"Nun of your business", el documental sobre la historia de amor de dos monjas | Vistazo

"Nun of your business", el documental sobre la historia de amor de dos monjas

  • Ambas se conocieron en el convento, y ahí se dieron cuenta de que su relación llegaría más lejos que las paredes de la institución.

29 de octubre del 2020 - Entretenimiento
Hace unos días se presentó un nuevo documental, durante el festival de cine ZagrebDox, inspirado en la vida de dos mujeres que eran monjas, pero renunciaron a esa vida, para comenzar a vivir su “verdadera vida”.
 
Según señala el portal web de Cosmopolitan, Marita era monja en una isla croata cuando conoció a Fani, la religiosa que terminó siendo su su gran amor. “Simplemente, escuché a mi corazón”, explica la mujer que dejó la Iglesia Católica.
 
La directora de cine Ivana Marinic Kragic describe su trabajo así: “Es la historia de un amor inesperado e inusual pero me concentré más en la cuestión de la libertad individual”.
 
El documental se titula “Nun of your business”, que en inglés juega con la palabra «nun» (monja) y la expresión «none of your business» (eso no es asunto tuyo), y cuenta la vida de las dos mujeres, desde su infancia en lugares remotos de Croacia hasta su decisión de ordenarse y la historia de su relación, que empezó hace diez años.
 
“Ellas encontraron la fuerza de luchar por su amor, algo que en general no está aceptado en nuestra sociedad”, agregó la directora. Además, explicó que su objetivo no es provocar lo controversial sino transmitir empatía a una sociedad conservadora, donde las personas del grupo LGTBQ son con frecuencia víctimas de discriminación y considerados, por la Iglesia Católica, como “discapacitados o enfermos”.
 
Marita Radovanovic entró en el convento a sus 18 años, en la isla de Korcula, en el sur del país, donde nació. Impulsada por su deseo de ayudar a los demás, se opuso a los deseos de la familia para su vida, que eran que Marita lleve una “vida normal”.
 
La joven conoció a Fanica Feric, a quien llamaban Fani, en el convento. Y todo empezó como una relación de amistad que parecía no llegar a ser nada más, hasta varios años después, cuando Marita ya había abandonado la Iglesia.
 
Según este portal, fue en el convento donde Marita, que hoy tiene 36 años, fue consciente por primera vez de su homosexualidad y tuvo su primera relación con una mujer.
 
Por otro lado, Fani, de ahora 40 años, siempre supo que era lesbiana, pero tenía miedo de confesarlo en su pequeño pueblo del este de Croacia. Según relata, se sintió atraída por la vida religiosa al oír cantar a unas monjas y a unos niños en un coro.
 
Con 23 años se hizo monja. “No pensé en el lugar al que iba. En un convento hay muchas mujeres”, comentó. Pero ambas se vieron invadidas por la desilusión en aquel lugar.
 
Marita se dio cuenta de que la vida religiosa no era lejana al acoso y a las mezquindades propias de otras organizaciones humanas.
 
“Antes, lo idealizaba todo, pero me di cuenta de que el marco [de la Iglesia] no me convenía”, declaró . “La consigna de mi orden era ‘Veritas’. Al cabo de un tiempo, decidí ser honesta conmigo misma y con Dios, que es amor”.
 
“Es difícil cuando no encajas porque eres diferente», sostiene Fani. «Para los católicos, la homosexualidad es un pecado importante. Yo rezaba a Dios para que me curara de mi ‘enfermedad’. Pero más tarde me di cuenta de que si Dios me había hecho así, no había nada que curar”.
 
Las dos mujeres empezaron a hablar regularmente por teléfono después de que Marita abandonara el convento.
 
“Pensaba en ella más que en la Biblia”, bromea Fani, que en aquel entonces vivía en Zagreb. Después de una visita de Marita, Fani le pidió al convento unos días para reflexionar sobre su situación.
 
“De joven, cuando veía una estrella fugaz, me decía siempre: ‘Dios, por favor, envíame a alguien como yo’. Ahora ella estaba ahí, así que abandoné el convento”.
 
La directora Ivana Marinic Kragic se tomó siete años para grabar la historia de amor de las dos monjas. Pues tuvo que ganarse la confianza de las dos mujeres, y que estas estuvieran cómodas con su nueva vida “civil”.
 
Tras haber pasado varios años en Zagreb, una trabaja en el sector turístico y otra en restauración. Viven en Korcula, donde la familia de Marita las aceptó tal como son.
 
Ahora afirman haber perdido la fe en la institución religiosa, pero mantienen la suya intacta y esperan poder convencer a otros de seguir su propia vía. 
 

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