Alfredo Pinoargote

Sinceramiento

El sinceramiento de la economía nacional inevitablemente trae otros, sobre  quienes se benefician de la  situación actual y quienes obtienen  rédito político a futuro.
 
El gobierno actual obtiene gran  desgaste político por la impopularidad de una medida que nació antes  de dolarizar. Cuando el Ecuador tenía el sucre y el gobierno lo devaluaba frente al dólar, utilizado por el gobierno para importar combustibles  con dólares de las exportaciones de  crudo. Los beneficiarios eran múltiples, los usuarios del transporte público, la empresa privada en actividades productivas, el narcotráfico que  usa combustibles como precursores  químicos, algunos distribuidores con  generosos cupos clientelares que fugan hacia países vecinos, y algunas  actividades lícitas que no merecían  ni necesitan subsidio. En consecuencia, desmontarlo no es una operación simple que solo se hace con el  plumazo de un decreto, pero necesita  decisión, porque sino el momento  oportuno no llega nunca.
 
Y eso es lo hecho, el momento oportuno es ahora porque ya no  existe el subsidio. Entonces es necesario ajustar costos, beneficiarios  y receptores. Que ya estaban desde hace rato identificados por el gobierno anterior que jamás tomó la medida, por la antidemocrática reelección  indefinida alentada por el estado  candidato con sus Sobornos y Cohechos 2012-1016, que requería el subsidio para mantener una coreografía  de popularidad al fraude electoral de  la dictadura plebiscitaria.
 
Se debe fijar un precio justo al  pasaje del transporte público y compensar con liberación de aranceles  a transportistas de personas y de  carga, para no encarecer los productos de exportación y de consumo  doméstico. Pero con la auditoría  de contraloría para que no pesquen  a río revuelto los dirigentes de la  transportación, que se han entendido con todos los gobiernos chantajeados por la paralización del país.
 
Este sinceramiento económico  no tiene porqué afectar costos en  el mismo porcentaje que impacta  al precio del diésel, es decir que si  tanquear pasa de 50 a 110 dólares  no tienen que subir los precios del  pasaje y los fletes en un 100 por  ciento. Pues el costo del combustible  tiene su propio porcentaje de participación en el costo total, de mover  un bus o camión.
 
El costo político también se sincera, porque el desgaste lo paga el  gobierno actual mientras el beneficio lo reciben los próximos gobiernos, que gozarán de un presupuesto  con miles de millones de dólares  más. Esto permite mayor transparencia en prácticas políticas, para  que no haya siempre una oposición  vociferante para no perder popularidad mientras el país se beneficia  con la medida impopular. Pues esto  ha impedido avanzar a la república  sometida al secuestro carismático de  líderes autoritarios, que trataban a  sus diputados como siervos que solo  respondían a ellos y no al pueblo que  los elegía. Hoy Moreno, Lasso y Nebot, liderando las principales bancadas de asambleístas, deben dar  ejemplo de una nueva política.

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