Instrucciones para olvidar
Es necesario tener a la mano un recuerdo. No debe ser uno cualquiera, sino el recuerdo que más recuerdes. Por ejemplo, el de un amor decisivo. Tampoco puedes empezar con apenas haber recordado. No. No. No puede ser un recuerdo reciente, de esos que desaparecen con los días. Es imprescindible contar con un recuerdo enraizado en la mente y en la piel. Uno que invada los espacios propios y ajenos. Uno que por su calidad de permanente y desgarrador pueda ser considerado tortura.
Por ejemplo, el recuerdo de ella. Solo así puedes comenzar. A partir de eso aparecerán en Instagram posteos que te hagan recordarla aún más. Y, cómo no, todo lo que necesitas saber -y no quieres saber- del contacto cero. Cortas la comunicación por recomendación del algoritmo.
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Pero hablas con ella en tu mente:
-Me preguntas/ Te contesto/ Te pregunto/ Me contestas/ Pero no estás
-¿De qué sirve?
- Habla de ella con un amigo, con dos amigos. Será necesario hablarlo también con una amiga, con dos amigas -el lado fememino-, con tres, quizás. Piensa que todos lo entienden, pero nadie lo siente. Recuerda que el desconsuelo es una avenida solitaria.
-Es cuestión de tiempo, bro-.
Agradece el consejo. Agradece la escucha. Busca una nueva actividad, de esas que roban tiempo y cabeza. Házla. Cuando la estás disfrutando, justo en ese momento, la recordarás. Vuelve donde tu amigo:
-¿Pero, cuánto tiempo, bro?-
Cada vez tendrás más urgencia de huir de ese lugar que duele. Está la presión en el pecho. Entérate de que el corazón duele. Entonces ve y escucha todas las canciones que la recuerden. Entonces ve y escucha todas las canciones de olvido, recordándola. Y entonces, recuérdala aún más. Separa una cita con el psicólogo. Visítalo. Haz una lista de los contras. Rómpela. Vuelve a hacer una lista de los contras. Quémala. Repasa lo que dolió. Dale vuelta. Si tienes un perfil esotérico haz un corte energético.
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Regresa en dos semanas, porque no sirvió. Vuelve a escuchar la canción. Vuelve a escuchar las canciones. Recuerda todo lo que fue. Extraña lo que nunca será. Lee libros acerca del olvido que, por desgracia, son los mismos que hablan del recuerdo. Cambia de psicólogo. Pide que no te hablen de ella. Pregunta por ella. Vuelve a pedir que no te hablen de ella.
-¿Será que pregunto?, mejor no-.
Recuerda la última frase que duele. Anótala. Olvídala. Busca la libreta donde la escribiste. Escribe. Vomita. Escribe. Escribe todo lo que no has escrito por estar ocupado recordándola. Si es posible hazle un poema. O dos, o tres, o cuatro, o cinco, o diez, o cien. Arrúgalos. Abre las hojas arrugadas. Rómpelos o quémalos. Luego escribe ciento un poemas más. Escribiendo te dará sed y recordarás que, para que este proceso surta efecto, es necesario beber: whisky en las rocas, de preferencia. Ojo, vas a querer llamarla. No la llames. Tampoco contestes llamadas donde pida ayuda para cambiar una llanta -o cualquier cosa parecida-. -Lo anteriormente dicho retrasa el proceso y en la mayoría de los casos genera efecto rebote-.
Mejor busca alguna de esas fotos que borraste y vuélvela a borrar. Regresa al lugar que duele. Seguirá doliendo. Intenta huir de esa sombra que no es tuya. Seguirá ahí. Vuelve a escribir. Vuelve a escuchar las canciones de las que Alexa ya se hartó. A hablar con tu amigo. -¿La cita con el psicólogo?- Búscala al caminar para que no la encuentres -ayuda pensar que eso es un mensaje-. Siéntete un adicto -¿en rehabilitación?-. Recuerda. Recuerda porque es lo mejor que sabes hacer por ahora. Recuerda “La Mexicana”. Recuerda a Drexler: “Te llevo tatuada/ pero no en la piel/ mucho más afuera/ mucho más adentro/ Te llevo tatuada en el pensamiento”.
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Recuerda a Sanz: “Pero es que hay gente que no consigues olvidar jamás/ No importa el tiempo que eso dure”. Siéntete un viudo -¿Sin necesidad de olvidar su muerte?-, acostumbrándose a vivir con/ sin ella -realidad/ recuerdo-, a vivir una penosa alegría o una alegría con pena, recordando que existió/ existimos, y mientras lo hicimos fuimos eternos (recuerda a Ismael Serrano, también). Acepta que no la olvidas. Date cuenta que no la debes olvidar.
Recuérdala y resígnate. Resígnate y recuérdala. Sí, resígnate. Y empieza a sonreír cuando la recuerdes -será muy importante sonreír al recordarla, de aquí en adelante- Y recuérdala. Y resígnate. Y sonríe. Recuérdala y acéptalo. Empezarás a vivir un poco más tranquilo.