En 1977, el príncipe saudí Mohammed Al-Faisal presentó una propuesta ambiciosa y inusual: transportar un iceberg desde la Antártida hasta las costas de Arabia Saudita para aprovechar el agua dulce contenida en el hielo.
La idea surgió en un país con escasos recursos hídricos naturales y que ya comenzaba a invertir en la desalinización del agua de mar.
El proyecto contemplaba seleccionar un iceberg de grandes dimensiones y remolcarlo durante miles de kilómetros hasta la península arábiga.
Una de las estimaciones planteaba utilizar un bloque de hielo de alrededor de 100 millones de toneladas. Aunque nunca llegó a ejecutarse, la propuesta generó interés por los problemas técnicos que implicaba.
Un desafío de ingeniería
Uno de los principales obstáculos era el derretimiento del hielo durante el recorrido. Al atravesar aguas más cálidas, el iceberg perdería parte de su masa, por lo que los responsables del proyecto estudiaron métodos para reducir esta pérdida.
También habría sido necesario garantizar la estabilidad de la estructura durante el remolque y evitar que se fragmentara. Las corrientes oceánicas, el clima y la duración del trayecto añadían dificultades a una operación que habría requerido una logística extraordinaria.
Además, era necesario determinar cuánta agua dulce llegaría finalmente a Arabia Saudita y cuánto costaría obtenerla mediante este método.
Una alternativa frente a la desalinización
Aunque el proyecto buscaba aprovechar una fuente natural de agua dulce, Arabia Saudita ya contaba con una alternativa más consolidada: las plantas de desalinización.
Transportar un iceberg desde la Antártida habría implicado una operación de gran escala, con elevados costos y numerosas incertidumbres. Por este motivo, la propuesta no pasó de la etapa de estudios y nunca se concretó.
Una idea que quedó en la historia
El proyecto de Mohammed Al-Faisal se recuerda por intentar abordar la escasez de agua mediante una solución poco convencional.
Aunque el transporte de icebergs no se convirtió en una alternativa viable, la propuesta refleja la búsqueda de nuevas formas de abastecimiento en regiones áridas.
Actualmente, tecnologías como la desalinización y la reutilización del agua tienen un papel mucho más relevante en la gestión de los recursos hídricos.
Décadas después, aquella idea permanece como uno de los proyectos más singulares planteados para enfrentar la falta de agua en el desierto.













