Alfredo Pinoargote

Alianzas

El fundador del populismo, José María Velasco Ibarra, en respuesta al dominio liberal  y al bipartidismo liberal–conservador, dejó  como legado al constitucionalismo la creación del  Tribunal Supremo Electoral, cual función independiente del Ejecutivo que no solo que organizaba  elecciones sino que depositaba votos, los contaba y  proclamaba ganadores al estilo del PRI en México.
 
Pero siempre quedó como cabo suelto en el ejecutivo el Registro Civil encargado de elaborar el Registro Electoral de los padrones de votación. Sistema  que mantuvo la dictadura de Correa porque le convenía, dejando su Registro propio junto al Registro  Electoral de la más grande circunscripción electoral  de la República, Guayaquil, que con Registro Civil  municipal gana ininterrumpidamente desde hace  26 años todas las elecciones municipales con su  célebre modelo exitoso.
 
Esto ha permitido a Guayaquil sobrevivir a la  agresión centralista del Estado concentrador y erigir un poder político autónomo en la República unitaria del Ecuador. Esparciendo el modelo exitoso de  las alianzas electorales en el nuevo régimen electoral de la revolución ciudadana, que al hacer leña  a la partidocracia dio a sus huérfanos, los caciques  provinciales como astillas del gran leño, la oportunidad de crear como amebas movimientos provinciales. En eso también Guayaquil dio ejemplo de  sobrevivencia con Madera de Guerrero mientras el  PSC se desinflaba como globo de carnaval.
 
En 2019 el resultado de las elecciones seccionales arroja un resultado de regocijo general, sin  alianzas con los diablillos regionales no se llega a  Carondelet y el gran opcionado, por el momento,  es el líder del mayor grupo regional, Jaime Nebot, mientras el membrete del PSC solo sirve cual licencia de conducir.
 
Fundamento filosófico de este sistema es que  las ideologías no cuentan, pues existen, de tal forma que todos terminan juntos en el centro porque  lo que interesa es el paisito con su república gatopardista de papel, donde todo cambia pero nada  cambia. Cuando los líderes de la derecha proclaman  que las ideologías no cuentan, encaramados en los  escombros de la dictadura plebiscitaria de izquierda, es que ya no veremos a la derecha invencible,  peor a la derecha–derecha o a la derecha torcida,  sino a la derecha en cueros.
 
Por su parte en la izquierda se observa que con  apoyo del centro–izquierdista PRE, Sixto se impuso  a Nebot en 1992; que con apoyo de Pachakutik,  MPD y PRE, Correa venció a Alvarito y Lucio en  2006 y 2009. Que Pachakutik y Unidad Popular (ex  MPD), son los únicos en mantener un perfil ideológico de fidelidad a la Pachamama, mientras decenas  de grupos regionales salidos de ID y PSC corren sin  ataduras ideológicas. Sobresalen a nivel nacional  Democracia Sí de Gustavo Larrea, Centro Democrático de Jimmy Jairala; y Juntos Podemos de Paúl  Carrasco, quienes de frente se presentan como de  centro, mientras Alianza PAIS de Lenín Moreno está  centrado sirviendo la mesa con el FMI.

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