8M en Ecuador: La historia de Johanna Chévez, la mujer que convirtió los tambores en refugio para jóvenes en Guayaquil
Esta es la historia de cómo una batucada liderada por una mujer se convirtió en un refugio para cientos de jóvenes frente al reclutamiento en Guayaquil.
Para que hoy Johanna Chévez lidere una Batucada Popular de 300 jóvenes, que sirve como escudo frente a las garras de la violencia en Guayaquil, antes hubo otra mujer que encendió en ella la chispa del servicio social: su madre.
Desde pequeña, recuerda, vio en ella el ejemplo de educar al otro, una forma de servir que a veces se ejerce sin reflectores ni reconocimientos, pero que puede marcar a toda una generación: "Mi mamá toda la vida ha sido maestra en sectores vulnerables y siempre admiré su labor".
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Ahora esa misión recae en sus hombros. Por eso le gusta que la definan como educadora popular, aunque sus alumnos la llaman con cariño "Miss Johi". Al ingresar a su casa, no parece la vivienda de una familia de cuatro, ni siquiera de siete. Más bien es 'extra large': chicos y chicas entran y salen, se escuchan tambores, risas y la energía de jóvenes que encontraron en ese espacio una alternativa.
Más allá de los tambores
A simple vista son chicos y chicas retumbando tambores con fuerza y creando música en manifestaciones, pero eso es solo una capa. Por eso, Johanna es clara al explicar que la Batucada Popular es mucho más que un show. Al contrario, el proyecto que lidera desde 2020 es un proceso formativo que "usa los tambores como un recurso convocante".
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Las otras capas están orientadas a la construcción de líderes juveniles, en las que aprenden no solo sobre sus derechos, sino también sobre sus obligaciones, fomentando al mismo tiempo una cultura de paz que les permite llegar a sus comunidades con otros lentes. Actualmente, son más de 40 líderes distribuidos en 11 sectores de Guayaquil.
La semilla de este proyecto se sembró en plena pandemia. Inspirada por otras lideresas, Johanna quería convocar a mujeres para aprender batucada, pero pronto se dio cuenta de que debía reformular la idea: ellas, muchas madres, priorizaban que fueran sus hijos quienes participaran en el aprendizaje.
Lo cierto es que empezar en un suelo árido de restricciones por el virus sería solo el primero de sus desafíos. Luego llegaría otra pandemia: la violencia. En ese contexto, libra una batalla aún mayor, pues hoy busca prevenir que los jóvenes sean reclutados por el crimen organizado.
No existe una estadística de cuántos han sido reclutados en Ecuador, sin embargo en los últimos cinco años miles de menores de edad han sido asesinados. De acuerdo al Ministerio del Interior en 2025 murieron de forma violenta casi 600 niños y adolescentes entre 12 y 17 años. Mientras que el 80 %, por arma de fuego.
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Y ahora, frente a ese desafío mayúsculo, las condiciones no son muy distintas a las de sus inicios. Pese a no contar con el apoyo de ninguna institución pública, ni nacional ni local, la autogestión ha sido la fuerza que sostiene el proyecto, lo que le ha valido ser reconocido en más de una ocasión por organizaciones internacionales.
Para Johanna, los obstáculos valen la pena si eso significa salvar así sea a un joven de la mafia.
Ser mujer y lideresa: "Como chaleco antibala por tu comunidad"
El día en que Vistazo.com visitó a Johanna, una docena de niñas y adolescentes atendía un taller para construir un manifiesto por el Día Internacional de la Mujer. También ensayaban su presentación para este domingo. Mientras Johanna las dirige, muchas ríen golpeando con fuerza los tambores.
Esa mañana algunas dijeron las frases que querían integrar en sus exigencias: "No quiero sentirme valiente al salir a la calle, quiero sentirme libre".
Johanna explica que, en el contexto actual, las mujeres padecen la violencia de manera triplicada. Ella compara que antes se hablaba del acoso callejero, pero hoy la problemática ha escalado al "acoso de un GDO que vive en tu barrio".
Cuando se les pregunta a sus alumnas sobre el impacto de Johanna en sus vidas, la describen como amiga, profesora y mentora, pero aseguran que necesitarían mucho tiempo para explicar con palabras cuánto las ha marcado.
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Para Johanna, ahora estamos sembrando la semilla del cambio; no será rápido, pero esta vez nadie podrá decir que no se hizo nada como en el pasado.