El costo
En mayo de 2008, cuando se aprobó el Tratado Constitutivo de la Unasur, se designó como sede permanente de la Secretaría General a Quito, y del Parlamento Sudamericano a Cochabamba, Bolivia. Después de Néstor Kirchner, quien fungió como Secretario General de Unasur por seis meses, en mayo de 2011 tomó el mando la excanciller colombiana María Emma Mejía, quien diseñó el sistema de aporte de cuotas de los países miembros.
El presupuesto 2017 que Unasur publica en su web es de 10,8 millones de dólares. El mayor aportante anual es Brasil, con 4,2 millones; le sigue Argentina con 1,8 millones; Colombia y Venezuela aportan 1,2 millones. Chile y Perú constan con 788 mil dólares cada uno. Ecuador aporta 400 mil dólares y los países más pequeños, como Bolivia, Paraguay y Uruguay aportan alrededor de 120 mil dólares.
Pero si además de los aportes anuales se suma la infraestructura, Bolivia y Ecuador son los que más dinero han puesto. En San Benito, Bolivia, se levantó el Parlamento de Unasur a un costo de 65 millones de dólares. Está listo desde 2016, pero su amplio centro de convenciones y suites presidenciales aún esperan presidentes que los ocupen.
Ecuador ha entregado unos cuatro millones en cuotas anuales a Unasur pero además invirtió 56 millones en el edificio de Quito y en la regeneración urbana de los alrededores. El Ministerio de Relaciones Exteriores que lideraba Ricardo Patiño, justificó esta construcción en un estudio que indica que la “limitada capacidad de consolidación del proceso de integración de Unasur”, se resolvería con una sede acorde a sus grandes objetivos.
Del gasto anual de Unasur, el rubro más alto es el de salarios: se asignan 3,4 millones para 54 funcionarios. El secretario general percibe 285 mil dólares al año, y su jefe de gabinete gana 130 mil dólares anuales. El colombiano Yuri Chillán, quien fue jefe de gabinete de Samper, se mantiene en su cargo aunque su única función el último año ha sido ordenar gastos y pagos. A los “servicios generales”, que incluye mantenimiento del edificio, se destinan 2,8 millones de dólares al año.
Amigos de Chávez
La Unasur ha celebrado consejos de Ministros de Defensa y de Salud, ha enviado misiones de acompañamiento electoral, pero el defecto congénito del organismo, por el que perdió credibilidad, fue la afinidad con el régimen venezolano.
Entre 2012 y 2014 ocupó la Secretaría General de Unasur el venezolano Alí Rodríguez Araque, quien había sido ministro de Energía, de Finanzas y canciller de Hugo Chávez, y presidente de la petrolera estatal PDVSA. En 2013, cuando Nicolás Maduro ganó dudosamente las elecciones, la Unasur llamó a reconocer los resultados.
En agosto de 2014, Rodríguez pasó la posta de la Unasur a Ernesto Samper Pizano, controvertido político colombiano que fue acusado de recibir financiamiento del narcotráfico para su campaña presidencial y a quien el gobierno de Estados Unidos le había cancelado la visa en 1996. Ya como secretario general de Unasur, Samper pudo viajar con pasaporte diplomático 20 años después de no haber pisado Washington.
Esteban Santos, catedrático de relaciones internacionales de la UDLA, destaca que durante la escalada de violencia en Venezuela, la Unasur de Samper se limitó a rechazar las sanciones de Estados Unidos y a promover un diálogo que nunca se concretó y que más bien le sirvió a Maduro para ganar tiempo. Unasur cuenta con una herramienta que permite suspender a un estado miembro y adoptar sanciones diplomáticas “en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático”, pero ha resultado inútil en el conflicto venezolano.
Ante la parálisis de Unasur, en agosto del año pasado, 12 países se organizaron por su cuenta y formaron el Grupo de Lima, que no incluye a Ecuador, para mediar en Venezuela.
En Cochabamba, Bolivia se levantó el Parlamento Unasur, de 65 millones de dólares, nombrado en honor a Hugo Chávez. No ha sido posible convocar a los presidentes de Unasur para inaugurarlo.
“La Unasur nació en una época de bonanza económica con ideales de la izquierda revolucionaria”, dice Santos. “Pero ahora está claro que los acuerdos económicos como la Alianza del Pacífico y el Mercosur son la vía de integración, ¿entonces de qué nos sirve la Unasur?”, pregunta Santos.
Latinoamérica tiene una larga lista de organismos de integración, como la CELAC, ALBA y CAN, que han ido perdiendo importancia gradualmente. Pero la Unasur será difícil de olvidar para los ecuatorianos, y para los bolivianos, por esos modernos edificios a los que quizá pronto haya que buscarles un uso.
ENTRELÍNEAS
“El colapso de Unasur tiene mucho que ver con Venezuela”
Mariano de Alba, abogado venezolano experto en derecho internacional y relaciones internacionales, director asociado del centro para América Latina Adrienne Arsht, del Atlantic Council, con sede en Washington.
¿Qué tanto pesa en la agonía de Unasur que no haya podido concretar un diálogo en Venezuela?
El colapso de Unasur tiene mucho que ver con Venezuela. La crisis en Venezuela exacerbó las diferencias entre sus países miembros, y en el año 2017 la mayoría de ellos tuvo una posición muy crítica hacia lo que estaba ocurriendo y la conducta del gobierno. Al mismo tiempo la institución no gozaba de gran confianza, pues Ernesto Samper no era percibido como una persona independiente que pudiera mediar o colaborar entre gobierno y oposición en Venezuela, sino más bien como un firme aliado del gobierno.
¿A Samper se lo vio siempre como un aliado del gobierno venezolano?
Sí. Desde su nombramiento fue percibido como un secretario general que otorgó demasiado peso a la posición del gobierno venezolano y no le exigió que diera muestras concretas de rectificación en momentos claves.
Esto incluso fue así más allá del ámbito político. Unasur, conjuntamente con un grupo de expertos, preparó una propuesta de reformas económicas a solicitud del gobierno, ya que en el año 2014 ya era evidente la crisis económica que se estaba gestando. A pesar que Unasur y el grupo de expertos transmitieron la propuesta, el gobierno nunca la adoptó por diferencias internas.
Samper hizo gestiones tratando de impulsar a la Unasur como la organización internacional que podía servir de mediador en la crisis política en Venezuela. Pero a diferencia del Vaticano, Samper nunca le exigió al gobierno que cumpliera con lo que había prometido en las conversaciones y tampoco que respetara las garantías democráticas. Esto agravó la crisis.
Cuando se forma el Grupo de Lima, en agosto de 2016, para condenar la ruptura del orden democrático en Venezuela, ¿ahí se aceptó tácitamente que Unasur ya era inútil?
Claro. El Grupo de Lima es una consecuencia de la inutilidad de Unasur, pero también de la imposibilidad de llegar a un acuerdo en la OEA. Ese grupo básicamente surge porque los países más influyentes de la región se dan cuenta que en la OEA no iban a lograr avanzar en la presión por la democracia en Venezuela.
Unasur no publicó su presupuesto de este año ni presentó un informe de labores ¿es esto irregular para un organismo multilateral?
Por supuesto. Sin la debida transparencia es muy difícil que los gobiernos tengan confianza en esos organismos y continúen apoyando sus labores.