Heroína del Everest

lunes, 18 julio 2016 - 07:54
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Fotos Segundo Espín y cortesía

Algunos la tildarán de masoquista, otros de irresponsable pero Carla Pérez no es más que una mujer idealista que encontró a través del montañismo una razón de ser. No tiene ni carro ni casa pero a sus 33 años se trazó un camino que la llevó a querer coronar el Everest como si fuera una etapa de su vida. Son pocos los que llegaron a la cima del Everest con oxígeno, mucho menos sin el complemento de oxígeno adicional.

Lo que vivió Carla en sus 13 horas de ascenso es difícilmente creíble al saber que a 8.848 metros de altura, cada respiración provee menos de una tercera parte del oxígeno que al nivel del mar. Peter Hackett, fundador del Instituto de Medicina de Altitud en Telluride, Colorado, señaló para The Washington Post que sin oxígeno, el cuerpo se muere poco a poco y que la falta de oxígeno llamada hipoxia, maltrata el cuerpo. “Los músculos necesitan oxígeno y al respirar se requiere mucho esfuerzo extra. (…) El apetito disminuye, la sangre se espesa y la congelación puede atrapar el cuerpo en cualquier momento. Dormir resulta difícil porque llega menos oxígeno a los centros del sueño del cerebro y la falta de sueño y de oxígeno se combinan para afectar el pensamiento y el buen juicio”, acota Hackett.

“Los últimos 100 metros fueron muy duros. Físicamente estaba destruida, el cuerpo ya no quería seguir”, recuerda Carla. “Con mis células casi muertas seguía caminando recordando que tres años antes me había quedado a 200 metros de la cima por el frío y el viento que congelaban mi cuerpo. Traté de mantener la calma y surgió la motivación mental y espiritual. Fui más allá de mis límites por vivir ese momento que solo duró 20 minutos”.


Carla nació el 29 de diciembre de 1983. Se inició
en el montañismo cuando tenía 14 años. En 2014
fue la primera latinoamericana en conquistar el
Cho-Oyu, a 8.200 metros.

¿Cómo se siente al ser una de las seis mujeres que han logrado llegar a la cumbre del Everest?
Ser la primera latinoamericana en llegar a la cumbre del Everest sin oxígeno artificial no era mi motivación. Mi mayor motivación era la de lograr un sueño de vida para crecer y enriquecerme espiritualmente, un afán de motivar a otras personas.

¿Cuáles fueron sus principales limitaciones durante las 13 horas del ascenso?
Lo más duro durante la ascensión es el frío constante que te hace temblar sin parar, sobre todo cuando no te mueves. Lo segundo es el cansancio extremo al final de la ascensión, lo que constituye un enorme riesgo pues al bajar lo único que quieres es dormir pero sabes que si lo haces capaz nunca te despiertes. Es una lucha que va mucho más allá de la fuerza física es una cuestión muy mental.

¿En qué consistió su preparación antes del ascenso?
Casi 20 años de experiencia con más de treinta expediciones alrededor del mundo. Por recomendación de Iván Vallejo desde el año 2012 empecé a entrenar bajo la dirección del deportólogo Oscar Concha y mis entrenadores físicos Richard Arias y César Aulestia. Además de la ayuda de la psicóloga deportiva Liza Portalanza y mi terapeuta Pedro Quintanilla.

¿Cuánto tiempo estuvo en altura?
Llegar a la cumbre me llevó 65 días (acompañada por Esteban Mena). De ellos, 43 días permanecimos a más de 6.400 metros sobre el nivel del mar aclimatándonos  a las condiciones y luego de 13 horas de escalada sin parar llegamos a la cumbre (a las 11:00 del 23 de mayo pasado). Estuvimos en la cima durante 20 minutos antes de iniciar el descenso, que duró siete horas, con el objetivo de llegar al Campo 2 a 7.750 metros.


Hasta el mes de mayo, nadie había estado en
la cima del Everest durante dos años; debido
al terremoto catastrófico en Nepal que provocó
una avalancha que sepultó a 24 alpinistas en 2015.

¿Cuáles son los otros deportes que tiene que practicar previo a un ascenso tan demandante?
En mi caso mucho atletismo, ciclismo, gimnasio, escalada deportiva y sobre todo mucha montaña, subidas en cuestas.

Hace tres años había fallado pocos metros antes de llegar, ¿cómo lo logró esa vez?
Mi frase favorita: “El fracaso es la puerta a la oportunidad”, en efecto aprendí muchísimo de mi experiencia previa y me esforcé mucho por corregir cada uno de los errores cometidos en mi anterior intento. Gané mucha experiencia al fallar en el año 2013.

¿Cómo queda el cuerpo después de tantos esfuerzos?
Muy desgastado, el exponer el cuerpo a la falta de oxígeno implica mucho sufrimiento de los órganos, músculos y cuerpo en general. Pero en esta ocasión mantuve una muy buena hidratación y alimentación y eso marcó una gran diferencia en mi recuperación.

Compartió la hazaña con otros montañistas, ¿es importante evolucionar en grupo?
Compartí la expedición con Esteban “Topo” Mena, mi compañero de cordada y de vida. El sí logró la cima sin oxígeno en 2013, y nuestro sueño era estar juntos en la cima.

Cuéntenos alguna anécdota que le guste recordar del ascenso...
Algo que recuerdo con mucho cariño durante el ascenso y el descenso es que hubo muchos escaladores occidentales y sherpas que me demostraban su cariño y compartían buena energía al verme sin máscara de oxígeno. Muchos de ellos me daban palmadas en el hombro y palabras de aliento, sobre todo al amanecer, que era la hora más fría.

¿Cargaba algún amuleto con usted?
En un bolsillo de mi chompa tenía una estampita del Divino Niño que me dio mi abuelita y un escapulario budista que portó Iván Vallejo en los 14 ascensos que hizo en el Himalaya.

¿En el montañismo, hombres y mujeres son iguales ante la adversidad?
En Sudamérica nos educan con temores y nos dicen que el montañismo no es para mujeres. Esta conquista del Everest es un mensaje a todas, decirles lánzate, inténtalo. Hombres y mujeres sufrimos por igual, sentimos frío, cansancio, hambre, miedo de la misma manera. Y si bien los hombres biológicamente son más fuertes y aventados, las mujeres disponemos de una gran intuición y fuerza de voluntad para salir adelante.

¿Cuándo decidió dedicarse al montañismo?, ¿qué tiene esa disciplina que la hace tan adictiva?
Decidí dedicarme al montañismo cuando tenía cuatro años tras haber coronado el Pasochoa junto a mi padre, lo reconfirmé a los 13, y me metí de lleno al mundo de la montaña a los 25. Mi adición con esta actividad se basa en que me permite sentir mucha libertad y vivir experiencias enriquecedoras.

¿A quién dedica esta hazaña?
A mis padres, mis hermanos y a mi tío, Guillermo. Cuando nació sufrió de parálisis cerebral y yo crecí motivada en él entendiendo que yo tenía ese gran don de disfrutar de un cuerpo que está sano.

En Ecuador el “rey de las montañas” es Iván Vallejo, ¿qué tipo de relación mantiene con él?
A pesar de que yo ya practicaba montañismo al conocer a Iván en el 2009, él ha sido un gran maestro para mí en muchos aspectos, tanto compartiendo su experiencia de montaña como de vida. Es un gran amigo a quien debo mucho y le tengo infinita gratitud.

¿Cuál es su próximo reto?
Con Esteban soñamos hacer una ruta nueva en un ochomil. Esperamos el próximo año si encontramos el patrocinio volver a Nepal o Pakistán a escalar alguna montaña de más de ocho mil metros. Lo más próximo previsto es viajar a Perú y Bolivia a escalar.

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