado el pase a la Base de Manta que estaba recién creada.

¿Y en supersónicos?

Estuve en la Holloman Air Force Base, en Nuevo México, Estados Unidos. Allí volé el T-38, un avión supersónico de combate. De ahí pasé a Taura al Escuadrón Mirage. Fueron 16 años en Taura, volando en Mirage. Era el último del escuadrón y fui subiendo hasta llegar a comandante. En el 94 me hice cargo del escuadrón.

Como comandante, usted debió ser de los primeros en conocer del peligro que se estaba gestando en el Cenepa...

Nos llegaba la información al Ala de Combate. Ya había problemas desde diciembre y nosotros ya entramos a prepararnos, a poner los módulos logísticos, a tener la mayor cantidad de aviones disponibles y estar alerta. En alerta máxima significaba estar en el avión sentado, puesto los arneses, listo para despegar, en menos de dos minutos había que estar en el aire.

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¿Cuándo fue su primera misión durante la guerra?

El 6 de febrero. El Perú comenzó a emplear una táctica usada en 1981 en Paquisha que era bombardear con helicópteros a nuestros puestos. Pero en el 95 se toparon con la sorpresa que teníamos defensa antiaérea. Había los misiles Igla que derribaron cinco o seis helicópteros. Eso fue una sorpresa para ellos. Ahí optaron por bombardear con aviones por la noche. Lo hicieron el 5 de febrero y nos sorprendieron, no esperábamos bombardeos en la noche. Así que hicimos una planificación y nos pusimos de alerta nocturna. Dijimos, tenemos que salir cuando la defensa aérea nos alerte. En este caso íbamos a volar un Mirage y un Kfir. Eduardo Cárdenas era el piloto de Kfir y yo el de Mirage.

¿A qué hora salieron?

Creo que fue a las tres de la mañana que nos ordenan despegar. Como ya estábamos amarrados, era cerrar la cabina, prender el avión y salir a la pista. Llovía y me tocó esperarle al Kfir. Se demoró como cinco minutos porque el Kfir se tardaba más en alinear computadoras. Esa fue la misión más dura que tuve en mi vida.

¿Por qué?

Porque no se veía nada, era de noche. Nos ordenaban salir cuando detectaban que despegaban los aviones de combate del Perú desde Talara o Chiclayo. Los detectaba el radar a una altura de dos o tres mil pies. Íbamos a converger en el sector de Tiwintza. Llegamos unos dos minutos antes. Descendimos. El Kfir estaba 2.000 pies abajo mío. No nos veíamos, habíamos apagado luces, todo. No hablábamos mucho tampoco por radio. Yo detecté a dos aviones en mi radar. Les vi, les enganché y les fui haciendo una interceptación y le avisaba a mi número dos. En mi mente estaba siempre que el Mirage 2000 tenía un misil muy superior al nuestro y que podían derribarnos a las 14 millas de distancia. Nuestro misil era el Magic II que teníamos que acercarnos hasta que detecte el calor y se enganche.

¿Qué distancia necesitaban ustedes?

Tres o cuatro millas. O sea, teníamos una diferencia abismal. Pensaba en el misil de ellos. Ellos sabían que yo estaba ahí. En el momento que solté mi radar, me engancharon. Entonces le avisé al número dos, a Eduardo Cárdenas: Me están enganchando. A mí también me responde. Y claro, era inminente un derribo. Digo: ¡vamos, invertidos y hacia abajo! Habíamos entrenado todo pero nunca habíamos volado de noche, peor hacer una interceptación y un combate. En la noche uno se desorienta fácilmente. No nos veíamos. Yo veía un resplandor, un destello de luz. Regresaba a ver y decía: Es el misil que ya viene, ya me dispararon dos veces. A la tercera que veo el resplandor y que no me impactaba nada, me doy cuenta de que yo mismo accionaba un botoncito para lanzar chaff, unas contramedidas electrónicas que confunde al radar enemigo. Salen millones de láminas de aluminio. Nunca habíamos lanzado chaff en la noche. Entonces eso era lo que iluminaba. Yo siempre digo: Ahí perdí el miedo para siempre, porque pensé que íbamos a quedarnos ahí en la selva, esa noche.

No era para menos...

Nos tocó regresar porque el Kfir estaba con bajo combustible. Regresamos a Taura, no se veía nada, llovía, nos prendieron la luz de la pista para poder aterrizar. Le hago que baje el Kfir primero porque tenía menos combustible y no ve la pista y se va de nuevo para arriba. Chuta, yo sufría. Llovía y estaba cerrado Guayaquil y a Salinas no podía ir porque la pista no estaba operativa y a Manta ya no alcanzaba por combustible. Entonces tenía que aterrizar sí o sí.

Aterrizar o eyectarse...

Eyectarse habría sido perder un avión así, tan infamemente. Así que logré aterrizar y veía el resplandor del Kfir a través de las nubes y le decía bájate, bájate. Estás bien, bájate, bájate. Ahí aterrizó el Kfir. De ahí nos dimos cuenta y descubrimos que los peruanos no tenían el misil súper 530. No tenían ni siquiera el Magic II que teníamos nosotros. El avión era muy superior, pero los misiles no. Eso nos dimos cuenta esa noche.

$!El entonces capitán Carlos Uzcategui, era el número 2 del mayor Banderas ese 10 de febrero. Con su Kfir derribó uno de los Sukoi peruanos.

El combate del 10 de febrero de 1995

¿Qué pasó los días siguientes?

El siete no volaron. El ocho cambiaron a volar en el día. Entonces salíamos. Yo salí el nueve. Nos alertaban más o menos al mediodía. Casi siempre iban, bombardeaban y salían. Pero había nubes y no se les lograba ver. Teníamos que verlos para derribarlos.

Llegamos al 10 de febrero...

Ese día ya estábamos designados dos pilotos de Mirage y dos de Kfir para cuando haya la alerta. Y así sucedió. Me senté a las 12 en mi avión. Carlos Uzcátegui en el suyo. A las 12h30 llegó la orden. Salimos. Fuimos igualito que las otras misiones, pero de día y por suerte estaba casi completamente despejado. Llegamos al sector. Yo les detecto en mi radar, les engancho y les voy siguiendo y le aviso a Carlos. Llegó un momento que se me perdieron. Yo no sabía qué pasó. Le digo a Carlos, vamos hacia Coangos y me fui para allá. Me acuerdo clarito de que iba buscando ya no con el radar sino visualmente porque sabía que estaban por ahí. Les alcanzo a ver cuando salían de lanzar las bombas. Vi dos puntos a unas seis millas. Entonces le digo a Carlos tengo dos a la vista, él también los ve. Le digo radares standby para no delatarnos.

Íbamos acelerando, acercándonos y comienzan a engancharme a mí otra vez el Mirage 2000. Le digo a Uzcátegui me están enganchando y lanzábamos chaff y se cortaba un ratito el enganche y otra vez. Pero yo no me iba a evadir porque les tenía al frente y me seguía acercando. Ya cuando estaba como a una milla le veo la silueta del Sukhoi y disparó el misil, Uzcátegui le dispara al otro. Los dos eran echando humo negro. Pero no cayeron ni explotaron. Yo ya debía salir de ahí pero decía si salgo, a lo mejor estos logran virar y nos disparan. Le digo a Carlos, voy a entrar otra vez y me viro y lanzo el segundo misil. Ese misil le pegó en la mitad y explotó. Se paró en el aire y cayó. Yo hasta ahí vi y me salí.

Ahí Uzcátegui, le dispara al otro. Bajamos hasta el ras de los árboles para evitar a los Mirage 2000. Les evadimos, comenzamos a subir para cruzar la cordillera. Después supimos que los dos pilotos fallecieron en la selva. Regresamos y pensamos que iba a haber una represalia tremenda. Les derribamos tres aviones el mismo día. Nosotros los dos Sukhoi y un Kfir derribó un A-37.

$!Raúl Banderas: el piloto que derribó dos aviones peruanos en la Guerra del Cenepa y 'perdió el miedo para siempre'

¿Hubo misiones posteriores?

Después del diez ya no hubo ataques ni nada. Y nosotros tampoco atacábamos. La disposición del presidente Durán-Ballén era defendernos, no atacarlos.

Y en estos 30 años, ¿ha tenido algún contacto con algún colega peruano?

Algunos contactos. Estuve una vez allá de Comandante General invitado por el Comandante General del Perú. Me recibieron muy bien. Troté con unos oficiales en Lima. Me hicieron volar un avión de entrenamiento. La última reunión que tuve fue con el general Alfonso Artadi, hace tres años. Me contó que voló el 10 de febrero. Nos hicimos amigos. En el coctel, me decía que eran cuatro Sukhoi los que estuvieron y que él iba unas 20 millas adelante. Por eso yo no los vi. Conversando me dice: ´mi general, si usted me hubiera visto ese día, mi nombre ya estaría en una plaza en Lima´. Le dije: mejor que no sucedió.

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