Santiago Roldós

La patria vuelve (más reaccionaria que nunca)

Cuentan sus allegados, en Guápulo y el sector de  la Casa de la Cultura, que Samuel Chambers hacía  su propia ropa, vestía como un hada, comía  de su huerto, paseaba a animales a los que no consideraba  de su propiedad, ayudaba a turistas y desplazados,  intercambiando lo que podía y quería con quien lo  necesitase, y se sostenía dando cursos de permacultura,  una filosofía y tecnología sustentada en vivir de  espaldas a las lógicas del sistema, en paz y sin guerra.
 
La noticia de su asesinato, con apenas 25 años  –había desaparecido en octubre, y su cadáver fue  identificado por un tatuaje–, nos llegó poco tiempo  después de conocer la censura contra la exposición  de Marco Alvarado en el Museo de Las Conceptas  de Cuenca, la cual sería cómica sino fuera un nuevo  retroceso del Estado de Derecho –abolido desde  Montecristi– y del laicismo ecuatoriano.
 
El lunes 13 de noviembre, a dos semanas de inaugurada  la muestra, en visita guiada por el propio Alvarado,  un joven estudiante de diseño gráfico le pide  explicaciones, cada vez con mayor violencia, sobre  una urna que para él viola un lugar santo con pornografía,  un pequeño collage donde una pareja simula  un coito sin exhibición de genitales ni penetración:  en realidad lo más evidente es la nariz de payaso con  que se ridiculiza al personaje masculino.
 
Los propios compañeros y el profesor del joven lo  imprecan, contienen y terminan sacándolo en peso,  después de golpear y tratar de romper la urna. Un  atentado criminal protagonizado por un fanático  religioso o enajenado, condenado por ciudadanos  de a pie, pero que no mereció otra respuesta de las  autoridades que la clausura de la obra agredida, y una  censura nebulosamente articulada por la Municipalidad  de Cuenca y el Obispado del Azuay.
 
Contradiciendo las primeras versiones que dio al propio artista, la directora del museo, Mónica  Muñoz, afirma ahora que el Alcalde y el Obispo simplemente  “transmitieron su preocupación” a través  de terceros, como el secretario de Cultura Francisco  Abril, por las “varias denuncias” de ciudadanos, y que  fueron las Hermanas Conceptas, “dueñas de casa”,  quienes le pidieron retirar la muestra –todo hay que  decirlo: solo después del atentado. Durante dos días  intenté hablar con el Alcalde y el Secretario, para conocer  sus versiones, sin éxito.
 
Ganador junto a La Artefactoría del Premio Mariano  Aguilera, precisamente por una obra que incluía  la exposición hoy atropellada, Alvarado lo tiene claro:  La inconsecuencia y el ocaso de los gobiernos de izquierda  parece haber empoderado a los sectores más  reaccionarios de una derecha atávicamente religiosa  que viene por todo y por todos. El fenómeno, desde  Trump hasta el homófobo de Putin, pasando por la  reciente agresión contra la pensadora feminista Judit  Butler a manos de racistas e integristas evangélicos  en Brasil, es regional y global. Pero a dicho integrismo  religioso, sea católico, musulmán o evangélico, habrá  que resistirlo y denunciarlo local y puntualmente cada  vez que atropelle, excluya, asesine y aterrorice.
 
Debemos pedir justicia para Samuel Chambers y  condenar la censura contra Marco Alvarado. Basta  del imperio de la religión en la vida de un Estado y  una sociedad laica.

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