Crisis, fracturas y futuro de la Revolución Ciudadana: ¿Las desafiliaciones son temporales?

Entre derrotas electorales, divisiones internas y procesos judiciales, la RC5 enfrenta un dilema: Es un proyecto político o una estructura dedicada a resistir el asedio de los tribunales.

La excandidata presidencial Luisa González y el expresidente Rafael Correa, dos de las figuras centrales del correísmo, aparecen en una etapa marcada por la sanción del TCE y la crisis de la RC5.
Cecilio Moreno

La Revolución Ciudadana atraviesa una de las etapas más complejas de su historia. La suspensión de la RC5 por nueve meses, resuelta por el Tribunal Contencioso Electoral, amenaza con dejarla fuera de las seccionales de 2027 y profundiza una crisis marcada por fisuras internas, derrotas consecutivas y expedientes judiciales.

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Ante el estrés del adelanto de las elecciones, su líder máximo, el expresidente Rafael Correa propuso algo insólito: "Compatriotas: Esto no se dio ni con el covid-19. Todos saben que es puro cuento, y que el objetivo es impedir la participación de los partidos opuestos al gobierno de Noboa. A nuestros potenciales candidatos: deben desafiliarse YA de la RC5, para que no les impidan participar".

Manejada a control remoto desde Bélgica, la Revolución Ciudadana parece atrapada entre procesos penales, derrotas electorales y tensiones internas que ya no pueden esconderse bajo la alfombra.

RC5 suspendida por el TCE: crisis en la Revolución Ciudadana

Hubo un tiempo en que la Revolución Ciudadana parecía invulnerable. Ordenada, disciplinada, vertical, eficaz para conquistar votos y aún más eficaz para administrar poder. Era un movimiento que se pensaba a sí mismo como destino histórico, no como episodio. Pero los proyectos políticos también envejecen. Y algunos, cuando empiezan a resquebrajarse, no se derrumban de golpe: se agrietan primero por dentro.

La suspensión de la RC5 por nueve meses, resuelta por el Tribunal Contencioso Electoral, no solo representa un golpe jurídico. También funciona como el retrato más reciente de una organización atrapada entre procesos penales, derrotas electorales y tensiones internas que ya no pueden esconderse bajo la alfombra. Si la sanción se mantiene, la segunda fuerza política del país quedará fuera de las elecciones seccionales adelantadas al 29 de noviembre de 2026. El dato, por sí solo, basta para encender todas las alarmas dentro del correísmo.

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Por qué el TCE suspendió a la RC5

La sanción del TCE llegó a raíz de una investigación fiscal por presunto lavado de activos. El caso que terminó por arrinconar al movimiento fue “Caja Chica”, cuyo eco ya no se quedó en el terreno penal, sino que saltó al ámbito electoral y golpeó la estructura partidaria.

El problema para la RC5 es que este episodio no aparece como un hecho aislado, sino como una pieza más dentro de una secuencia de desgaste. La organización ya venía golpeada por tres derrotas electorales consecutivas, en 2021, 2023 y 2025. A eso se sumó un clima de descrédito agravado por causas judiciales y por la caída en desgracia de varias de las figuras que protagonizaron la década correísta.

El tránsito ha sido brutal: de proyecto hegemónico a fuerza política cercada. Y esa mutación no solo se mide en votos perdidos o en expedientes abiertos. También se mide en la dificultad del movimiento para volver a instalar una narrativa de futuro.

Los protagonistas centrales de la década pasada han ido cayendo, uno tras otro. El más relevante tras las rejas es el exvicepresidente Jorge Glas, detenido en la Cárcel del Encuentro.

De partido político a estructura de defensa

En la Asamblea Nacional, la Revolución Ciudadana intenta conservar una imagen de partido conectado con los problemas del país. Sus legisladores hablan de trabajadores, agricultores, empleo y oposición al Gobierno. Esa es la vitrina política con la que busca demostrar que todavía representa algo más que la nostalgia del poder.

Pero detrás de esa fachada, la organización parece cada vez más absorbida por la defensa de sus cuadros. En lugar de discutir hacia dónde va, el movimiento gasta buena parte de su energía respondiendo a jueces, fiscales, acusaciones y escándalos. La conversación dejó de girar alrededor de propuestas y volvió, una y otra vez, al territorio de los juicios.

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Allí radica uno de sus mayores problemas de imagen en el terreno digital y político: cuando un partido habla más de expedientes que de ideas, el electorado empieza a preguntarse si todavía está frente a una organización política o ante una estructura de resistencia judicial.

La historia reciente del correísmo alimenta esa percepción. Han ido cayendo, uno tras otro, protagonistas centrales de la década pasada: desde el binomio presidencial hasta ministros, autoridades de control y exfuncionarios de empresas estatales. Esa acumulación de casos ha erosionado la autoridad moral de una organización que durante años se presentó como una fuerza transformadora.

Un alcalde y, cuatro prefectos cuyas provincias suman el 58 por ciento de la población nacional, pidieron cambios en la conducción de la RC5. Eloos so (izq a der): Cristóbal Lloret, Marcela Aguiñaga, Leonardo Orlando, Pabel Muñoz y Paola Pabón.

La carta que destapó la fractura interna

La crisis dejó de ser un rumor a finales de julio de 2025. Entonces apareció una señal inequívoca de que el malestar ya no era un murmullo de pasillo, sino una disputa política abierta. Cinco figuras relevantes del movimiento enviaron una carta a Rafael Correa en la que pedían una renovación profunda, autocrítica y con nuevos liderazgos representativos.

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Las firmas no eran menores. Estaban Marcela Aguiñaga, Pabel Muñoz, Cristóbal Lloret, Leonardo Orlando y Paola Pabón. Es decir, líderes territoriales con poder real, con cargos en ejercicio y con una lectura menos dogmática de la supervivencia política.

El mensaje era claro: si el movimiento seguía inmóvil, podía encaminarse al colapso. Pedían diálogo, corrección de rumbo y una apertura que permitiera respirar a una organización que, desde hace nueve años, gira alrededor de un liderazgo a distancia.

Pero la respuesta no fue una rectificación de fondo. En enero de 2026, aunque se habló de al menos tres candidaturas, se terminó imponiendo desde Bélgica una sola lista de “consenso”, encabezada por Gabriela Rivadeneira, figura del ala dura. La señal fue inequívoca: la estructura no se abría, se replegaba.

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Ese episodio mostró con crudeza la contradicción central del correísmo: necesita renovarse para seguir siendo competitivo, pero al mismo tiempo parece incapaz de modificar la lógica vertical que lo ha definido desde su origen.

Aquiles Alvarez enfrenta tres órdenes de captura y fue confinado a la temida Cárcel del Encuentro. Su delfín, el asambleista nacional Raúl Chávez, ha sido alcanzado por las esquirlas del "Caso Goleada" y por ahora huye de la justicia.

Sus propios escándalos

Las disputas internas no explican por sí solas el desgaste. Algunos de los golpes más severos han venido desde adentro, provocados por la conducta de sus propios cuadros.

En el período legislativo anterior, uno de sus asambleístas quedó envuelto en cuestionamientos de corrupción y terminó prófugo. Más tarde, en el actual período, otro legislador de la RC5 fue detenido, acusado de atentar contra el pudor de una niña.

Después se conoció que el apresado había manejado dinero de una de las campañas presidenciales de Luisa González y que, a la salida de la Fiscalía, confesó el traslado de efectivo desde Venezuela para el movimiento. De allí surgió el caso “Caja Chica”, que escaló hasta poner en jaque al partido ante el TCE.

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El vendaval también alcanzó a Aquiles Álvarez. El alcalde de Guayaquil, que en su momento rompió la hegemonía socialcristiana en el Puerto Principal, pasó de figura ascendente a dirigente sitiado. Primero fue señalado por presunto desvío de combustibles y después por lavado de dinero. Su situación se convirtió en otra muestra de cómo el correísmo, más que administrar una oposición ordenada, ha debido administrar incendios sucesivos.

Al momento, Alvarez enfrenta tres órdenes de captura y fue confinado a la temida Cárcel del Encuentro. Su delfín, el asambleista nacional Raúl Chávez, ha sido alcanzado por las esquirlas del "Caso Goleada" y por ahora huye de la justicia.

Gabriela Rivadeneira, nueva presidenta del movimeinto, aseguró que si intentan eliminarlos, podrían migrar hacia otra fuerza, otro número, otro casillero.

Qué futuro le queda al correísmo

La gran pregunta ya no es si la Revolución Ciudadana enfrenta una crisis. Eso parece fuera de discusión. La pregunta real es si todavía dispone de una salida política o si se encamina a una mutación forzada.

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Gabriela Rivadeneira ya dejó entrever esa posibilidad al asegurar que, si intentan eliminarlos, podrían migrar hacia otra fuerza, otro número, otro casillero. La frase revela una idea de supervivencia, pero también una admisión implícita: el sello partidario ya no ofrece la misma solidez que antes. El llamado del líder a la desafiliación de quienes busquen una candidatura, ratifica la opción.

El riesgo para el correísmo es que esa mutación no sea una reinvención, sino un síntoma de agotamiento. Porque cambiar de nombre puede servir para seguir en carrera, pero no necesariamente resuelve el problema de fondo: la pérdida de confianza, la erosión de su relato y la dificultad de procesar sus propias fracturas.

Hace décadas, el filósofo Frantz Fanon describió cómo ciertos movimientos revolucionarios terminaban devorados por su propia élite. La cita, en el caso de la RC5, suena a advertencia. La Revolución Ciudadana todavía conserva votos, cuadros y presencia institucional. Pero también carga un peso cada vez mayor de derrotas, sospechas y divisiones. Y cuando un partido empieza a pelear más por sobrevivir que por convencer, la crisis deja de ser una etapa y empieza a parecerse al destino.

Cuatro miradas a la crisis de la Revolución Ciudadana

Analistas Gustavo Isch, César Febres Cordero, Ramiro Cepeda y Carlos Jijón.