¿Qué tan preparado está Ecuador ante un posible terremoto?

viernes, 19 febrero 2021 - 09:13
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América Latina es una de las zonas con más altos niveles de sismicidad en el mundo, sobre todo porque forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, en donde se concentran zonas de subducción importantes, lo que ocasiona mayores niveles de actividad volcánica y sísmica.
 
De hecho, el U.S. Geological Survey Earthquakes (Servicio Geológico de Terremotos de Estados Unidos) estima que alrededor del 90% de terremotos del mundo y el 80% de sismos más grandes se producen en el cinturón
 
Precisamente, en esta zona se encuentra Ecuador, país en donde han ocurrido sismos de alta magnitud a lo largo de la historia, como por ejemplo el terremoto del 2016 con epicentro en las parroquias de Pedernales y Cojimíes, provincia de Manabí. El evento tuvo una magnitud de 7.8 grados y se considera uno de los más fuertes y devastadores.
 
Mónica Segovia, jefa del Área de Sismología del Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional, explica que, si bien Ecuador tiene actividad sísmica alta, esta no es comparable a lo que sucede en otros países de la región como Chile, donde se han evidenciado terremotos de grandes magnitudes.
 
La actividad sísmica en la región está relacionada al proceso de subducción, la placa oceánica de Nazca se mete bajo la placa Sudamericana, este contacto genera deformación en forma de sismos.
 
“Nosotros tenemos una actividad sísmica relacionada con el fenómeno de subducción, pero registramos menos sismos y de magnitudes más pequeñas”, anotó Segovia.
 
En 2020, el Instituto Geofísico contabilizó alrededor de 4.500 sismos de varias magnitudes, en su mayoría leves. Mientras, en 2021, se han registrado algunos, el más reciente ocurrió este 18 de febrero, en la provincia de Zamora Chinchipe con una magnitud de 5.20 grados en la escala de Richter.
 
La jefa del Área de Sismología manifiesta que no existe periodicidad en los temblores de menor magnitud registrados este año, han sido aleatorios, “tenemos sismos todos los días, es normal, pero la mayoría de estos no son sentidos por la población”.
 
ZONAS MÁS PROPENSAS A SISMOS
 
Si bien no se puede predecir cuándo sucederá un terremoto, ni tampoco su magnitud, sí es posible saber dónde se esperan estos eventos naturales. Mónica Segovia explica que la zona del norte de Cojimíes y otras localidades de Esmeraldas no han liberado energía sísmica en los últimos años.
 
“Hay evidencia de que en esta zona se está acumulando bastante energía y que en algún momento se va a liberar en forma de sismo”, dijo Segovia, quien añade que no se puede saber si ocurrirá un sismo grande, porque eso dependerá del área de ruptura de la placa.
 
Esmeraldas no ha vivido un terremoto de alta magnitud desde los eventos de 1906, 1958 y 1979, eventos telúricos que vinieron acompañados de tsunamis. Desde entonces, la población ha pasado de 75.407 habitantes (según el censo de 1950) a más de 534.092, según el censo del 2010.
 
En la Sierra hay algunas zonas que están atravesadas por fallas tectónicas, que se mueven constantemente. Por ejemplo, en Quito, existe un sistema de fallas de 60 kilómetros de largo que se extiende desde el sector de Amaguaña hasta el norte en San Antonio de Pichincha.    
 
En esta zona se ha calculado que podría ocurrir un sismo de alrededor de siete grados, si se mueve toda la falla. Sin embargo, la experta en sismología Mónica Segovia, manifiesta que no se espera que se mueva toda la falla, pero sí algunos segmentos.
 
Históricamente, tampoco hay registros de terremotos de alto grado en Quito, los más grandes han sido los de 1990 y 2014, con magnitudes de hasta 5 grados.
 
Tras el terremoto del 2016, varias zonas de la provincia de Manabí quedaron bajo ruinas.
 
¿EL ECUADOR ESTÁ PREPARADO PARA UN SISMO?
 
Teniendo en cuenta los antecedentes mencionados y sobre todo comparando la realidad del 16 de abril del 2016, cuando sucedió el último sismo de alta importancia en Ecuador, ¿está el país preparado para afrontar un evento de esa misma o mayor magnitud?
 
Rommel Salazar, Director General del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (Sngre), mencionó que a partir del suceso de 2016 se han implementado diferentes estrategias y planificaciones para estar listos.
 
“Es muy difícil que el 100% de la población esté preparada ante un sismo, pero estamos constantemente planteando estrategias y escenarios con todas las instituciones: municipios, juntas parroquiales y prefecturas, a quienes ofrecemos capacitaciones”, señaló Salazar.
 
El Gobierno ha trabajado en algunas fases de prevención para mitigar las consecuencias de un terremoto, como la implementación de la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC), que controla la edificación de viviendas sismorresistentes, así mismo, no están permitidos asentamientos en zonas peligrosas.
 
Sin embargo, Salazar admite que hay poblaciones que siguen construyendo con elementos antitéticos. Comenta que en una localidad encontraron que la ciudadanía construía con arena de la playa, lo que pone en riesgo tanto a la vivienda como la vida de las personas.
 
Por ello, “hemos venido trabajando con las autoridades locales”, dice el funcionario, “la responsabilidad es compartida con los municipios, con los constructores y con las mismas comunidades”.
 
De su lado, Cristhoffer Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos, comentó que si bien se han hecho avances en la normativa, no se ha logrado controlar los asentamientos irregulares o construcciones hechas con materiales poco resistentes.
 
“En los casos de Muisne, Jama, Chone, Pedernales y Jaramijó, el nivel de vulnerabilidad es muy alto, no hay una estructura para reducir los impactos negativos que dejó el evento sísmico del 2016, tampoco se han asegurado viviendas”, puntualizó Velasco.
 
De hecho, el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (MIDUVI) evaluó en 2014 que existen aproximadamente 2,8 millones de ciudadanos localizados en asentamientos precarios e irregulares. Además, hasta 2013, se calcula que hay un aproximado de 37.064 hogares localizados en zonas de amenazas no mitigables, protegidas y/o declaradas no habitables.
 
“Son zonas con pobreza, los materiales con los que se construyen sus viviendas no son los más adecuados y tampoco pueden tener un profesional de la construcción que esté guiando esa edificación”, señaló Velasco.
 
Agrega que falta un plan de uso y gestión del suelo en zonas de riesgo, actualizar el catastro urbano y rural de los 221 municipios, aseguramiento de viviendas promovido por los municipios y controlar la informalidad de la construcción.
 
Pero no solo es un problema de la Costa, en Quito por ejemplo, el Instituto de la Ciudad contabilizó que hasta el 2019 el 70% de las construcciones eran informales.
 
En 2016 se evidenció que Ecuador no estaba preparado, ni con lo básico, para afrontar un sismo de alta magnitud.
 
SIMULACROS SISMOS
 
El Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias realiza cada 31 de enero un simulacro de tsunamis en las seis provincias del perfil costero, pero también organiza fechas para efectuar simulacros por inundaciones y sismos, aunque no son constantes.
 
Además, el ministro Rommel Salazar, comentó que existe un sistema de alerta temprana con 178 sirenas en las provincias de Manabí, Santa Elena, Guayas, El Oro y Galápagos, lo que permitirá alertar a la población en caso de un tsunami.
 
Agrega que se han hecho capacitaciones a grupos de bomberos pequeños con el apoyo de la Embajada de Francia y capacitaciones a cerca de 500 rescatistas.
 
Pero, aún falta concientizar a la ciudadanía sobre los puntos seguros, tener una mochila de emergencia y planes comunitarios para actuar luego del desastre.
 
Así lo confirma, Cristhoffer Velasco, Especialista en Sostenibilidad y Planificación Territorial, “hay una falta de educación importante, vemos que la comunicación con la población no ha sido tan efectiva, se han hecho esfuerzos en el tema de tsunamis, pero también deberían alinearse con los sismos dentro del continente”.

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