Condenan al responsable del accidente en el que murió Emiliano Sala

viernes, 12 noviembre 2021 - 15:12
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Tras la muerte del futbolista argentino Emiliano Sala a causa de un accidente aéreo en 2019, se siguió un juicio en contra del intermediario que organizó el vuelo. El pasado viernes 5 de noviembre se dio la sentencia que lo condena a 18 meses de prisión por contratar a un piloto, teniendo el conocimiento de que este carecía de la cualificación necesaria.

El 28 de octubre, luego de dos semanas de audiencia y de siete horas de deliberación, el jurado popular de un tribunal de Cardiff (Gales) declaró a David Henderson, de 67 años, culpable de imprudencia o negligencia susceptible de haber puesto en peligro el aparato.

Además, reconoció su culpabilidad por trasporte de un pasajero sin autorización válida para ello. Después había sido puesto en libertad.

Su defensa indicó que considera recurrir la sentencia.

El pequeño avión privado a bordo del cual se hallaban el jugador de 28 años y el piloto David Ibbotson se hundió en el canal de La Mancha el 21 de enero de 2019. El delantero del Nantes francés iba a unirse al Cardiff City, por el que acababa de fichar por 17 millones de euros (19,4 millones de dólares).

El cuerpo del jugador, cuya desaparición conmocionó al mundo del fútbol, fue recuperado del interior de la aeronave más de dos semanas después del accidente, a 67 metros de profundidad.

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El cuerpo del piloto, de 59 años, no fue encontrado.

Según la versión de la acusación durante el proceso, el acusado debía pilotar el aparato en un primer momento, pero al encontrarse de vacaciones en París con su mujer confió el transporte a David Ibbotson. Este último carecía de licencia de piloto comercial, su cualificación para este tipo de aparatos había expirado y no tenía la competencia requerida para realizar vuelos nocturnos.

Presentando mensajes de texto a la audiencia, el fiscal Martin Goudie acusó al intermediario de haber actuado "por su interés económico" y de ser conocedor que el piloto no estaba cualificado: "Ignoró ciertas exigencias (de seguridad) cuando ello le venía bien, a él y a sus intereses comerciales".

"PAPELEO"

La propietaria del Piper Malibu, Fay Keely, indicó en su declaración que había pedido explícitamente por escrito al acusado que no recurriese a los servicios de David Ibbotson.

La defensa de David Henderson había sin embargo rechazado cualquier "imprudencia", afirmando que las faltas de su cliente consistían "simplemente (en) una cuestión de papeleo" y que no habían conducido a poner realmente el vuelo en peligro.

Además había asegurado que la única diferencia entre una licencia comercial y privada consistía en la posibilidad de hacer pagar a los pasajeros, sin que ello incidiese en las capacidades del piloto, que contaba con más de 3.500 horas de vuelo en su historial.

Afirmando considerar un recurso, el abogado de Henderson, Andrew Shanahan, reveló que las autoridades de la aviación civil "siempre aceptaron" el hecho de que la organización del vuelo por sí misma no fue la causante del accidente, y que el aparato tenía el mantenimiento correcto, "sugiriendo" su informe un fallo del avión.

En su informe definitivo publicado en marzo de 2020, la oficina de investigación británica de accidentes aéreos había estimado que el piloto fue "probablemente" intoxicado con monóxido de carbono por el sistema de escape del motor.

Sus conclusiones fueron que el piloto perdió el control del aparato durante una maniobra realizada a una velocidad demasiado elevada, "probablemente" destinada a evitar el mal tiempo. El avión iba a 435 km/h en el momento del impacto con el agua, no dejando ninguna opción de sobrevivir.

"Los vuelos comerciales ilegales comportan un importante riesgo para la seguridad y es lo que refleja la decisión del tribunal", reaccionó este viernes la Civil Aviation Authority.

Los restos mortales de Emiliano Sala fueron repatriados en febrero de 2019 a Argentina.

Padres, amigos, representantes del Nantes (su anterior club) y Cardiff, entre otros, acudieron a rendir el último adiós al delantero en Progreso, la localidad argentina de 3.000 habitantes en la que creció.

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