¿Cuáles son las razones por las que una parte de ecuatorianos no quiere vacunarse contra la covid-19?

miércoles, 15 septiembre 2021 - 16:06
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El rastro de terror que dejó el covid-19 en Ecuador en 2020 parece haberse borrado. Las calles vacías y locales cerrados que eran visibles en casi todas las ciudades del país durante el estricto confinamiento pandémico, hoy vuelven a estar abarrotadas de vendedores y transeúntes. El motivo: una campaña de vacunación que ha logrado inocular a más del 50% de la población.

En abril de 2020 el caos se apoderó de toda la población, cuerpos en las calles, cadáveres apilados en hospitales, algunos sin registro y que hasta hoy no han logrado ser reconocidos por sus familiares. En esas fechas se registró un aumento de muertes por el virus del 461 %. No obstante, cuando arrancó la campaña masiva de vacunación —según datos del Gobierno— las muertes y contagios han disminuido de forma considerable.

El médico e investigador ecuatoriano, Rodrigo Henríquez, asegura que la vacunación es la mejor estrategia para "reducir el contagio y las complicaciones" por la enfermedad. Después de la inmunización, están "el uso de la mascarilla, el distanciamiento físico", afirma.

"Hay que mejorar los mensajes. Los temores (a la vacuna) más importantes tienen que ver con posibles efectos adversos mal entendidos o sobredimensionados, amplificados por las noticias falsas que circulan en redes sociales", señala el experto.

Aún con las cifras alentadoras y el aliento de los científicos sobre los efectos positivos de la vacuna, todavía en el Ecuador hay dudas de que el pinchazo es la vía para terminar con los graves efectos socioeconómicos de la pandemia, en un momento en el que el Gobierno ha decidido abrir su cuarta fase de vacunación en la que apunta a los rezagados. ¿Por qué no confían?

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El manabita Gustavo León no cree que la covid-19 exista, por ende, tampoco ve lógico vacunarse. Asegura que los biológicos contra la enfermedad, al haber sido aprobados de emergencia, no son seguros para las personas, debido a que “no se conoce sus efectos a largo plazo”. Calcula que dentro de unos 10 años serán visibles las “consecuencias”.

“Ya se han visto varios efectos negativos especialmente en niños que desarrollan miocarditis”, agrega el también coordinador de Acción Humanitaria Revolucionaria (AUR), una organización surgida en Bolivia, que tiene cerca de 40 simpatizantes en Ecuador y que busca advertir sobre los “peligros de la vacuna”.

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Rodrigo Velasco, residente de Guayaquil, comparte el pensamiento de León. Cuenta que, durante toda la pandemia, ha evitado el uso de la mascarilla y no ha adquirido la enfermedad porque —afirma— es un “invento político”. Explica que él, su esposa y sus dos hijas, pese a no tomar medidas de bioseguridad durante la pandemia, no se han enfermado. “Solo nos ha dado gripe, pero nos hemos curado con medicina natural”, sostiene.

A decir de Velasco, los estudios entorno a la covid-19 no tienen mucha lógica. “Por ejemplo, respecto al uso de las mascarillas se decía al principio que solo era para enfermos, pero investigando nos dimos cuenta que no tenían ningún beneficio y que, incluso, podían afectar a la salud. Lo mismo sucede con las vacunas”, dice.

Por su parte, Paola Moncayo, una ibarreña de 28 años, tampoco se ha vacunado, aunque ella bajara otros motivos para no hacerlo, entre estos, la preocupación por su salud, el tiempo de espera en la fila para recibir la vacuna y la falta de acceso a una marca específica que le permita viajar.

“Tengo miedo de la reacción que pueda tener a la vacuna, soy alérgica. Además, creo que somos el experimento para ver qué pasa. Otro de los motivos es que había demasiada gente en las filas. Y finalmente, creo que todo esto es una cuestión muy política, si te ponen la Pfizer puedes viajar a muchos lugares, pero si te ponen las otras no. La única vez que accedí a vacunarme fue cuando me iban a poner esa marca, pero al final no se pudo”, comenta.

Romina Illescas, una guayaquileña de 24 años, dice que no ha buscado la vacunación, aunque, si en algún momento se vuelve obligatoria, tampoco se opondrá a recibirla, afirma.

Asegura que ella es saludable y que el covid-19, seguramente, no le provocará mayores problemas de salud. “No veo por qué meterle cosas a mi cuerpo que no sé qué tan bien o mal le harán. La vacuna no está comprobada al 100 %. Ya con el tiempo el covid-19 se ha hecho como una gripe o como dengue”, menciona.

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El padre de Illescas tampoco quiere colocarse la vacuna. “Él sí es un no rotundo, no quiere ponérsela”, reitera. Sin embargo, ella sí está de acuerdo en que personas como él o sus abuelos se coloquen el biológico porque, conoce, que estos grupos tienen más riesgo. “Quizás antes, cuando todo estaba muy mal, me la habría puesto a regañadientes por todo el miedo que se difundió, pero ahora no la veo muy necesaria”, comenta.

Gustavo, Rodrigo, Paola y Romina son algunos de los tantos casos de ecuatorianos que han decidido no acceder a la vacuna, pese a que fueron convocados por el Ministerio de Salud Pública (MSP), ya sea por no creer en la existencia de la enfermedad, el temor a los efectos del biológico en su salud, por no tener acceso a una marca de vacuna que les permita viajar o porque, simplemente, no creen que su cuerpo necesite el pinchazo para superar la enfermedad.

¿QUÉ DATOS REGISTRA EL MINISTERIO DE SALUD SOBRE LAS PERSONAS QUE NO QUIEREN VACUNARSE?

El Ministerio de Salud no lleva un registro específico de las personas que no quieren vacunarse, ni tampoco tienen perfiles de quiénes son los segmentos que han evitado recibir la vacuna, ni sus motivos como sí lo han hecho otros países. En España, por ejemplo, el Gobierno conoce que el 7,4 % de personas de 50 a 59 años no se quieren vacunar, algo que se replica en el 15 % de los cuarentones.

El equipo de comunicación de la cartera de Salud, explicó a Revista Vistazo que en las cifras de rezagados que ellos manejan no entran únicamente personas que no quisieron vacunarse, sino también personas que, “por diferentes motivos” no pudieron acceder a la inmunización. Lo que no permite tener datos específicos del grupo que no se ha querido inyectar en Ecuador.

Lo que se conoce es que la población objetivo de 50 a 64 años del plan 9/100 fue de 2’205.496, de los cuales 1’935.825 sí recibieron el biológico, según datos del vacunómetro con corte al 10 de septiembre de este 2021. Esto quiere decir que 269.671 personas no recibieron ningún pinchazo a lo largo de las tres fases de vacunación pasadas.

Aunque la cantidad más amplia de rezagados se registra en el segmento de 16 a 49 años. En este grupo, el Gobierno se planteó inmunizar a 8’841.931 personas, de las cuales 7’173.941 sí lograron acceder a la vacuna contra la covid-19. Es decir, que 1’667.990 no se vacunaron.

Algo diferente se observa en las personas mayores de 65 años. En este segmento, el MSP planteó el objetivo de vacunar a 1’358.838 ciudadanos; de los cuales 1’ 499. 880 sí se vacunaron. Eso implica que, al contrario que de lo que sucede en los grupos etarios anteriores, Ecuador superó la cifra objetivo de adultos mayores vacunados, con 141.042 ciudadanos más de lo esperado.

Revista Vistazo también consultó a sus seguidores, mediante una encuesta en Twitter sobre su predisposición a colocarse el fármaco. Como resultado, de las 800 personas que participaron, cerca del 95 % respondió que sí se vacunó; mientras que el 5 % restante afirmó que picharse contra la covid-19 no era seguro.

Los rezagados, según el Ministerio de Salud, serán el objetivo de la cuarta fase de vacunación que arrancó este mes de septiembre en Ecuador. Aquí también se incluyó a adolescentes de 12 a 15 años de los cuales todavía no se puede tener datos de quienes no accedieron al pinchazo porque su vacunación empezó apenas el pasado 13 de septiembre.

Según el Ministerio de Salud, la Secretaría General de Comunicación de la Presidencia actualmente maneja dos campañas para incentivar a que la gente se vacune. Una de ellas es “¡Dile SÍ a la vacunación!”, contenido audiovisual que lleva mensajes para animar a la gente a recibir el biológico.

Y una segunda, es el pasaporte de vacunación, realizado junto con la empresa privada, en la que se busca dar incentivos y descuentos a personas que tengan el esquema de vacunación completo. Sin embargo, todavía no se ha lanzado una campaña específica que apunte a retroalimentar los motivos de las personas que no desean vacunarse.

Desde los municipios se ha intentado, incluso, tomar medidas para “obligar” a las personas a vacunarse. El Cabildo porteño, hace un par de meses, anunció que en Guayaquil se registraba un ausentismo de vacunación del 45 %, y por lo tanto, anunció que se comenzará a exigir la presentación del certificado de vacunación en centros comerciales y transporte público. Sin embargo, contrarios a la vacuna, rechazaron esa decisión, al asegurar que se están violentando sus derechos.

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