Las guardianas del agua: la lucha de las mujeres por obtener un recurso vital
7 de cada 10 hogares sin agua potable dependen exclusivamente de mujeres y niñas para el acarreo del recurso vital.
"Siempre me levantaba a las 4 de la mañana para recoger el agua, antes de que pasen las vacas y la ensucien más", relata Flor, habitante de Azuay. Su testimonio refleja la realidad de miles de mujeres rurales en Ecuador; cuando no hay agua en casa, son ellas quienes caminan kilómetros; cuando el agua está contaminada, son ellas quienes cuidan a los hijos enfermos, cuando no hay baños seguros, son ellas quienes enfrentan mayores riesgos.
Hoy, tras la intervención de Ayuda en Acción, Flor asegura: "Ahora que tenemos agua en la casa tengo más tiempo para trabajar, ya no nos hemos enfermado; estamos felices y agradecidas"
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Esta historia de transformación contrasta con las alarmantes cifras globales. Según la OMS y UNICEF, la crisis del agua tiene un impacto desproporcionado: 7 de cada 10 hogares sin agua en la vivienda dependen de mujeres y niñas para recolectarla. Además, las mujeres y niñas mayores de 15 años asumen esta carga en el 70% de los hogares, frente al 30% de los hombres.
El impacto de la falta de agua potable en Ecuador
En las zonas rurales del país, la situación es crítica: 6 de cada 10 personas consumen agua contaminada. Al no contar con sistemas de potabilización, los hogares delegan el acarreo en mujeres y niñas. Andrés Oleas, especialista de de gestión social y ambiental del agua de Ayuda en Acción, advierte que esta sobrecarga de trabajo no remunerado genera riesgos estructurales:
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Cuatro décadas de intervención en la ruralidad ecuatoriana
Ayuda en Acción cumple 40 años en Ecuador impulsando distintos proyectos. En este caso, el objetivo es que las mujeres rurales, las verdaderas Guardianas del Agua, pasen de roles secundarios a ser tomadoras de decisiones. El proyecto busca que dejen de ser "la señora que limpia o pasa el café" para convertirse en las líderes que administran las Juntas de Agua.
Hasta la fecha, el impacto de la organización registra:
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Desde su primer hito en 1992 en Cayambe, la organización sostiene que cuando una mujer lidera, la gestión del agua es más sostenible y se prioriza la salud colectiva, cerrando las brechas de desigualdad entre lo urbano y lo rural.