Jarrones chinos: el destino de los expresidentes que no aceptan que su tiempo terminó

En 1982, el presidente colombiano Belisario Betancur declinó organizar la Copa Mundial de Fútbol de 1986 por considerarlo un gasto indebido. Ante las críticas de algunos exmandatarios, soltó con humor una metáfora célebre:

"Se parecen a los floreros chinos, que, siendo grandes y lujosos, nadie sabe dónde ubicarlos y corren el riesgo de quebrarse".

En América Latina, la predisposición de ciertos exgobernantes a no abandonar la escena cuando los actores de la obra ya son otros los convierte precisamente en eso: en jarrones chinos.

El síndrome del jarrón chino: los que se niegan a soltar el poder

El ejemplo más claro de esta tendencia es Rafael Correa. Dejó el poder hace casi una década y se ha dedicado a gobernar desde la oposición, criticando todo lo que hacen sus sucesores en un horario de 24/7. Es un jarrón que bien podría quebrarse.

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En la misma línea se encuentran Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez, cuyas actuaciones públicas posteriores a sus mandatos acumulan cuestionamientos que no ameritan un balance positivo.

"Si todos los expresidentes entendieran que todo en la vida tiene un fin y que, una vez terminado su mandato, es el tiempo de otro, no se convertirían en jarrones chinos".

La cara opuesta: perfiles que encontraron su lugar

En contraste, un grupo de exmandatarios ha canalizado sus energías y experiencia hacia áreas de alto impacto constructivo:

Osvaldo Hurtado: Ha profundizado en el estudio académico de la idiosincrasia nacional a través de obras notables que ayudan a entender quiénes somos y hacia dónde ir. Dirige CORDES, un centro de pensamiento que evalúa el pulso económico del país desde la data y no desde el hígado. Raras veces irrumpe en el debate nacional, salvo cuando el panorama está empañado; cuando lo hace, actúa como una voz de advertencia indispensable.

Jamil Mahuad: Recientemente fue conferenciante magistral sobre política latinoamericana en la Universidad de Oxford. En 2023, el Interamerican Institute of Democracy le entregó el premio George Washington por haber logrado la paz con Perú —un hito que también le fue reconocido en su momento por Keiko Fujimori en su posesió—. Una condena judicial por una decisión económica impopular, que no constituye delito, le impide volver a Ecuador, confirmando el viejo adagio de que nadie es profeta en su tierra.

Lenin Moreno: Fue y será un demócrata. Tras su salida, solo ha acudido a las redes sociales de manera estrictamente defensiva frente a los ataques de su antecesor. No encaja bajo ningún concepto en la categoría de jarrón chino.

Guillermo Lasso: Tampoco es un jarrón chino. Ha intervenido en los debates digitales únicamente cuando ha sido atacado. Paralelamente, ha volcado recursos propios en la creación de becas universitarias en el extranjero para estudiantes destacados, entendiendo que una beca tiene el poder absoluto de cambiar vidas.

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Rosalía Arteaga: Mantiene a través de una fundación un programa enfocado en capacitar y premiar a maestros destacados, apostando por la capacitación docente, una prioridad que el Estado rara vez atiende con la urgencia que requiere.

La diferencia entre quedarse atrapado en el pasado y trascender radica en una simple premisa: asumir que el tiempo de cada uno en el poder fenece, y que ceder el escenario es también una forma de servir al país.