Alfredo Pinoargote

Ejecución

Una vez que el presidente Moreno ha decidido enfrentar la impunidad prevaleciente mediante la cooperación internacional  es preciso definir lo que procede en términos  de ejecutar esta lucha colosal contra el crimen  organizado, infiltrado en todos los meandros del  poder público. Hechos y no palabras, sentencias  en firme y no solamente denunciología, acción  judicial y no únicamente el lavamanos del escándalo insustancial. Todo depende de cómo se  conciba y estructure la comisión internacional  anti impunidad, que con expertos internacionales  independientes de intereses creados criollos –por  fin- viabilicen las acciones judiciales que sancionen a los corruptos y recuperen lo robado.
 
La médula espinal de esta cooperación es su  contenido, a fin de que todas las funciones del  Estado involucradas, Fiscalía, Corte Nacional,  Procuraduría, Contraloría y Asamblea Nacional,  hagan su parte para poner fin a la burla vergonzante de 260 determinaciones penales de Contraloría, con unas pocas formulaciones de cargos de  Fiscalía, y cero sentencias en firme de los jueces,  mientras la Policía allana las cavernas vacías de los  prófugos de cuello blanco.
 
La comisión internacional tendrá personería  jurídica y autonomía, su objetivo será asesorar  técnicamente a instituciones del Estado para  investigar y perseguir todos los delitos contra la  administración pública cometidos desde el 15  de enero de 2007 hasta el 24 de mayo de 2017,  denunciar a los servidores públicos que hayan  cometido esos delitos o entorpezcan su investigación, actuar como tercero interesado en todos los  procesos administrativos y penales que se instauren, seleccionar y supervisar a un equipo técnico  de investigación con profesionales nacionales y  extranjeros de probada competencia e integridad  moral. Factor fundamental es que su director ejecutivo sea designado por el secretario general de  Naciones Unidas, y que cuente con una secretaría  integrada por personal de expertos nacionales  e internacionales. Sin perjuicio de un directorio  compuesto de representantes de varias instituciones de la comunidad internacional.
 
Para que esta comisión funcione a cabalidad  es básico que sea autónoma de la Función Ejecutiva, que con una secretaría anticorrupción quiere  hacer creer que investigará al propio gobierno o  da espacio para pensar que armará persecuciones  contra oponentes y malquerientes.
 
Su financiamiento obviamente debe corresponder a la comunidad internacional afectada  por prácticas de competencia desleal con coimas,  sobreprecios y mala calidad en la ejecución de proyectos, más el aporte del Ecuador por supuesto.
 
En definitiva, una oportunidad histórica de  esta magnitud no debe agotarse en solo sancionar  corruptos y recuperar lo robado, con expertos  internacionales, sino en afianzar la reinstitucionalización del Estado secuestrado por el crimen  organizado. Esta es una tarea de proyección superior que se sustenta en una cirugía mayor, para  decepción de la industria de la impunidad.

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