Correa creó una nueva unidad de medida monetaria: equis cosa vale no sé cuántas escuelas del milenio, faraónicas construcciones reducidas a ser sus más apreciadas pirámides.
Empecemos por un test. El comentario “No sé en qué gastarme tanto dinero”, pudo habérsele escapado a: a) Un alto exdirectivo del fútbol latinoamericano; b) El papa Francisco; c) Un responsable del Festival Internacional de Teatro de Loja; d) Todas las anteriores. En interesante entrevista a Diario El Telégrafo, tras el cierre de Río Revuelto, portal de crítica y archivo de artes visuales, Rodolfo Kronfle describió algunas de las iniciativas culturales y artísticas de estos años de Alianza PAIS como “pirámides para un cacique”.
En el caso del Festival Internacional de Teatro de Loja se trataría más bien de una catedral destinada a aplastar y enterrar a los templos de los salvajes incivilizados (festivales de cada vez más bajo presupuesto y, por extensión, toda iniciativa independiente), aunque ellas y ellos, siguiendo la tradición de sus ancestros, buscarán sobrevivir aferrándose a la visión de la beatificada “iniciativa presidencial” como una oportunidad para seguir profesando su fe original.
La precariedad en la que se desenvuelve el trabajo de gestores y artistas independientes nos hace vulnerables, débiles, oportunistas, cobardes o bien padres y madres responsables. Interesan menos los adjetivos que los hechos sustantivos.
El más reciente: “No hay dinero/financiamiento para los EDOC”, el festival de cine documental de Cinememoria, referente nacional e internacional de cine arte, compromiso político, rescate de la memoria y reivindicación de los derechos humanos, la diversidad cultural y la potencia del audio visual por fuera del capital. Sí lo hay para un evento que significa, para la cultura y el arte ecuatoriano, lo mismo que Yachay para la educación: un oneroso insulto, otra pésima idea, no surgida de mirada estratégica alguna, aupada por silencios y complicidades que van desde Senplades hasta el Ministerio de Cultura.
En dichas altas y bajas esferas también habita el miedo a la precariedad laboral, trasunta en una auto convicción de “el rol estratégico que se puede jugar en los intersticios de la maquinaria del poder, habitando y ensanchando la fisura, etc., etc…” Algo más que simple verborrea para atenuar la mala conciencia intelectual y anímica, sofisticadas formas de justificar el apoyo o la obsecuencia de la generación más preparada de nuestro país, al menos en términos cuantitativos y de acceso, a una tiranía.
Si Yachay materializó los delirios/complejos de una mentalidad de nuevo rico, empeñada en el engendro de una milagrosa Caltech andina, el Festival Internacional de Loja quiere estar “a la altura” de Bogotá, Edimburgo o Avignon, y así “realzar” la tradición de una de nuestras más importantes capitales culturales (¿?). Pero aspirar a tener “la mejor universidad del mundo”, o las dimensiones de festivales donde ya no circula el teatro, si no el negocio, ¿qué significa, para qué sirve, en qué se fundamenta?
Los EDOC son uno de los festivales de cine documental “más importantes del planeta”, pero su valor no ha residido ni en el estipendio ni en el acomplejamiento colonial. Inolvidable cómo Abdalá, tras su derrota en 1992, se sinceró ante las cámaras, envidiando de frente, el hampa y las fortunas socialcristianas. Correa siempre ha sido un Abdalá expandido, transnacional, de límites globalizados, pero a su vez degradado, en cuanto a su mayor insinceridad.
Los países nórdicos han llegado a tener la mejor escuela en la misma medida en que dejaron de preocuparse de esos estándares, y empezaron a preguntarse y a actuar en la dimensión más pequeña y la proximidad con la comunidad. Correa creó una nueva unidad de medida monetaria: equis cosa vale no sé cuántas escuelas del milenio, faraónicas construcciones reducidas a ser sus más apreciadas pirámides. Se enterrará en ellas, sin pena ni gloria.