Nacional

La agonía de Unasur

La Unión de Naciones Sudamericanas cumplió en 2018 un año sin Secretario General y sin credibilidad por alinearse con el chavismo. Ecuador y Bolivia construyeron costosos edificios cuya utilidad está en duda.
 
A doscientos metros de la Mitad  del Mundo se levanta un imponente  edificio plateado y negro,  una obra de arquitectura escultórica  cuyos bloques volados desafían la gravedad.  El arquitecto ecuatoriano Diego  Guayasamín, premiado por este diseño,  quiso evocar la libertad y dar la impresión  de que el edificio alza vuelo.
 
Pero el organismo internacional para  el que se construyó el edificio, la Unión  de Naciones Suramericanas (Unasur),  lejos de volar, agoniza en la inactividad.
 
Desde enero de 2017, cuando dejó el cargo  el expresidente colombiano Ernesto  Samper, la Unasur no tiene secretario  general. Justamente la figura del líder y representante legal, quien puede hacer recomendaciones a los países, mediar  en conflictos y emitir resoluciones, está  vacante. Gran parte de las oficinas están  desocupadas, y sus amplias salas de sesiones  con tecnología de punta y pantallas,  sistemas de audio y salas de prensa,  se abren para contados eventos.
 
Hasta el expresidente Rafael Correa,  quien inauguró este edificio en 2014, lo  acepta: la Unasur ya es un mero “formalismo”.  Lo dijo en una entrevista con el  diario argentino Página 12. Pero es un  formalismo que le costó al país 60 millones  de dólares y que el actual gobierno  aún impulsa. La canciller del Ecuador,  María Fernanda Espinosa, realiza “intensas  consultas” para la pronta designación  de una persona que ocupe la secretaría  general de Unasur, según divulgó el organismo  en su cuenta en Twitter.
 
Luego de la salida de Samper, Argentina  postuló para el cargo al diplomático  José Octavio Borbón, pero Venezuela y  Bolivia votaron en contra y no se logró  la aprobación unánime de los 12 miembros.  Por esto, en diciembre el gobierno  de Mauricio Macri hizo pública su  “profunda decepción” por la marcha de  un organismo que “no produce ningún  resultado de los objetivos que se planteó”  y aceptó que está en estudio que  Argentina abandone Unasur. Además  está el detalle de que una estatua de  bronce de Néstor Kirchner, expresidente  argentino y primer secretario general de  Unasur, adorna el edificio en Quito, que  además lleva su nombre, y es precisamente  el ícono de la oposición de Macri.
 
El gobierno argentino “no puede solicitar  a sus pares regionales desbautizar el  edificio”, reflexiona una nota de prensa  argentina, “pero sí tiene la facultad de  abandonar al organismo, o buscar sacarle  peso político y diplomático”.
 
La Unasur, integrada por Argentina,  Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador,  Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay  y Venezuela, nació con ambiciosos  objetivos; la integración energética, industrial  y financiera de la región, la interconexión  vial y la cooperación comercial.
 
A la inauguración del edificio de Unasur en diciembre de 2014 acudieron nueve Jefes de Estado.
 
Su origen es la Comunidad Suramericana  de Naciones, un intento del Brasil de  Lula da Silva para unir el Mercosur y la  Comunidad Andina de  Naciones (la desaparecida  CAN), para lograr un  mercado común. Sin embargo,  “bajo la influencia  de Hugo Chávez, el hombre  fuerte del socialismo  de Venezuela, el grupo  cambió tanto su nombre  como su propósito”,  escribe Michael Reid en  The Economist. “Cambió su misión económica  a favor de una ‘cooperación política’.
 
Su objetivo más o menos explícito  fue desplazar a la Organización de los  Estados Americanos (OEA), cuya sede  se encuentra en Washington e incluye a  Estados Unidos”.
 
El costo
 
En mayo de 2008, cuando se aprobó  el Tratado Constitutivo de la Unasur,  se designó como sede permanente de la  Secretaría General a Quito, y del Parlamento  Sudamericano a Cochabamba,  Bolivia. Después de Néstor Kirchner,  quien fungió como Secretario General  de Unasur por seis meses, en mayo de  2011 tomó el mando la excanciller colombiana  María Emma Mejía, quien  diseñó el sistema de aporte de cuotas de  los países miembros.
 
El presupuesto 2017 que Unasur publica  en su web es de 10,8 millones de dólares.  El mayor aportante anual es Brasil, con 4,2  millones; le sigue Argentina con 1,8 millones;  Colombia y Venezuela aportan 1,2 millones.  Chile y Perú constan  con 788 mil dólares cada uno.  Ecuador aporta 400 mil dólares  y los países más pequeños,  como Bolivia, Paraguay  y Uruguay aportan alrededor  de 120 mil dólares.
 
 
Pero si además de los  aportes anuales se suma la  infraestructura, Bolivia y  Ecuador son los que más dinero  han puesto. En San Benito, Bolivia,  se levantó el Parlamento de Unasur a  un costo de 65 millones de dólares. Está  listo desde 2016, pero su amplio centro  de convenciones y suites presidenciales  aún esperan presidentes que los ocupen.
 
Ecuador ha entregado unos cuatro millones en cuotas anuales a Unasur pero  además invirtió 56 millones en el edificio  de Quito y en la regeneración urbana de  los alrededores. El Ministerio de Relaciones  Exteriores que lideraba Ricardo  Patiño, justificó esta construcción en un  estudio que indica que la “limitada capacidad  de consolidación del proceso de  integración de Unasur”, se resolvería con  una sede acorde a sus grandes objetivos.
 
Del gasto anual de Unasur, el rubro  más alto es el de salarios: se asignan 3,4  millones para 54 funcionarios. El secretario  general percibe 285 mil dólares al  año, y su jefe de gabinete gana 130 mil  dólares anuales. El colombiano Yuri Chillán,  quien fue jefe de gabinete de Samper,  se mantiene en su cargo aunque su única  función el último año ha sido ordenar  gastos y pagos. A los “servicios generales”,  que incluye mantenimiento del edificio,  se destinan 2,8 millones de dólares al año.
 
Amigos de Chávez
 
La Unasur ha celebrado consejos de Ministros  de Defensa y de Salud, ha enviado  misiones de acompañamiento electoral,  pero el defecto congénito del organismo,  por el que perdió credibilidad, fue la afinidad  con el régimen venezolano.
 
Entre 2012 y 2014 ocupó la Secretaría  General de Unasur el venezolano  Alí Rodríguez Araque, quien había sido ministro de Energía, de Finanzas y canciller  de Hugo Chávez, y presidente de  la petrolera estatal PDVSA. En 2013,  cuando Nicolás Maduro ganó dudosamente  las elecciones, la Unasur llamó a  reconocer los resultados.
 
En agosto de 2014, Rodríguez pasó  la posta de la Unasur a Ernesto Samper  Pizano, controvertido político colombiano  que fue acusado de recibir financiamiento  del narcotráfico para su campaña  presidencial y a quien el gobierno  de Estados Unidos le había cancelado la  visa en 1996. Ya como secretario general  de Unasur, Samper pudo viajar con pasaporte  diplomático 20 años después de  no haber pisado Washington.
 
Esteban Santos, catedrático de relaciones internacionales de la UDLA, destaca  que durante la escalada de violencia en  Venezuela, la Unasur de Samper se limitó  a rechazar las sanciones de Estados Unidos  y a promover un diálogo que nunca se  concretó y que más bien le sirvió a Maduro  para ganar tiempo. Unasur cuenta con una  herramienta que permite suspender a un  estado miembro y adoptar sanciones diplomáticas  “en caso de ruptura o amenaza  de ruptura del orden democrático”, pero ha  resultado inútil en el conflicto venezolano.
 
Ante la parálisis de Unasur, en agosto  del año pasado, 12 países se organizaron  por su cuenta y formaron el Grupo  de Lima, que no incluye a Ecuador, para  mediar en Venezuela.
 
En Cochabamba, Bolivia se levantó el Parlamento Unasur, de 65 millones de dólares, nombrado en honor a Hugo Chávez. No ha sido posible convocar a los presidentes de Unasur para inaugurarlo.
 
“La Unasur nació en una época de  bonanza económica con ideales de la  izquierda revolucionaria”, dice Santos.  “Pero ahora está claro que los acuerdos  económicos como la Alianza del Pacífico  y el Mercosur son la vía de integración,  ¿entonces de qué nos sirve la Unasur?”,  pregunta Santos.
 
Latinoamérica tiene una larga lista  de organismos de integración, como la  CELAC, ALBA y CAN, que han ido perdiendo  importancia gradualmente. Pero  la Unasur será difícil de olvidar para los  ecuatorianos, y para los bolivianos, por  esos modernos edificios a los que quizá  pronto haya que buscarles un uso.
 
ENTRELÍNEAS
 
“El colapso de Unasur tiene mucho que ver con Venezuela”
 
Mariano de Alba,  abogado venezolano  experto en  derecho internacional  y relaciones internacionales,  director  asociado del centro  para América Latina  Adrienne Arsht, del  Atlantic Council, con  sede en Washington.
 
¿Qué tanto pesa en la agonía de Unasur que no haya podido concretar un diálogo en Venezuela?
 
El colapso de Unasur tiene mucho  que ver con Venezuela. La crisis en Venezuela  exacerbó las diferencias entre  sus países miembros, y en el año 2017  la mayoría de ellos tuvo una posición  muy crítica hacia lo que estaba ocurriendo  y la conducta del gobierno. Al  mismo tiempo la institución no gozaba  de gran confianza, pues Ernesto Samper  no era percibido como una persona  independiente que pudiera mediar  o colaborar entre gobierno y oposición  en Venezuela, sino más bien como un  firme aliado del gobierno.
 
¿A Samper se lo vio siempre como un aliado del gobierno venezolano?
 
Sí. Desde su nombramiento fue  percibido como un secretario general  que otorgó demasiado peso a la posición  del gobierno venezolano y no le  exigió que diera muestras concretas  de rectificación en momentos claves.
 
Esto incluso fue así más allá del ámbito  político. Unasur, conjuntamente  con un grupo de expertos, preparó  una propuesta de reformas económicas  a solicitud del gobierno, ya que  en el año 2014 ya era evidente la crisis económica que se  estaba gestando. A  pesar que Unasur y  el grupo de expertos  transmitieron la propuesta,  el gobierno  nunca la adoptó por  diferencias internas.
 
Samper hizo gestiones  tratando de impulsar  a la Unasur  como la organización  internacional que podía  servir de mediador  en la crisis política en Venezuela.  Pero a diferencia del Vaticano, Samper  nunca le exigió al gobierno que  cumpliera con lo que había prometido  en las conversaciones y tampoco que  respetara las garantías democráticas.  Esto agravó la crisis. 
 
Cuando se forma el Grupo de Lima, en agosto de 2016, para condenar la ruptura del orden democrático en Venezuela, ¿ahí se aceptó tácitamente que Unasur ya era inútil?
 
Claro. El Grupo de Lima es una  consecuencia de la inutilidad de Unasur,  pero también de la imposibilidad  de llegar a un acuerdo en la OEA. Ese  grupo básicamente surge porque los  países más influyentes de la región  se dan cuenta que en la OEA no iban  a lograr avanzar en la presión por la  democracia en Venezuela.
 
Unasur no publicó su presupuesto de este año ni presentó un informe de labores ¿es esto irregular para un organismo multilateral?
 
Por supuesto. Sin la debida transparencia  es muy difícil que los gobiernos  tengan confianza en esos organismos  y continúen apoyando sus labores.

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