Los 'therian' se toman internet: ¿Cómo surgió la comunidad de jóvenes que se identifican como animales?
El movimiento encontró en TikTok y YouTube su principal vitrina.
En parques y plazas de distintas ciudades de América Latina, especialmente en Buenos Aires y Montevideo, se ha vuelto cada vez más frecuente observar a jovenes y adultos que corren, saltan y juegan utilizando máscaras, colas y accesorios de animales. Las imágenes, ampliamente difundidas en redes sociales, han puesto en el centro del debate a un colectivo que se identifica como “therian”.
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Aunque su presencia pública parece reciente, el fenómeno no nació en la región. Sus antecedentes se remontan a foros digitales de la década de 1990, donde usuarios que afirmaban experimentar una identificación interna con animales comenzaron a compartir relatos y a construir una terminología propia. Con el paso del tiempo, esta comunidad encontró en plataformas masivas como TikTok y YouTube un espacio de mayor alcance para explicar y visibilizar su experiencia.
El origen del término
El término proviene de “therianthropy”, palabra de origen griego que alude a la idea de humano y bestia. En la actualidad, quienes se reconocen como therians sostienen que su vínculo con un animal, al que denominan “teriotipo", no es simbólico ni lúdico, sino una vivencia profunda que forma parte de su identidad. Algunos aseguran autopercibirse como lobos, perros, zorros o felinos, y manifiestan esa conexión en conductas cotidianas, rutinas físicas o expresiones externas como collares y máscaras.
Especialistas y comunicadores han explicado que esta identificación no debe confundirse con prácticas como el cosplay o el movimiento furry. Mientras estos últimos se relacionan con la representación estética o performática, los therians describen su experiencia como una dimensión íntima y persistente que influye en la manera en que se comprenden a sí mismos y se relacionan con el entorno.
La viralización en reddes
La expansión del fenómeno en redes sociales ha tenido un efecto multiplicador. Videos que muestran encuentros, rutinas y testimonios acumulan miles de visualizaciones y comentarios. En Montevideo, por ejemplo, una convocatoria difundida en TikTok derivó en una reunión presencial en la Plaza Independencia que llamó la atención de medios locales. En Buenos Aires, la circulación de imágenes de jóvenes con máscaras de animales generó debates, memes y opiniones divididas.
Más allá de la controversia, el movimiento pone en debate discusiones sobre identidad y comunidades en entornos digitales. Si bien se trata de un grupo minoritario, su visibilidad actual pone en evidencia cómo internet puede voler aún más grandes expresiones personales que antes permanecían ocultas.
