Editorial

Transparencia

El Consejo Nacional Electoral asegura que no hay problema en sus sistemas para las próximas elecciones. La mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo. Desafortunadamente, una larga historia sobre irregularidades en los procesos electorales causa desconfianza en dicha institución. Hay varias denuncias penales sobre los resultados en las últimas elecciones de autoridades seccionales y miembros del Consejo de Participación Ciudadana pues se encontraron graves inconsistencias en numerosas actas del conteo de votos. Igualmente, el vicepresidente del mismo Consejo Electoral descubrió un centro paralelo dentro de la delegación de la provincia del Guayas, donde se llenaban actas a favor del No en las papeletas de la consulta popular. Paradójicamente, la denuncia no prosperó y el funcionario a cargo de la delegación ha vuelto a su cargo.

La desconfianza en la institución encargada de dar fe pública de los resultados electorales no es un asunto menor. Un candidato presidencial ha llegado a pedir que los militares tomen fotos de las actas en cada mesa, para evitar un fraude, un pedido difícil de concretarse. Expertos electorales, además, han mencionado que es necesario una auditoría al sistema informático, para asegurarse que existen los controles digitales que limitan los accesos internos o externos, para evitar que se alteren los datos. No basta la palabra de autoridades del CNE para creer que se han superado las deficiencias. El CNE debe ser transparente y demostrar cómo se han corregido las falencias y no ignorar las advertencias o argumentar que trabaja contra reloj, para que estas se ignoren. Siendo el voto el pilar donde se asienta la democracia, la confianza en los resultados asegura la legitimidad de los elegidos y por ende de las instituciones.

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