De las finanzas al lujo: La historia de Emily Chusan Yarros, la ecuatoriana que lidera el e-commerce de Bottega Veneta

Dejar la zona de confort suele ser el primer paso hacia el éxito.Así empieza el camino de esta joven que renunció a su trabajo formal en Estados Unidos para seguir su verdadera pasión: la industria de la moda.

Se siente parte de ambos mundos, siente que lleva la cultura, los valores y el sentido de familia que aprendió en Ecuador, junto con la resiliencia y la ética de trabajo y moda que le vio crecer en New York. Esperamos que disfrutes de esta entrevista tanto como nosotros.

¿Cuál es tu historia de migración?

Mi papá inmigró a los Estados Unidos siendo muy joven junto a sus hermanos, mientras que mi mamá vivía en Ecuador, donde se formaba profesionalmente en arquitectura. Al conocerse, decidieron construir una vida juntos y apostar por un futuro con más oportunidades. Cuando tenía apenas 1 año, mi papá logró gestionar la visa para nuestra familia y viajamos juntos por primera vez a Nueva York.

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Crecí entre Estados Unidos y Ecuador. Ser una familia inmigrante no fue fácil: crecimos con dificultades económicas y con padres que trabajaban sin descanso. Como mi papá era profesor y tenía vacaciones largas, pasábamos dos o incluso tres meses en Ecuador viviendo plenamente la vida familiar. Cada regreso a Nueva York era emocionalmente muy difícil.

Eres gerente de e-commerce de Bottega Veneta. ¿Cómo es tu vida profesional?

Desde muy joven siempre me encantó la moda. Mi primer trabajo fue a los 17 años, vendiendo fragancias en Macy’s, donde conocí por primera vez el mundo de las marcas de lujo trabajando con perfumes de Prada y Marc Jacobs. Estudié Gobierno y Economía, pero con el tiempo entendí que la moda no era solo una pasión creativa, sino también un espacio donde podía desarrollarme a nivel corporativo y estratégico. Durante mi tercer año de universidad tuve la oportunidad de estudiar en Londres, una experiencia que marcó profundamente mi formación. Allí realicé una práctica en una empresa de relaciones públicas de moda, lo que despertó interés real por la moda corporativa.

Después de graduarme atravesé una etapa difícil buscando trabajo. Trabajé como estilista, una experiencia que me enseñó disciplina, constancia y una profunda comprensión del cliente. Más adelante trabajé en una institución pública en Nueva York, alineada con mis estudios, pero pronto entendí que ese camino no me llenaba. Entonces tomé una de las decisiones más arriesgadas de mi vida: renuncié a mi trabajo de tiempo completo y acepté una práctica en Salvatore Ferragamo.

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Aunque no era remunerada, recibía crédito académico. Sabía que era una verdadera oportunidad en la industria de la moda, así que aproveché cada momento para aprender al máximo. Inicialmente estaba planeada para seis meses, pero terminó extendiéndose a un año, lo que me dio mayores responsabilidades y me permitió profundizar en todos los aspectos del negocio.

Gracias a esa perseverancia y a lo aprendido durante mis prácticas, logré incorporarme a Kenzo (LVMH) como e-commerce merchandiser, donde trabajé cerca de tres años. Fue uno de mis trabajos favoritos. Amo la cultura francesa y Kenzo es una marca que realmente te invita a ser parte de su identidad. Cada año me enviaban a Francia para conocer las nuevas colecciones, aprender más sobre la marca y construir relaciones sólidas con el equipo. Fue un periodo clave para mi formación, mi crecimiento profesional y para crear vínculos que dieron lugar a colaboraciones muy fuertes.

Posteriormente regresé a Ferragamo en un rol corporativo y, más adelante, llegué a Bottega Veneta, donde hoy me desempeño como gerente de e-commerce, participando activamente en la estrategia y gestión de la plataforma digital de la marca.

Paralelamente he desarrollado proyectos propios, como Chussy Revival, un negocio de piezas vintage y antigüedades, y también trabajo como influencer, integrando mi experiencia en modas con mis pasiones personales.

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¿Qué piensas de la moda internacional?

La moda internacional lo es todo para mí. Mi esposo y yo viajamos mucho juntos, y en esos momentos descubro nuevos diseñadores, marcas únicas e incluso piezas antiguas o de segunda mano. La moda en otros países es divertida porque me invita a experimentar. No siempre es cómodo o apropiado usar lo mismo que en Nueva York, y me encanta aprovechar la oportunidad para reinventarme un poco y adaptarme al estilo y la cultura de cada lugar.

A lo largo de mi carrera, siempre he trabajado con marcas internacionales, desde italianas hasta parisinas e inglesas, y esa exposición continúa moldeando cómo veo el estilo y cómo descubro nuevas inspiraciones alrededor del mundo.

8 looks para su boda

Emily está casada con Christian, ingeniero senior de desarrollo en la nube en Google. Su boda fue en el Lago de Como, en Italia y la celebración duró tres días: 'Llevé ocho looks diferentes, combinando piezas de diseñador y algunas de las piezas vintage que he curado a lo largo de mi carrera en la moda. Crecí admirando el vestido de boda de la cantante latina Thalía, y quería capturar esa sensación de grandeza de una manera más moderna, por lo que finalmente opté por un vestido de Rime, una diseñadora francesa'.