por Ligia Proaño Fabara
Tomarse un respiro del ajetreo diario no es solo un placer, sino una necesidad biológica. Según investigaciones recientes, una siesta reparadora puede ser la clave para "reiniciar" el cerebro, mejorar el rendimiento cognitivo y fortalecer el sistema inmunológico.
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Sin embargo, cuando este descanso se comparte con un perro o un gato, los beneficios se multiplican gracias a la conexión emocional y química que se genera entre el tutor y el animal.
Un estudio publicado en la plataforma científica ScienceDirect (2022), titulado "Revisión sistemática y metaanálisis sobre los efectos de la siesta de la tarde en la cognición" determinó que las siestas breves ayudan significativamente a mejorar la memoria y la vigilancia en personas de todas las edades. No obstante, la duración es el factor determinante para evitar el cansancio post-sueño.
De acuerdo con los expertos, el tiempo ideal de descanso oscila entre los 20 y 30 minutos. Este intervalo permite que el cerebro permanezca en una fase de sueño ligero, facilitando un despertar alerta. Por el contrario, superar este tiempo puede derivar en "inercia del sueño", provocando una sensación de aturdimiento durante el resto de la jornada.
Dormir junto a un animal de compañía no solo fortalece el vínculo afectivo y la confianza mutua, sino que tiene efectos fisiológicos medibles. El contacto físico con perros y gatos estimula la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la oxitocina, conocidas como las "hormonas del bienestar".
El Dr. Valli, especialista en comportamiento animal, señala que "acariciar animales disminuye la presión arterial, la frecuencia cardíaca y los síntomas de depresión". Además, dormir juntos puede proporcionar una sensación de seguridad y un aumento natural de la temperatura corporal, lo que favorece la relajación profunda.
A pesar de las ventajas, el descanso compartido no es apto para todos los perfiles:
Si su compañero es joven, la siesta es aún más vital. Mientras que un humano promedio necesita entre 7 y 8 horas de sueño, los perros adultos duermen entre 12 y 14 horas, y los gatos hasta 20 horas.
En el caso de cachorros y gatitos, el sueño es fundamental para el desarrollo neuronal y el procesamiento de la información. "Su cerebro se sigue desarrollando hasta que cumplen más de un año; las siestas facilitan este crecimiento físico y cognitivo que consume grandes cantidades de energía", explica la Dra. Valli.
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En conclusión, una sesión de mimos y un breve descanso junto a su mascota pueden ser la herramienta más sencilla y efectiva para mejorar su estado de ánimo y agudeza mental antes de continuar con la rutina diaria.