Alfredo Pinoargote

Narcolegislación

La Asamblea Nacional ha  descubierto el agua tibia,  pues las virtudes terapéuticas del cannabis, la sustancia ilícita más utilizada en el mundo  según la ONU, son conocidas desde  el tercer milenio antes de Cristo.  Actualmente es una sustancia sicotrópica ilícita sujeta a fiscalización,  por sus dañinos efectos en la salud  humana. En consecuencia, su utilización para usos terapéuticos debe  estar sometida a estrictos controles, que obviamente comienzan desde su siembra. Al igual que la hoja  de coca o la amapola, que también  poseen utilizaciones médicas, para  aliviar el dolor o conciliar el sueño.  Por eso en Bolivia y Perú existen  pequeñas extensiones de sembríos  de coca, autorizadas por la ONU, y  en hospitales de Europa y EE.UU. se  administran opioides a los pacientes, que cuentan con su respectivo  registro sanitario.
 
Pero de allí a simplemente legalizar la siembra, producción y comercialización de marihuana hay  la enorme distancia que separa al  médico del narcotraficante. Pues sería lo mismo que despenalizar el  peculado, el cohecho y el enriquecimiento ilícito para luchar contra la  corrupción. Ya que al no haber delito  no hay corrupción.
 
El problema que representa una  legislación somnolienta que poco a  poco empieza a bostezar y despierta  para consolidarse, a través de aquello que los tragabolas llaman simplemente leyes mal redactadas, porque  son unos ignorantones quienes las  hacen, no es verdad. Los ignorantones redactan ambigua o contradictoriamente la Constitución, sus leyes o reglamentos, con deliberación  para dejar hendijas o ranuras por  donde después introducen nuevas  linduras. Por ejemplo, aquella de  que en la cédula de identidad diga  hombre y mujer donde siempre ha  dicho sexo masculino y femenino,  puesto que así es más fácil que un  juez constitucional salga del clóset  con la interpretación del matrimonio homosexual porque la cédula  dice hombre y mujer.
 
Del mismo modo, es más viable  facilitar la expansión en el Ecuador  de la droga ilícita más difundida en  el mundo, con una redacción pobre  del artículo del COIP que permite  los usos terapéuticos de la marihuana. Especialmente si ya la realidad  indica el desastre que ocurrió con la  famosa tabla de porte de droga para  consumo, pues las explicaciones no  son justificaciones para lo que sucedió. Que antes de la tabla no había  microtráfico y después de la tabla el  microtráfico se ha apoderado de la juventud, las calles, las escuelas, la paz  familiar y la seguridad ciudadana.
 
En esta cultura del narcotráfico  ya hay caraduras iluminados que  preconizan la legalización de las  drogas ilícitas, igual que proponen  la despenalización de la homosexualidad y del adulterio para eliminarlos. No se puede olvidar que el  poder de Pablo Escobar llegó a legislación constituyente, cuando en  la Constitución de Colombia hizo  poner que no son extraditables los  colombianos, que luego se replicó  en la ecuatoriana.
 
El Presidente debe ejercer veto modificatorio sobre la narcorreforma. 

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