Cada 22 de julio se conmemora el Día Mundial del Cerebro, una fecha dedicada a promover el cuidado de este órgano y a prevenir enfermedades neurológicas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de una de cada tres personas vive con alguna afección que compromete su salud cerebral. Bajo este contexto, investigadores han comenzado a estudiar cómo los nuevos hábitos tecnológicos, entre ellos el uso intensivo de la inteligencia artificial (IA), pueden influir en el funcionamiento del cerebro.
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Un estudio del Massachusetts Institute of Technology (MIT ) analizó cómo influye el uso de ChatGPT en la redacción de ensayos de 54 universitarios divididos en tres grupos. Los primeros usaron el modelo, otros solo buscadores y el tercer grupo escribió sin tecnología.
¿El resultado? Quienes trabajaron sin esta inteligencia mostraron redes neuronales más amplias y mayor actividad cerebral. Los otros presentaron menor conectividad, recordaron con más dificultad lo que habían escrito y manifestaron un menor sentido de autoría sobre sus propios textos.
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El psicólogo Jon Andoni Duñabeitia, director del Centro de Investigación Nebrija en Cognición, explica en una entrevista con Vistazo que "el cerebro trabaja de forma menos intensa cuando delega estas tareas. El problema aparece cuando la IA se convierte en la única forma de resolverlas".
Lo compara con conducir siempre guiado por un GPS. La herramienta facilita el recorrido, pero, si un día deja de funcionar, muchos ya no saben llegar por sí solas. Con la IA pasa algo similar. "Está bien utilizar estos sistemas, pero siempre de manera regulada y complementaria. No como único modo para resolución de tareas, sí como un apoyo adicional".
Evidencias de un estudio en Asia
Otro respaldo apareció este 2026 en China. Por 30 meses, investigadores de Stockholm University y The University of Hong Kong siguieron el desempeño de más de 26.000 estudiantes mientras usaban estas herramientas para hacer sus tareas. Las calificaciones escolares mejoraron un 18% y el tiempo necesario para completar los trabajos disminuyó un 30%.
No obstante, cuando rindieron exámenes presenciales sin acceso a estas herramientas, los puntajes se desplomaron. En seis meses cayeron un 20% y, dos años después, la disminución alcanzó entre el 18 y el 24%.
Ls resultados detectaron que las pérdidas estaban en quienes resolvían las tareas con una rapidez inusualmente alta, comportamiento compatible con la externalización del esfuerzo cognitivo, y quienes usaban IA sin reducir el tiempo para estudiar mostraban efectos mucho menores.
¿Cuáles son las afectaciones?
Pilar Durán, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, explica en una entrevista virtual con Vistazo que este fenómeno con una expresión que denomina "el costo cognitivo de la conveniencia". Cada vez que se delega procesos como escribir, memorizar, analizar o argumentar, el cerebro debilita las conexiones neuronales responsables de esas funciones, algo que describe como "dejar morir neuronas", dice la bióloga de profesión.
El español Jon Andoni Duñabeitia recalca que no es un punto concreto del cerebro que se ve estructuralmente afectado, sino un modo de desempeño cerebral. Él habla de una red de conexiones funcionales entre diferentes áreas cerebrales que "con el uso de IA generativa reduce el número e intensidad de conexiones".
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La investigadora, quien es doctora en Ciencias, concuerda y aclara que el problema no es la IA en sí, sino convertirla en un sustituto permanente del pensamiento. El alivio, dice, está en que el cerebro conserva una enorme capacidad para recuperar funciones con entrenamiento.
Para hacerlo, la mexicana recomienda ejercitar la mente a través de actividades cotidianas como escribir a mano, resolver operaciones sin calculadora o leer.
Todas estas ayudan a reconstruir esas rutas neuronales. En el marco del Día Mundial del Cerebro, los especialistas recuerdan que cuidar este órgano también implica mantenerlo activo, incluso en una era en la que la IA puede hacer cada vez más tareas por nosotros.