Una investigación en Nepal reveló una red de fraude que operaba en plena montaña Everest. Guías, empresas de helicópteros y directivos de hospitales habrían coordinado rescates falsos para cobrar seguros internacionales.
La estafa de rescates en Nepal no es reciente. El diario Kathmandu Post la expuso por primera vez en 2018. Tras esa publicación, el gobierno conformó un comité de investigación y se elaboró un informe de más de 700 páginas que se presentó al entonces ministro de Turismo, Rabindra Adhikari.
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Aunque se anunciaron reformas, como la eliminación de intermediarios y la responsabilidad legal de los operadores turísticos sobre sus clientes durante todo el viaje, esas medidas no surtieron efecto. En febrero de 2019, el mismo medio publicó un nuevo reportaje de largo aliento que volvió a evidenciar el esquema.
La investigación actual inició el 26 de septiembre de 2025, cuando un grupo ciudadano llamado presentó una denuncia. "Esto motivó la reapertura de expedientes que habían permanecido archivados durante varios años", destaca el medio.
En total, la Oficina Central de Investigación (CIB) documentó más de 300 evacuaciones simuladas entre 2022 y 2025. El caso derivó en 33 denuncias por crimen organizado y fraude. Hay 32 personas procesadas. Entre ellas, dueños de agencias de trekking, operadores aéreos y administradores de centros de salud.
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La investigación de la Oficina Central de Investigación (CIB), difundida por Kathmandu Post, identificó dos formas de simular una emergencia en la montaña.
La primera es apuntar a turistas que no quieren descender a pie de la montaña. En ese punto, algunos guías ofrecían una salida rápida y les proponían fingir síntomas para activar una evacuación en helicóptero.
La segunda modalidad es más fraudulenta. A partir de los 3.000 metros, síntomas leves del mal de altura como dolor de cabeza, mareo o disminución de oxígeno son más frecuentes. En condiciones normales, esto se controla con descanso, hidratación o descenso progresivo. Pero, según la CIB, guías y personal de alojamiento aprovechaban ese momento. Ellos exageraban el riesgo y atemorizaban a los turistas diciéndoles que podían morir si no evacuaban de inmediato.
En otros casos, incluso se inducían síntomas. La investigación documenta el uso de acetazolamida (Diamox) acompañado de una ingesta excesiva de agua para agravar el malestar. También se reportó al menos un caso en el que se mezcló levadura en polvo en la comida para provocar síntomas físicos.
Una vez activado el “rescate”, entraba en acción la parte financiera del fraude. Un solo helicóptero trasladaba a varios pasajeros, pero las aseguradoras recibían facturas individuales como si cada turista hubiera tenido un vuelo exclusivo. Así, un traslado de 4.000 USD podía convertirse en reclamos por 12.000, según información de Kathmandu Post .
Además, en los hospitales, los informes de alta llevaban firmas digitales de médicos sénior que no participaron en la atención, y en algunos casos sin su conocimiento. También se generaban registros de ingreso falsos para turistas que, en la realidad, podían estar incluso en la cafetería del hospital mientras supuestamente recibían tratamiento.
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La Oficina Central de Investigación (CIB) acusó a 32 personas por delitos contra el Estado y crimen organizado. Nueve de ellas fueron arrestadas; las demás se consideran prófugas.
Entre los acusados están operadores y empleados de tres compañías de helicópteros: Mountain Helicopters, Manang Air (hoy Basecamp Helicopters) y Altitude Air. También se presentaron cargos contra médicos y administradores de los hospitales Swacon International, Shreedhi International y Era International.