Alfredo Pinoargote

Estibados

El contenedor de la gobernabilidad de la república  de papel, bien estibado  por el gatopardo, está listo  para el aforo de la misión técnica  del Fondo Monetario Internacional.  Específicamente para las bisagras  de plata, de los proyectos de ley, de  las reformas laboral y tributaria que  debe aprobar la Asamblea después  del receso legislativo, para que la  mesa le quede bien servida a los aspirantes a Carondelet.
 
Pues, así lo garantiza el trabajo de  hormiga ejecutado antes del receso,  donde destacan la censura a la intocable exministra de salud, censura y  destitución de la mayoría correísta  del consejo de participación, que posibilita el control de la nueva mayoría, estímulo a la bancarización con  ajuste de tarifas, y firma del acuerdo más seguridad para Guayaquil.
 
Como colofón se asegura el pago de  la deuda a la reserva bancaria, ante  la impaciencia de quienes estaban  esperando demasiado.
 
El país sigue su marcha pese a las  voces cataclísmicas que avizoran un  escenario similar al argentino, si no  se pone con ganas el pie en el acelerador de las medidas económicas, para  recuperar el equilibrio perdido. Pero  aquí no es Argentina, el gatopardo  ha dejado bien claro que él no quiere  la reelección como Macri. En consecuencia, no lo desvela despedirse  con un nivel bajo de popularidad  si él cumple con dejar puestos los  manteles y los cubiertos que solo la  fantasía puede proyectar como un  banquete para los líderes de la derecha. El uno con un pacto de siquiera  tres años, desde la primera vuelta  presidencial, que fue opacado por el  apretado resultado del balotaje final.
 
Y el otro encabezando un clamor  ciudadano que cree satisfacerlo o minimizarlo con una oposición de la  boca para fuera, o juicios políticos sin  censura a exfuncionarios, mientras  públicamente suscribe un pacto de  gobernabilidad con quienes considera  ilegítimos detentadores del poder.
 
Pero toda esa parafernalia pelucona se puede ir al carajo si insurge  en la carrera un aguafiestas electoral,  como en su momento fueron Abdalá  Bucaram, Lucio Gutiérrez o Rafael  Correa. Todo es posible, y si esto es  así quienes se pueden desvelar son el  que fue presidente por unas horas la  noche de la segunda vuelta presidencial, y el que está haciendo de dueño  del país sin que nadie se de cuenta.  Entre tanto, la denunciología en  afanoso galope no se concreta sancionando a los corruptos y recuperando  lo robado, como plebiscitariamente  ordenó la consulta popular 2018 que  perfumó de aroma de multitudes al  gatopardo y compañía.
 
Pero el machismo en la justicia  criolla, que ha hecho prevalecer a la  impunidad, intempestivamente se  ve desplazado por la proclamada paridad de género, con una Fiscal y una  Jueza que abren un paréntesis de esperanza para acabar con tanta impunidad, que a veces da la impresión de  ser una meta de la gobernabilidad. 

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