Editorial

Agravio

La Policía dio de baja a 286 hombres por haber cometido delitos graves, pero estos han sido restituidos a sus filas por jueces corruptos. No solo esto ha ocurrido, sino que además los deshonestos separados de su trabajo han enjuiciado a quienes los separaron. Nuevamente, la justicia hace una ofensa moral no solo a la Policía sino a la sociedad en general pues en una institución encargada de velar por la seguridad de los ciudadanos, no puede haber elementos que operen en contra del bien común.

No es el primero de los grandes desencuentros que tiene la Policía con la justicia. Un informe de Inteligencia en el cual se basó una publicación de Vistazo en septiembre de 2022, reveló que al menos 100 investigaciones con indicios serios para enjuiciar a los autores, jamás fueron iniciados los procesos y en tiempos recientes se ha puesto de moda que jueces concedan a través de habeas corpus en jurisdicciones lejanas, libertad a delincuentes con sentencias, sustituyendo en algunos casos, como el de Junior Roldán, la prisión por medidas cautelares.

No en vano, según la ONG alemana Transparencia Internacional, el 58 por ciento de los ecuatorianos considera que los jueces son corruptos. Y no es el único índice por el cual debemos sentir vergüenza: según el índice de capacidad para medir y combatir la corrupción que realiza el American Society, Ecuador está en el puesto 11 entre 15 países de la región. La justicia es la columna vertebral de la sociedad, si esta es corrupta es el mayor obstáculo para que la sociedad progrese. Recientemente, en una reunión nacional de jueces en Cuenca se estableció un código de ética para la Función. Para lavar la cara de la justicia no basta con palabras y promesas de las cuales hemos escuchado suficientes.

Los jueces deben demostrarlo, comenzando por ejemplo a través de un concurso transparente y público la selección de los magistrados adicionales para juzgar los casos de corrupción y crimen organizado, de manera que no quede la más mínima sombra de duda de su idoneidad, pues esta es una de las razones por las cuales la justicia está enferma.

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