La imagen de Christina Koch, la primera mujer astronauta en sobrevolar la luna en la misión Artemis II impresionó a Ximena. Ella tiene 19 años. Quisiera llegar al espacio, o diseñar las ecuaciones que permitan realizar vuelos seguros, pero su sueño se estrella con la realidad. Terminó el colegio. No encuentra oportunidades para seguir estudios universitarios. Su carrera depende del acceso a un cupo en un centro público de estudios superiores. Su familia no tiene recursos para una universidad privada, porque debe destinar todos los esfuerzos en que los dos hijos menores terminen el colegio.
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No es un caso aislado. Andrea tiene 23 años y un título universitario. Desde hace meses busca empleo; su familia no tiene ingresos suficientes para que siga una especialización. “A veces me deprimo y me pregunto si sirvo para algo. En mi casa me siento incómoda. Ayudo en lo que puedo mientras busco entrevistas de trabajo. Estudié mercadeo y he intentado crear mi marca en el mundo digital, pero se necesita plata para arrancar. No le puedo pedir a mi mamá, porque está concentrada en mis dos hermanos menores”.
Para ella es inevitable sentirse una carga en su hogar. Su caso no es único. Es parte del grupo que no estudia, no trabaja, ni se está preparando en alguna destreza para iniciar su vida laboral.
Las estadísticas invisibilizan las tragedias personales. En Ecuador prácticamente uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años está en la categoría Ni-Ni (no estudia ni trabaja).
Las mujeres son las más golpeadas por este problema. Según datos del Banco Mundial a 2023, el 26 por ciento de mujeres entre 15 a 24 se encontraba en esta situación. En contraste, el porcentaje de hombres del mismo rango de edad que viven en condiciones similares bordeaba el 11 por ciento.
La cifra de 2024, que es el dato más reciente, sugiere que la situación mejoró levemente entre los hombres, no así entre las mujeres jóvenes. El problema sigue intacto.
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“Un quinto de la población joven no trabaja y no estudia. El 80 por ciento sí tiene una actividad, pero prácticamente la mitad de este grupo se encuentra en la informalidad”, explica a Vistazo el experto Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del grupo Banco Mundial.
En su visita a Quito, en marzo, mantuvo reuniones con autoridades locales. Uno de los objetivos es impulsar planes de acción y programas que integren los ámbitos público y privado, para superar este problema nacional.
Fueron amigos desde la escuela. Los diez compañeros llegaron juntos al último año de secundaria. Pocos meses antes de graduarse en un plantel particular de Quito empezó la pandemia por Covid-19. Pasaron seis años desde la graduación. Dos de las siete mujeres aún no consiguen trabajo, aunque terminaron la universidad. De los tres hombres, dos consiguieron empleo; uno de ellos en el exterior. El tercero sigue estudiando, pero su familia costea sus estudios en el extranjero.
Este es un muestreo de lo que ocurre en los sectores de ingreso medio. Falta de oportunidades; fuga de cerebros. ¿Es Ecuador un país viable para los jóvenes?
La situación es más grave si se analiza el mismo grupo etario, de 15 a 24 años, en otras provincias y en estratos vulnerables. Ahí se vuelve visible la informalidad. Y aparecen otras realidades.
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Autoridades de Esmeraldas relataron cómo en ciertas zonas los departamentos de consejería estudiantil y las direcciones distritales de educación reportaron que los jóvenes acuden a clases armados. “Hay denuncias en que a los profesores les amenazan de muerte para que les pongan notas que les permitan pasar de año”.
En un estudio nacional, difundido en 2025 sobre reclutamiento de niños y adolescentes, se estableció que de un universo de tres mil encuestados en zonas críticas, el ocho por ciento admitió pertenecer a una banda.
A nivel general, casi el 28 por ciento de los encuestados afirmó que conocía a un miembro de bandas criminales. En Esmeraldas, específicamente, una cuarta parte de entrevistados reconoció que uno de sus familiares directos es miembro de un grupo delictivo.
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El informe fue elaborado en forma conjunta por investigadores de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF por sus siglas en inglés); el Observatorio Ecuatoriano del Crimen Organizado (OECO); el aval académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el programa Comunidades Seguras.
Entre el 10 y el 25 por ciento de los chicos encuestados dijo que se sentía insatisfecho con el lugar donde estudia. Los niños “se sienten inseguros en las escuelas”, han sido testigos de intimidación y violencia.
La falta de oportunidades de empleo y de estudios tiene múltiples causas. Una de ellas, la calidad de la educación.
Ecuador tiene una de las tasas más altas de la región en un indicador particular: pobreza de aprendizaje.
El 66 por ciento de niños de diez años no puede entender con claridad el contenido de un texto breve, según un informe del Banco Mundial.
Este indicador se enfoca en la lectura por tres razones, según la metodología del estudio del BM. La capacidad lectora es un indicador medible de la capacidad de aprendizaje.
La lectura es la puerta de acceso al conocimiento en otras áreas. Además, al comprender un texto se puede comprender otros niveles de conocimiento. “Leer y comprender es un prerrequisito para todos los tipos de aprendizaje. Por tanto, los niveles de lectura comprensiva pueden ser tomados como un barómetro del desempeño del sistema educativo”, según el estudio del BM.
Quien no comprende lo que lee tendrá dificultades en todas las materias, incluyendo matemáticas y ciencia, advierte el documento.
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El porcentaje de pobreza de aprendizaje en Ecuador es 14 puntos más alto que el promedio de la región de América Latina y el Caribe. Y es 33 puntos porcentajes más alto que el promedio de los países de ingreso medio-alto.
“Estas cifras son anteriores a la pandemia, la situación actual debe ser mucho peor”, advierte el experto del Banco Mundial Jaime Saavedra.
Casi dos años de planteles cerrados. Políticas de educación que no priorizan el desarrollo cognitivo. Esto va de la mano con niños de sectores marginales que tienen mayores dificultades de aprendizaje, por falta de nutrientes básicos en los primeros años de la infancia.
Educar a los niños los primeros años debe ser una prioridad nacional. Sin banderías políticas ni planes con tintes de campaña electoral.
Jaime Saavedra es director de Desarrollo Humano para América Latina del Banco Mundial. Es peruano, fue ministro de educación en su país. En entrevista con Vistazo, explicó los desafíos del país para enfrentar este fenómeno.
¿Por qué hay tanto joven que no estudia, ni trabaja en la región?
Hay un desencuentro entre las carreras que estudian por expectativa de la familia y las carreras que requiere la sociedad. Muchos jóvenes no llegan a bachillerato, o a concluirlo. Hay deserción, entre otras razones, por lo que llamamos pobreza de aprendizaje. Esto quiere decir que a los diez años de edad, los chicos no entienden un texto corto que leen. Esto empieza por la calidad de la educación primaria. Cuando termina la escuela el chico sabe leer, pero necesitamos que lea el texto, lo entienda. Cómo le vas a enseñar historia, matemáticas, cómo va a entender la realidad, esto sin hablar del pensamiento crítico. Este porcentaje en Ecuador es más alto que en la región. Este 66 por ciento debe haberse agravado en pandemia.
¿Este chico qué hará frente a la inteligencia artificial?
La IA es como un cuchillo. Un cirujano puede salvar una vida o alguien puede causar mucho daño si lo usa como arma. La IA define todo. En lo educativo veo al menos tres grupos. El segmento desconectado, sin acceso a internet, no está navegando esta ola y es un primer elemento de desigualdad. Está en mayor desventaja que antes de noviembre de 2022 cuando se popularizó la IA. El segundo grupo sí está conectado y accede a inteligencia artificial sin control. Le pide a la IA que le ayude a hacer su tarea. El proceso de aprendizaje en cualquier materia requiere esfuerzo, no hay aprendizaje sin esfuerzo, sin concentración. Cognitivamente, se vuelve dependiente de IA y eso es grave. Por eso, se debe invertir en capacitar a los educadores para que guíen a los estudiantes en el uso de la IA en el aula.
¿Cómo enfrentamos el desafío a nivel nacional?
La región es muy informal y Ecuador no es excepción en esta informalidad. Por eso debemos unir esfuerzos públicos y privados para lograr una educación de calidad.
También hay otro punto. Es la percepción de las familias sobre la necesidad de que los chicos estudien una carrera en la universidad. Son carreras que la sociedad no necesita.
Debemos impulsar una agenda prioritaria. Lo que se requiere es un sistema postsecundario que tenga universidades buenas, pero también que tenga una oferta muy heterogénea de carreras cortas buenas, de cursos cortos, que les garanticen el acceso al mercado laboral. Cursos cortos, que permiten armar un conjunto de competencias para el joven. Los países están volviendo a eso, a una oferta postsecundaria muy heterogénea, eso es lo correcto.
¿En Ecuador qué se está haciendo?
Debe crearse una oferta de buena calidad. Pero sí necesitamos alguien que certifique esa oferta, eso lo puede hacer el Estado. Para carreras técnicas y tecnológicas tiene que ser el Estado el que certifique, en coordinación con el sector privado, que es el que sabe cuáles son las calificaciones que necesita la empresa. Se necesita una colaboración público privada muy bien coordinada.
¿Estamos en esa ruta?
Se ha aprobado una ley de formación dual, es importante, contempla un período de formación y un período práctico en una empresa. Ahora, se diseña un programa entre el Banco Mundial y varios actores. Buscamos un plan que genere oportunidades de empleo para jóvenes en el sector privado. Necesitamos una estructura de incentivos que facilite y asegure que las entidades de formación garanticen calidad y pertinencia. En asociación con la empresa privada o gremios deben trabajar en forma coordinada. Los esquemas modernos de subsidio a la formación no contemplan pagar por joven capacitado, sino por joven capacitado y empleado.