Alfredo Pinoargote

Cicatrices

La república de papel sigue  navegando por los surcos  que dejaron 10 años de  dictadura, imborrable plusmarca nacional. En estos mismos  días se gozó un largo feriado inventado por el dictador para promover  el turismo y usado para tremebundas medidas económicas o políticas.  Como la que acumula un proyecto de ley de urgencia económica, la  proforma presupuestaria 2020 y el  decreto de focalización del subsidio  a las gasolinas y el diésel, mientras se  arma un tinglado copiado del 30S en  torno a la quema de contraloría para  incinerar las pruebas de los latrocinios correístas.
 
La Asamblea entre tanto discute  un proyecto de ley trole, prohibido  por la Constitución de Montecristi  y utilizados siempre por Correa para  imponer tributos y favorecer grupos  económicos protegidos por la sombrilla de su ataque sistemático a la  empresa privada. Además, de acuerdo al formato, calificado de urgencia económica para que se apruebe en 30 días de un calendario rompe  cinchas, con la típica socialización  que escucha las declamaciones de  servidores del gobierno y de algunos  opositores previamente escogidos  para que la coreografía del supuesto  debate sea algo colorida.
 
Todo cambia pero nada cambia,  el gatopardo criollo abrió el abanico  de un amplio diálogo en el que se  desfoga las frustraciones, marginaciones, criminalizaciones, y humillaciones de una década de dictadura  plebiscitaria, arropada por el éxito  electoral que procuraba el cocolón  de un arroz verde donde el estado  candidato vendía la contratación  pública a los mejores postores e inversionistas del ícono electoral.
 
En esta liturgia del largo feriado  mental al final del camino se regodean el veto modificatorio presidencial, para el proyecto de urgencia  económica que nunca logra encontrar dos tercios de la Asamblea para  no dejarlo pasar, y un presupuesto  que solo puede observar pero nunca  cambiar una Asamblea sumisa que  solo cacarea para lavarse las manos.
 
Esta tomografía de la realidad indica que todo puede cambiar si  se acude a la solución que alumbra  190 años de república con 27 constituciones, porque mientras esta no  se cambie continuará impertérrita  la república de papel del correísmo.  Esta no es una visión pesimista sino  auténtica de una realidad resplandeciente a la que la ciudadanía se va  acostumbrando como una mascota.
 
No hay que olvidar que el gatopardo fue escogido como el sucesor  encargado de guardar el puesto durante el período sabático que graciosamente se dio el dictador, después  que el arroz verde del fraude existencial le había obsequiado la reelección  de por vida.
 
De allí que el menospreciado  gatopardo es el único héroe de la  historia porque tuvo el coraje de  terminar por consulta popular la  reelección de por vida, de denunciar  todos los latrocinios del dictador, de  restituir la libertad de expresión, y  descriminalizar la protesta social,  pero el hambre atrasada de los huérfanos de la partidocracia se contenta  con reinstitucionalizar únicamente  descorreizando a medias. 
 

Más leídas
 
Lo más reciente