Una noche de luna, nostalgia y promesas: Ricardo Montaner enamoró a Guayaquil en su adiós y aseguró que volverá
El reencuentro de Ricardo Montaner con Guayaquil no solo fue un viaje de nostalgia y éxitos, sino el escenario perfecto para dar un anuncio inesperado: su tour de despedida sumará una fecha extra para Ecuador y un último adiós.
El cielo de Guayaquil amenazaba con cambiar los planes. Minutos antes de arrancar el concierto de Ricardo Montaner, un aire con olor a lluvia y un aguacero de minutos hicieron pensar a los miles de fanáticos que tendrían una velada pasada por agua.
Sin embargo, el clima se rindió ante la expectativa, las nubes se dispersaron sobre el Estadio Modelo Alberto Spencer y dieron paso a una brillante luna en cuarto creciente que iluminó la noche. El escenario estaba listo para recibir al cantautor en el marco de su última gira mundial.
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El arranque de la despedida histórica de Ricardo Montaner
A las 20:30, bajo la luz de esa luna cómplice, los primeros acordes encendieron el lugar. Montaner apareció en escena para abrir el baúl de los recuerdos con "Yo que te amé", desatando la primera gran ovación. Sin dar tregua a la emoción, continuó con "Será", "¿A dónde va el amor?", " "La cima del cielo" y un emotivo "Castillo azul", cuando al artista se lo vio visiblemente conmovido.
Entre tema y tema, en cada intervalo, el cantautor se tomaba un respiro para calmar la sed, mientras las notas de su impecable banda invadían el espacio y se fundían con las voces del público. El furor continuó con "El poder de tu amor", tema que culminó con todos cantando.
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Montaner: entre anécdotas, maleteros y una promesa para Guayaquil
El reloj marcaba las 21:00 cuando llegó el momento más entrañable. Montaner se detuvo a recordar su primera experiencia en Guayaquil, cuando sintió por primera vez en su carrera el fervor del público; un cariño y locura tal por la que, según rememoró, entre las risas de sus fans, tuvo que ser sacado oculto en el maletero de un auto desde el Centro Comercial Unicentro.
Han pasado los años, pero el cariño sigue intacto. Por eso, el artista soltó la gran sorpresa de la noche: anunció que "El Último Regreso World Tour" volverá para darle una fecha más a Guayaquil, despidiéndose como se debe de los fans que lo han acompañado en sus más de 40 años de carrera. Tras el histórico anuncio, interpretó "El último regreso", la canción homónima de la gira.También habló de una deuda que tenía que saldar en este concierto, por lo que compartió una infidencia: en su última visita, una madre y su hija viajaron desde Manta y se sintieron defraudadas al no escuchar sus temas favoritos, dejándoselo saber con carteles afuera de su hotel.
Para resarcir el daño, el artista no solo las invitó a este concierto, sino que armó un repertorio basado en lo que les debía. Gracias a ese gesto, todo el estadio disfrutó de un viaje al pasado.
El concierto avanzó hacia un nutrido popurrí que recopiló himnos de su trayectoria:
El toque de energía llegó con "Mi linda cachita", interpretada por sus coristas, quienes pusieron a bailar a los asistentes mientras Ricardo se tomaba un breve descanso. Al regresar al escenario el artista se unió al baile y al ritmo para subirle un poco más con "Vamos pa' la conga", para luego bajar las revoluciones con la romántica "Bésame".
Tampoco faltó su último lanzamiento, "Para que seas feliz". Con picardía, Montaner acusó a los guayaquileños de que probablemente no se la sabían porque apenas tenía cuatro semanas de estreno; sin embargo, se quedó gratamente sorprendido al escuchar el coro masivo de la grada. "Que conste Ecuador, yo no me quiero ir de aquí", expresó emocionado.
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El cierre de Montaner entre una marea de luces y un himno eterno
El clímax del sentimiento llegó con la desgarradora "Déjame llorar". Antes del cierre definitivo, el experimentado cantautor argentino-venezolano se tomó unos minutos para dejar una profunda reflexión de vida:
"El tiempo no nos pertenece y el tiempo nunca echa para atrás. Lo que no resolvamos probablemente ya después será tarde... Más de uno tiene un beso pendiente, un abrazo pendiente, una llamada pendiente..."
Con el corazón encendido por sus palabras, invitó a todos a encender las linternas de sus celulares. El estadio se convirtió en una marea de luces flotantes que acompañó la interpretación de "La gloria de Dios", haciendo sentir que miles de deseos subían directo al cielo.
Para cerrar una velada perfecta e inolvidable, Montaner se despidió con su himno eterno, "Tan enamorados", coreado a todo pulmón por una Guayaquil que se resiste a dejarlo ir.
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