El verdadero 'Godzilla' no es el fenómeno de 'El Niño', sino un Ecuador desarmado ante la gestión de riesgos

Si unos días consecutivos de lluvias en los primeros meses del año cobraron la vida de 17 personas, dejaron 119 mil afectados, destruyeron 33 puentes y acabaron con 79 kilómetros de carreteras, ¿qué pasará con un Niño que cause estragos por ocho o nueve meses?

La alarma por lo que algunos llaman “Súper Niño o Godzilla” revela las costuras de un país que no está preparado para enfrentar fenómenos de esta naturaleza. A pesar de que en 2023 ya hubo un plan, nada de eso se ejecutó y las autoridades parece que esperan la emergencia antes que prever acciones para evitar el desastre. Si el fenómeno de El Niño se configura e impacta al país, será la crónica de una tragedia anunciada.

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Hay quienes aducen que el fenómeno de El Niño de 1877-1878 fue tan devastador que provocó una hambruna en la India que mató a millones de personas, y una sequía inclemente en Brasil, China y el sur de África. Hasta se sugiere que esto contribuyó a la racha de malas cosechas en Europa que coadyuvaron al descontento que terminó en la Revolución Francesa. Más atrás en el tiempo, al travieso Niño le atribuyen las crisis políticas y económicas del antiguo Egipto o la caída de civilizaciones indígenas en Perú. Las predicciones de 2026 han hecho a muchos hablar de un ‘Súper Niño o Godzilla’ similar o mayor al registrado hace siglo y medio, que se formaría en los próximos meses y podría impactar a Ecuador.

Pero hay mucho de exageración y falta de información en aquello, alerta Franklin Ormaza, PH.D. en Oceanografía y profesor de la Facultad de Ingeniería Marítima y Ciencias del Mar de la Espol. Explica que, a finales de 1800, el planeta salía de una mini era glacial que comenzó un siglo antes. Eso provocó afectaciones al clima que repercutieron en las cosechas y consecuente hambruna. “El Niño profundizó eso, pero no fue la razón principal y eso está ampliamente documentado”, dice el experto.

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Ormaza añade que hay que diferenciar dos cosas. La primera, que el fenómeno de El Niño se produce en el océano Pacífico a ocho mil kilómetros de distancia del Ecuador, y que puede ser débil, moderado o fuerte, pero no Godzilla. Lo segundo es que, independientemente de la fuerza del fenómeno, no siempre esa severidad se refleja en nuestro país. En 2015 y en 2023-2024 hubo Niños fuertes, pero en Ecuador no se registró mayor repercusión. ¿Cuándo lo sabremos? Todo depende de cómo se configure la temperatura del mar y otras variables entre julio y octubre, y que se infle o desinfle la previsión. Por eso, los estragos a Ecuador llegarían en diciembre y se sentirían hasta mayo.

$!Cada año, Ecuador y sus ciudadanos sufren los estragos del invierno. El fenómeno de El Niño multiplicaría esos daños.

De todos modos, el único ‘Godzilla’ hasta ahora es la crisis del país: carreteras en mal estado, falta de empleo e informalidad, crisis en los hospitales, inseguridad y violencia, canibalismo político, y otros tantos males que, junto con impactos de El Niño, se convertirían en un coctel para el desastre.

Ecuador no puede ni enfrentar un invierno: según datos de la Secretaría de Gestión de Riesgos, en los primeros meses del año, las lluvias cobraron la vida de 17 personas, dejaron 119 mil afectados, destruyeron 33 puentes y acabaron con 79 kilómetros de carreteras. Y cada año la situación es la misma. Si unos días consecutivos de lluvias hicieron eso, ¿qué pasará con un Niño que cause estragos por ocho o nueve meses?

Un plan para enfrentar El Niño que se cayó

El mejor registro de lo que puede hacer El Niño en Ecuador es 1997-1998, cuando las afectaciones al país superaron los USD 2.800 millones y una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 17 por ciento. En comparación, el primer año de pandemia significó una caída del PIB cercana al ocho por ciento y, en 2024, un ajuste del dos por ciento por la crisis energética y los apagones.

Mientras en Perú, el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial estima pérdidas de más de USD 85 millonesdiarios con un Niño moderado, con desglose por cada sector productivo, en Ecuador todavía no hay previsiones. Lo más cercano es un informe de 2023, cuando también se encendieron las alertas por un ‘Súper Niño’ que no impactó a nuestro país. Eso obligó al gobierno de Guillermo Lasso a elaborar un plan que estimaba casi USD 3.800 millones en pérdidas en ciertos sectores.

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El “Plan de Acción ante el Fenómeno de El Niño 2023-2024” delineaba las acciones y sinergias entre todas las instituciones del gobierno, municipios y prefecturas, con inversiones por más de USD 760 millones para mitigar los impactos. En el papel la idea sonaba muy bien, pero en la práctica nunca se concretó. “Nunca se definió si ese dinero provendría de líneas de crédito de multilaterales o de dónde y aquí estamos de nuevo ante otra alerta y nada ha cambiado”, cuestiona Cristopher Velasco, presidente de la Asociación de Profesionales en Gestión de Riesgos del Ecuador.

$!FUENTE: Plan de Acción ante el Fenómeno de El Niño 2023-2024
$!FUENTE: Plan de Acción ante el Fenómeno de El Niño 2023-2024

“No solo hablamos de pérdidas económicas. Ecuador es un país que no trabaja con lógica de gestión de riesgos, sino de reacción. Se espera que pasen las cosas, para tomar acciones. Por ejemplo, dónde están los escenarios del Ministerio de Salud que diga en tanto por ciento se pueden incrementar las enfermedades tropicales como zika, chikungunya, cólera, etc., y en función de eso tengo tal plan de prevención. O cuántos niños no van a poder ir a la escuela”, dice Velasco. Menciona tres aspectos que muestran esta realidad.

Primero, a cargo de enfrentar este problema el gobierno puso al Comité de Operaciones de Emergencia que trabaja cuando un evento está ocurriendo. El país tiene un Comité Nacional de Reducción de Riesgos, que es desde donde se deberían implementar las acciones de prevención, pero ahí está pintado.

Segundo, la Secretaría de Riesgos tenía un presupuesto de USD 34 millones en 2023, que se redujo a 19 en 2024 y no ha aumentado hasta este año.

Y tercero, hace un par de años se expidió la Ley de Gestión Integral de Riesgos que a nadie parece importarle.

La Ley dice que hay que construir un fondo de responsabilidad empresarial para poder hacer reducción de riesgos, que será hasta el dos por ciento de las utilidades netas del sector privado. Pero no se cumple y todos los años pasa lo mismo”.

Vistazo solicitó una entrevista con la secretaria de Gestión de Riesgos, Carolina Lozano, pero su equipo de Comunicación dijo que por agenda no había tiempo disponible.

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$!El verdadero 'Godzilla' no es el fenómeno de 'El Niño', sino un Ecuador desarmado ante la gestión de riesgos

Una culpa compartida: ¿qué hacen los ciudadanos?

De los 143 cantones y 491 parroquias, distribuidas en 17 provincias, que están en riesgo ante un eventual fenómeno de El Niño, por ubicarse a menos de 1.500 metros sobre el nivel del mar, la mayoría corresponde a sectores rurales, dedicados a la agricultura y economías informales. Los cantones Salitre, la capital montuvia, y Alfredo Baquerizo Moreno, en Guayas, por ejemplo, tienen un 99 por ciento de su superficie en áreas susceptibles a inundación.

“La gente de la ruralidad vive al día. Es una población conexa a la economía informal. Esto hace que después de una catástrofe no pueda recuperarse rápidamente. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que el precio de la leche o de los productos agrícolas no ha variado, pero los precios de los insumos que usan para la producción han incrementado, estamos frente a una economía que está al límite. Un fenómeno de El Niño agudizaría esa situación”, dice el analista económico Juan Sebastián Naranjo. Refiere que ya vimos eso en El Niño de 1997-1998, lo cual fue una de las causas del descalabro financiero en 1999. Por ello recuerda que cuando la gente no puede recuperarse económicamente busca migrar a otros países.

A todo esto hay que sumarle que El Niño también generaría falta de lluvias en la Sierra y Amazonia, que pondría en problemas a las hidroeléctricas y regresarían los apagones.

$!Hay decenas de cantones que tienen más del 90 por ciento de sus superficie en áreas propensas a inundaciones y deslizamientos de tierra.

La situación es adversa. Uno de los mayores desastres que enfrentó el país en los últimos años fue el terremoto de 2016. En ese entonces, el gobierno incrementó temporalmente el IVA para la reconstrucción de las zonas afectadas. Por otro lado, frente a los estragos del invierno de los últimos años y la crisis de seguridad, el gobierno de Daniel Noboa también incrementó el IVA y ha ofrecido bonos a los productores. Impuestos o bonos son dos alternativas que tendría el gobierno para enfrentar una emergencia, explica Naranjo. Pero con un déficit fiscal y una deuda abultada, todo indicaría un decrecimiento del PIB si se enfrenta a un fenómeno de El Niño.

Las prefecturas y municipios también tienen su parte: el gobierno emitió lineamientos para que tomen medidas de prevención. Pero su margen de maniobra es limitado: el mismo gobierno les debe asignaciones por más de USD 500 millones con los que podrían ejecutar obras. En medio de esa encrucijada nos acercamos a las elecciones seccionales a finales de noviembre.

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Quienes se reelijan quizá tendrán más posibilidades de ejecutar obras; quienes no sean reelegidos se preocuparán más por buscar un nuevo trabajo que por enfrentar los estragos de El Niño. Y las nuevas autoridades se posesionarán en mayo de 2027, muchos de ellos nuevos en gestión pública que entrarán a aprender. Seguramente el fenómeno climático será una de las consignas de la campaña para criticar a los oponentes, mientras el perjudicado será el país.

¿Y qué hay de los ciudadanos? No todo está en manos del Estado, dice el oceanógrafo Franklin Ormaza. “¿Usted, limpia la alcantarilla de su casa, de su barrio, la basura, los residuos? ¿Qué estamos haciendo cada uno para evitar los estragos del invierno? ¿Nos estamos informando adecuadamente? También hay cosas que empiezan en el hogar”. Quedan pocos meses en los que gobierno y ciudadanos todavía pueden tomar medidas preventivas.

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