<img src="https://certify.alexametrics.com/atrk.gif?account=fxUuj1aEsk00aa" style="display:none" height="1" width="1" alt="">

Los talentos ocultos de Anthony Hopkins y Woody Allen

La pluma de Juan Bone.

9 junio 2021 - Revista Hogar
La historia de la humanidad está atravesada por el arte. En cualquiera de sus formas, el arte recoge las piezas desperdigadas de aquello que nos compone, y en un acto de total honestidad, trae a los sentidos el resultado de la expresión del espíritu.

No cabe duda de que cada expresión artística tiene detrás un oficio, una serie de herramientas que sirven al artista para llevar a cabo la obra. La formación del quehacer artístico toma una gran cantidad de trabajo, más allá del talento. Es por eso que hay quienes nos sorprenden cuando logran desempeñarse en más de una rama del arte. Anthony Hopkins y Woody Allen, además de alcanzar la grandeza en el mundo del cine, son parte de este grupo de gente que se han involucrado en otras expresiones artísticas.

Hopkins, el músico

Anthony Hopkins, además de destacarse en el cine, interpretando personajes como Alfred Hitchcock, en la película “Hitchcock”, o el padre Lucas, en “El Rito”; nos deja sorprendidos con sus habilidades musicales. El día en que escuché And The Waltz Goes On, navegaba en el mar negro de YouTube hasta que una joya salió a la superficie. Ahí estaba, viendo en la pantalla de mi computador: un primer plano de la cara de Hopkins, luego él como parte de la audiencia engalanada que aplaude en un teatro de Viena.

“No esperaba escucharlo de nuevo (hablando de André Riu), pero me llamó de regreso para decirme que le encantaría tocar (la canción And The Waltz Goes On), que incluso me dejaría escuchar por teléfono los ensayos de su orquesta”. Anthony Hopkins (The Scotsman).

André Riu, el compositor neerlandés, y atrás de él su lujosa orquesta, en una introducción que captura la curiosidad de los asistentes, alaga la pieza musical y cuenta la historia de cómo el actor le pidió que tocara su canción, la cual para sorpresa de Riu resultó ser genial. Hollywood quedó atrás y en su lugar una humilde pero fuerte presencia, la de Hopkins, el músico, que agradece al ansioso público que, sin saber, vino a encontrarse con la emoción de la obra jamás escuchada del titán del cine.

Hopkins también se encargó de componer la banda sonora de las películas "August” y "Slipstream", grabó además un disco de música clásica interpretada por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Birmingham (CBSO).

No hace falta ser un crítico de música para poder emocionarse con esta pieza. Una composición llena de imágenes que, como cualquier buen vals, nos traslada a castillos de salones amplios donde parejas de zapatos brillantes se deslizan por el mármol, los choques de los cristales llenos de champagne y uvas. Personalmente me alegro de haberme encontrado con Hopkins, el músico.

Woody Allen y el jazz

Esa misma tarde, el internet me trajo a Woody Allen, llamado así en homenaje al famoso clarinetista Woody Herman (su nombre original es Allan Stewart Konigsberg). El director de “Manhattan” o “Jazmín Azul”, fue otro de los grandes que no tardó en hacer notar su capacidad musical.

Ahora, imaginen caminar por Soho, Nueva York, el vapor inexplicable de las alcantarillas, las ruidosas calles llenas de piernas locomotoras que esquivan otros caminantes. El jazz es una regla en Manhattan, sale de los cafés de ventanas empañadas, cae del cielo como maná; las películas de Allen hablan de jazz, la ciudad respira jazz. No sería descabellado entrar en el Café Carlyle de la gran manzana y encontrarse con la Woody Allen & Eddy Davis New Orleans Jazz Band, la banda con la que toca hace más de 36 años. Su música es un tributo a la vieja escuela, al estilo Dixieland originado en el Delta del Misisipi, donde la improvisación de los instrumentos de metal se tomaron la escena a principios del siglo pasado.

“Soy como un golfista o tenista de fin de semana. Toco con entusiasmo y amo hacerlo, pero no tengo un verdadero talento para ello”. Woody Allen (Richmond Times-Dispatch).

Si bien no es un músico con el rigor de los grandes, sino más bien un serio aficionado al jazz, como se autodenomina, no se le puede quitar el mérito de lo que significa subirse a un escenario con su clarinete y tocar una canción como New Orleans, y hacerlo bien.

Está claro que Anthony Hopkins y Woody Allen no entrarán al Valhala por la puerta de los músicos, pero no está por demás asombrarse de que detrás de todo el éxito comercial, haya personas como estas, con talentos ocultos, que nos hacen tomar una pausa para que los escuchemos y nos demos el permiso de hacer más de lo que nos permitimos.

Por Juan Bone - [email protected] - IG: @juan_bone_z / Fb: juankbonillaa

Compártenos