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La caída de Mangas

El exhombre fuerte de Carondelet, el  ecuatoriano-nicaragüense Eduardo Mangas,  explica la razón de su renuncia tras la  filtración de un audio donde sus palabras,  según él descontextualizadas, pusieron en
jaque la credibilidad del régimen.
 
El tsunami dejó una baja. El audio de una intervención reservada del secretario general de la Presidencia, Eduardo Mangas Mairena, ante un grupo de gobernadores, se filtró a través de las redes sociales. Doce días después, renunció a su cargo.
 
Vistazo lo encuentra en su departamento en Quito. Prepara apuntes que entregará a su sucesor, Andrés Mideros, quien –al inicio del gobierno de Lenín Moreno– asumió como secretario nacional de Planificación.
 
Mangas hizo un voto de silencio en tiempos de calma; lo mantuvo en la tempestad. Ahora, son otras las circunstancias. “Por respeto a la posición que cumplí, y por respeto al Presidente preferí no hablar. Con mi salida busco evitar especulaciones que pudieran afectar  a un gobierno que en seis meses logró gobernabilidad y paz interna”, explica.
 
 
La filtración del audio “Fue un acto ilegal. Como somos personas de paz, no hemos hecho escándalo alrededor del  espionaje, al montar un aparato para grabar una onversación privada, y difundir fragmentos para hacer daño”. Es cauto al ahondar en su intervención. “Diálogos he tenido por decenas, siquiera 40”.
 
El audio completo es revelador. Se lo escucha explicar a coidearios el contexto de las fricciones con la facción correísta. La alocución advierte que el grupo disidente  está próximo a conformar una nueva organización política.
 
Hay un tono de autocrítica cuando habla de errores en la última década. Remarca dos: primero, haber respondido  con prepotencia y necedad, frente a las demandas de sectores de la sociedad. ¿Segundo? La percepción de que el exmandatario y varias figuras de Alianza PAIS cerraban filas para defender al vicepresidente Jorge Glas, cuando las evidencias sobre casos de corrupción, especialmente Odebrecht, tomaban cuerpo.
 
“No había organización  de  mujeres con  la que no estuviéramos  peleados. Perdimos  legitimidad  por fallas en ciertas políticas y por prepotencia”.  Por ello resalta la urgencia del  diálogo con un límite: el interés particular  no puede estar por encima de la mayoría.
 
“Esto fue descontextualizado para deslegitimar  el diálogo, la consulta popular es  el resultado de meses de sistematizar las  demandas de distintos sectores”.
 
Cuando habla de los errores internos,  Mangas señala en el audio que “casi  perdemos” las elecciones. “Hablo de pérdida  en comparación con los procesos  anteriores”, aclara.
 
Paso al costado
 
Al renunciar, quiere diferenciarse de las  prácticas de la década anterior. Busca  defenderse sin el blindaje del poder.  Sigue siendo adherente (simpatizante)  del proceso político. 
 
De acaparar poder se le acusó los  casi siete meses que acompañó al presidente  Moreno. Desde fines de mayo,  fue clave en Carondelet. Reunió en una  sola figura las funciones de secretario  general de la Administración y de secretario  de la Presidencia. Era el equivalente  a un “Primer ministro”. También  representó al Ejecutivo en  los directorios de empresas  de petróleo.
 
En Carondelet se hablaba  de él como una figura  “Tanto o más poderosa que  Vinicio Alvarado en sus mejores  tiempos”. Ante la pregunta  esboza una sonrisa.  “No tengo vínculo empresarial;  ni interés político, ni  afán por protagonizar. Dos  días cada semana, he estado  en algún lugar del país supervisando  una obra, sin que nadie lo supiera; he  trabajado de 15 a 18 horas por día”.
 
“He diseñado un sistema de alertas  y seguimiento a la gestión del gobierno.  Apoyé al Presidente con profesionalismo.  Cada sábado recibe un listado de  temas pendientes para que la semana siguiente  pueda pedir correctivos. En seis  meses, se han solucionado problemas  graves pero simples de resolver, desde  el transporte escolar en zonas rurales,  hasta sincerar las fallas en la educación  superior, sin egos y sin prepotencias. No  hemos dejado de pagar un solo salario”.
 
Varias gobernaciones,  consultadas por Vistazo,  confirman que la política de  comunicación interna cambió.  Entrevistados coinciden  en que él fue el encargado de  apaciguar la tormenta política  que quiso desatar el expresidente  Correa, quien llegó  al país, sorpresivamente, a  fines de noviembre.
 
Por paradojas del destino,  años atrás, Mangas apoyó  el proceso político promovido por  Correa. Por eso, el excandidato Guillermo  Lasso cree que “el señor Mangas  declara que no hay ningún cambio, que  el diálogo es una estratagema para calmar  a la sociedad y que además, crearon  un frente anticorrupción para crearle un  contrapeso a la comisión anticorrupción  ciudadana que decía la verdad”.
 
“Soy ecuatoriano”
 
Los detractores de Mangas cuestionan  su origen nicaragüense y su militancia  sandinista. Critican que fue viceministro  en el gabinete de Daniel Ortega, en  2010, cuando ya tenía la nacionalidad  ecuatoriana. A Ecuador había  llegado poco antes; por su relación  con la actual canciller María Fernanda  Espinosa.
 
No reniega de su origen. “Pasé  mi infancia en medio de una guerra,  crecí en un hogar de clase media  baja”. A los 14 años, tomó una opción  política que él califica de “Socialista,  de izquierda y progresista”.
 
Hoy, a sus 44, sigue creyendo que  el rol del Estado es fundamental,  pero que “No se puede minimizar  el papel de la empresa privada, que  tiene derecho a ganar; aunque sus  ganancias nunca pueden ir en detrimento  de las mayorías”.
 
Su carrera despuntó en la Organización  de Naciones Unidas  (ONU), a la que se vinculó en 2001.
 
En 2008 fue jefe del gabinete de Miguel d’Escoto cuando éste – exsacerdote y excanciller– presidió la Asamblea General número 63 de la ONU. Ese año conoció a la entonces embajadora ecuatoriana ante la ONU, María Fernanda Espinosa.
 
“En 2006 volvió a gobernar el  presidente Daniel Ortega. Decidí  no regresar a Nicaragua y continuar  mi trabajo en Nueva York. Pero en  2009 renuncié a mi carrera para  venir a Ecuador por mi compañera  María Fernanda. Sin embargo, el  presidente Ortega me pidió colaborar  con él un tiempo antes de venir  a apoyar el proceso ecuatoriano,  por eso viajé con frecuencia entre  ambos países por un año”. “Tengo  cédula ecuatoriana, este es mi país  y el de mi familia”.
 
“No cabe hablar de traición”
 
¿Moreno aceptó que le impusieran la candidatura de Glas?
 
La decisión de la candidatura para la Vicepresidencia  la debía acoger el presidente  Moreno. La aceptó porque fue la propuesta  de Rafael, del equipo de Alianza PAIS  como grupo. Democrático como es Lenín,  lo hizo, a pesar de las dudas que existían,  eran meses de ataques en los medios.
 
¿No resultaron ser reales las denuncias de corrupción?
 
Varias de ellas resultaron ser ciertas  con el tiempo. Ese es el sentido de la conversación.  Eso a qué persona racional no  deja de asustarle.
 
¿Sospechaban de falta de transparencia?
 
El cuestionamiento real nos hemos hecho  a partir del 1 de junio, cuando estalló  el asunto de la vinculación del tío de Jorge  Glas con la empresa Odebrecht. El Presidente  decidió enfrentar de manera sincera  el flagelo. Se había politizado la lucha contra  la corrupción. Cuando el Presidente decide  que las funciones cumplan con su rol,  esa fue la primera medida para terminar  con la confrontación con el grupo de personas  que denunciaban con fines políticos.
 
Usted llegó al país a colaborar con Ricardo Patiño. ¿Es un traidor según Correa y Patiño porque se alineó con el ala morenista?
 
No hay ala morenista, sino un ala de  compromiso con el país y los orígenes del  proceso político. Crecí en un país en guerra;  aprendí que uno se compromete con los  procesos políticos, no con las personas. En  2016, desde Ginebra (donde acompañé  a Lenín Moreno en su función de enviado  para Discapacidades, porque yo sabía cómo  funciona el multilateralismo), él escribió una  carta explicando cada una de las medidas  que él propone. Es lo que ha hecho. Esa  carta la recibieron el equipo político y Doris  Soliz, entonces secretaria de AP. Así que de  traición no se puede hablar.

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