Dormir sin miedo y despertar sin angustia

lunes, 8 noviembre 2021 - 16:52
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    Me despierto, siento angustia. Desde la pandemia, no recuerdo una noche en calma, una noche de real paz. Actualmente, los ecuatorianos nos despertamos con noticias alarmantes de asesinatos, sicariatos, balas perdidas, viendo a un asalto como el pan de cada día. El asesinato de un niño de 11 años que salió a tomar helado con su familia, fue víctima de una bala perdida, el asesinato del mejor velocista de la historia del país, Álex Quiñónez, a sus 32 años, miles de casos diarios de asesinatos que no son tan públicos o visibles, la masacre de las personas privadas de libertad, me ha obligado a escribir esta columna y a pensar en que no callaré si nací gritando. Hoy los ecuatorianos gritamos por iras, desesperación, frustración y miedo. La vida con miedo no es vida. No puede ser posible que una mujer tenga pánico de manejar o caminar sola de noche, que no podamos sentirnos seguros de que nuestros hijos vayan en bus o en taxi, que no podamos dormir si alguien de la familia sale porque tenemos miedo a la inseguridad en la cual estamos sumidos.

    Siento real angustia porque lo vivido en las masacres de las cárceles debe ser muy parecido al infierno. De niña me asustaba ver en la majestuosa Iglesia de la Compañía el cuadro del infierno. No podía dormir. Seguramente, a muchos de ustedes les pasó eso. Ese cuadro es solamente el abrebocas para las imágenes dantescas, espeluznantes, escalofriantes que reflejan el real infierno de las cárceles. Necesitamos dos dedos de frente para darnos cuenta que hay una correlación entre todo lo que está sucediendo en nuestro país. Yo no dejo entrar a mi casa a delincuentes, Ecuador es mi casa, no quiero que dejemos entrar a delincuentes a nuestra casa.

    Este tema polémico y complejo de presupuesto y políticas públicas tiene su propio Ministerio, entidades y expertos, no hay una sola solución, sin embargo, como educadora debo hacer hincapié en la importancia de la educación en la disminución de la delincuencia y la criminalidad. Un pueblo educado se nutre de valores, consigue trabajo honesto y ahuyenta al crimen de su vida. Pero, esto es un círculo virtuoso o vicioso en el cual el ejemplo viene desde los mandatarios y este país ya no quiere un escándalo más, quiere honestidad, quiere transparencia. Dejemos de tener planes pomposos y gastos innecesarios si la herida de la inseguridad está abierta. Lo más importante es trabajar incansablemente en cuatro pilares básicos de prosperidad: salud, seguridad, educación y empleo. Esto es un asunto de todos.

    Como dijo la escritora francesa Françoise Sagan (1935-2004): “La felicidad para mí consiste en dormir sin miedo y despertar sin angustia”. Los ecuatorianos merecemos este tipo de felicidad, cero tolerancia a la inseguridad... ya no más.

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