Día Internacional del Libro | ‘El mayor desafío en Ecuador es la distribución de libros’
El interés por la lectura y la producción editorial ecuatoriana crece, pero el acceso a libros aún es limitado. Editoriales independientes y el Estado coinciden en la problemática.
Cada 23 de abril se conmemora el Día Internacional del Libro, una fecha que busca fomentar la lectura y fortalecer la industria editorial. Sin embargo, en Ecuador, este año la jornada llega marcada por tensiones, nada menores, en torno a la organización de la Feria del Libro (FIL) de Quito, uno de los encuentros culturales más importantes del país.
La situación, percibida por el sector como un “ping-pong” político, se da tras el cambio en la organización: antes a cargo del Municipio de Quito, que canceló el evento alegando la reforma del COOTAD, que obliga a destinar al menos el 70 % del presupuesto a inversión física, y luego asumido por el Gobierno.
El tema cobra mayor relevancia porque tanto el gremio de editoriales independientes como el Estado, consultados por Vistazo, coinciden en que el interés por la lectura y la producción editorial ecuatoriana crece, pero el acceso a los libros aún es limitado.
Aunque desde el Viceministerio de Cultura y Patrimonio destacan que, en los últimos tres años, se han publicado "más de 100 títulos ecuatorianos" con el respaldo de sus fondos, sumado a un creciente interés de los jóvenes por autores nacionales, en su mayoría mujeres, la viceministra, Romina Muñoz, reconoce la problemática:
Esta situación también es señalada por las editoriales independientes Severo y Recodo que, en diálogo con Vistazo, coinciden en que la dificultad no radica en la falta de libros, sino en que estos no llegan al ciudadano. La cadena editorial crece en producción, pero se estanca en la circulación. El diagnóstico es compartido.
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Lo que pone aún más en evidencia que eventos como la FIL Quito representan un espacio clave de encuentro entre libros y lectores. Pero, ¿qué hace que la distribución sea limitada en Ecuador? Estas son las razones.
Distribución limitada y pocos puntos de exhibición
Para los independientes es complejo colocarse en librerías y ampliarse fuera del nicho lector. Desde Recodo, sus editores Juan Felipe Paredes y Galo Pérez explican que ingresar a grandes cadenas de librerías es un proceso restrictivo y poco accesible.
A esto, argumentan, se suma la concentración de librerías en pocas ciudades y la falta de espacios en otras zonas del país. En este contexto, espacios como las Ferias del Libro son los pocos puntos de encuentro entre lectores, autores y editoriales, que permiten que los libros salgan de sus circuitos habituales.
“Son los únicos espacios donde se puede combatir el manejo del mercado”, sostienen desde Recodo. El problema, agrega el editor de Severo Fausto Rivera, es que "no hay una política seria alrededor de cómo se manejan los espacios de circulación".
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De acuerdo al Estado, quienes finalmente asumieron la organización de la FIL Quito 2026, estas ferias deben ir más allá del sector editorial y convertirse en "un festejo de ciudad”, afirma Muñoz. La apuesta, recalca, es convertirlas en espacios masivos que integren cultura, economía y comunidad para llegar a todos los ciudadanos y no solo a amantes de la lectura.
Un alto costo de producción
A la ecuación se adicionan los costos de producción de la cadena editorial. Desde la importación de papel hasta la impresión, los precios impactan: reduce tirajes, encarece los libros y limita su acceso.
Desde el sector, el problema tiene que ver con limitantes estructurales. Rivera, de Severo, dice que el encarecimiento responde a que en Ecuador "somos netamente importadores de materia prima para hacer libros". Esto implica que cualquier variación en costos o aranceles internacionales golpea directamente al sector local.
“Los mecanismos de importación son muy costosos y eso se traduce en una mayor inaccesibilidad”, explica. Rivera también advierte que el problema se conecta con toda la cadena cultural:
En respuesta, desde el viceministerio de Cultura y Patrimonio se reconoce la necesidad de intervenir en el acceso. “Para que el ecuatoriano lea más es fundamental fortalecer el acceso al libro”, sostiene Muñoz. Asegura que sus esfuerzos se direccionan a ampliar bibliotecas, promover la mediación lectora y generar disponibilidad de contenidos.
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En los últimos tres años, el Estado ha invertido más de seis millones de dólares en el sector del libro, lo que significa un gasto anual de dos millones. Pero estas cifras no se pueden dimensionar sin considerar el presupuesto de esta cartera, que en lugar de crecer ha disminuido. En 2022, por ejemplo, superaba los USD 20 millones, mientras que en 2024 se redujo a USD 13 millones.
Desde la cartera, destacan la inversión realizada en la convocatoria para el Fortalecimiento de librerías independientes, en la que siete librerías de Pichincha y dos de Azuay recibieron un financiamiento de USD 15.000 por proyecto.
Sin embargo, el reto sigue siendo traducir esa inversión en condiciones sostenibles a largo plazo en producción y circulación. Sin resolver las problemáticas estructurales señaladas por los expertos del sector, el acceso para el público general seguirá siendo escazo.