Ecuador se adentra en el 2026 en una encrucijada crítica. El rebote económico que nos permitió sortear la recesión del 2024, parece haber alcanzado su techo estructural.
Este impulso sostenido por el desempeño del sector exportador, que logró un hito de 37 mil millones de dólares en ventas, y seguido por una reactivación del consumo interno en 2025 y de la construcción en meses recientes, amenaza hoy con extinguirse.
Si no pasamos de vivir de rebotes a producir con eficiencia, seguiremos estancados en una economía que no crece y que asfixia a los negocios y a las familias.
LEA TAMBIÉN: ¿Usuarios o rehenes? El imperativo de regular la 'Adolescencia Digital'
A pesar de que las cifras de ventas del SRI sugieren dinamismo, la realidad del bolsillo es distinta. El crecimiento real del gasto de consumo de los hogares, estimado por el Banco Central, cayó drásticamente del 5% en el tercer trimestre de 2025 a apenas el 1% al cierre del año. Esta frenada sugiere una estructura estresada: hoy, el 58% de los adultos debe recurrir al endeudamiento para cubrir sus gastos básicos, y esa incapacidad de pago empieza se refleja con cada vez más fuerza en la cartera de algunas instituciones financieras..
A diferencia de las economías con moneda propia, donde los desequilibrios pueden llevar a procesos inflacionarios por exceso de demanda, en una economía dolarizada el sistema "se quema" por la falta de mejoras en los ingresos de los hogares. Ante la falta de liquidez, la actividad alta de las familias se sostiene entonces sobre cada vez más deuda que ya no pueden pagar, asfixiando sus flujos de caja, y eventualmente también los de las empresas.
Esta situación configura una paradoja compleja: mientras los indicadores oficiales proyectan una imagen de estabilidad y orden fiscal, la economía real (la de los hogares y los productores) es incapaz de generar ingresos suficientes para sostener el ritmo de sus obligaciones financieras frente al costo de vida al alza, los impuestos y el asedio de la delincuencia.
LEA TAMBIÉN: Ecuador y Estados Unidos: El sabor agridulce de un acuerdo esperado
El fin del rebote reside en una falla de origen: el endeudamiento no creó valor suficiente. Nos endeudamos para mantener el nivel de vida, pero sin suficiente inversión productiva, ni rentabilidad, ni empleos. Sin proyectos de crecimiento relevantes, enfrentamos un "efecto tijera": los dólares salen para pagar las deudas del pasado y para importar bienes justo cuando las exportaciones muestran señales de fatiga.
En el bimestre diciembre 2025-enero 2026, las exportaciones crecieron tan sólo 2,6%, una caída importante frente al crecimiento del 12% y el 8,5% del 2024 y 2025, respectivamente. Las importaciones en cambio, que se contrajeron el 4,5% en el 2024, crecieron el 13,7% en el 2025.
Superar la "quema" del sistema requiere una política de desarrollo con proyectos concretos que devuelvan la liquidez a los bolsillos de quienes producen. Para no estancarse, el Ecuador necesita invertir al menos 3.000 millones de dólares por año para lograr duplicar sus exportaciones al 2032.
LEA: Gasolina Extra sube de precio: estos son los nuevos costos oficiales de los combustibles en Ecuador
El crecimiento no puede seguir dependiendo de la inercia, el marketing económico y los rebotes, sino de la creación de rentabilidad vía productividad y la expansión de la capacidad instalada que genere empleo genuino. El fuego del ajuste fiscal no se extinguirá solo con tributos; se apaga con una economía real que crezca por encima de su necesidad de endeudamiento.
El desafío de 2026 es transitar hacia un modelo de desarrollo donde el ahorro y la inversión real reemplacen al endeudamiento para gasto, y donde la liquidez vuelva a los bolsillos de quienes producen y consumen.