A 74 grados de latitud norte en el Ártico canadiense, Devon Island se alza como una de las regiones más inhóspitas del planeta. Ubicada aproximadamente a 8.000 kilómetros al norte de Hawái, esta masa de tierra es cinco veces más grande que el archipiélago hawaiano y permanece completamente deshabitada.
El territorio funciona como un desierto polar: montañas áridas flanquean playas erosionadas por hielo perpetuo, aves marinas dominan los cielos y ocasionalmente un buey almizclero vaga por la costa.
Situada junto al legendario Paso del Noroeste. En Nunavut, Devon Island guarda historias de fracasos humanos, expediciones condenadas y presencia ancestral inuit que revelan por qué este lugar se resiste a ser colonizado.
La tragedia de la expedición Franklin
En 1845, 129 tripulantes del HMS Erebus y HMS Terror zarparon desde Gran Bretaña con la misión de cartografiar el esquivo Paso del Noroeste, y ninguno regresó con vida.
Las búsquedas de rescate comenzaron en 1848. El primer indicio del destino de la tripulación llegó dos años después: un rastrillo de naturalista hallado en las costas heladas de Devon Island en 1850.
Los rescatistas posteriores descubrieron fragmentos de tela marcada con la palabra «Terror», 700 latas de carne selladas con plomo, ropas, herramientas de hierro, cuerdas y tuberías dispersas por el territorio. Expertos han identificado múltiples causas de muerte en la expedición: hipotermia, hambre, envenenamiento por plomo y diversas enfermedades que diezmaron a la tripulación en aquellas aguas árticas.
El legado del rescate fracasado
En 1852, Sir Edward Belcher encabezó el último operativo de rescate oficial para encontrar a los hombres desaparecidos. Su equipo erigió mojones de piedra en una pequeña bahía que hoy es el Sitio Histórico Nacional de Port Refuge, aunque la búsqueda no tuvo éxito.
Sin embargo, uno de los buques de esa misión, el HMS Resolute, dejaría una huella inesperada en la historia mundial.
La madera del HMS Resolute fue utilizada para construir el Resolute Desk, uno de los muebles más icónicos del mundo. Este escritorio ocupa un lugar de honor en el despacho presidencial de Estados Unidos hasta el día de hoy, convirtiendo un fracaso ártico en símbolo de poder político.
El intento fallido de presencia civil
Alrededor de 70 años después de que el Paso del Noroeste fuera cartografiado con éxito, la Real Policía Montada de Canadá decidió establecer presencia oficial en Devon Island.
En 1924, tres agentes fueron enviados junto con 52 personas inuit que habían sido desplazadas por la fuerza a Dundas Harbour. Un punto costero con acantilados escarpados y playas rocosas frente al estrecho de Lancaster.
La función de estos agentes no era patrullar el territorio en sentido tradicional, sino establecer una presencia que demostrara la soberanía canadiense sobre la región ante posibles reclamaciones de otras naciones. En apenas tres años, la misión terminó en tragedia: dos de los tres agentes murieron —uno se suicidó y otro se disparó accidentalmente—.
El tercero, junto con las familias Inuit, abandonaron rápidamente el asentamiento aislado. La policía cerró el puesto en 1933, lo reabrió en 1945 y lo clausuró definitivamente en 1951, marcando el fin de los intentos de colonización permanente.
Un cementerio de ambiciones humanas
Hoy, pequeños cementerios albergan las sepulturas de aquellos agentes de la Real Policía Montada. Antiguos asentamientos Inuit y restos dispersos de expediciones fallidas conforman el paisaje de Devon Island.
Actualmente, la NASA y el Mars Institute utilizan Devon Island para entrenamientos análogos de futuras misiones a Marte. Dadas sus condiciones de frío extremo, sistemas de comunicación limitados y falta de luz solar y vegetación. Los científicos realizan simulaciones en tiendas modulares montadas en el cráter de impacto de Haughton, de 22,5 kilómetros de diámetro.
La isla es considerada demasiado inhóspita para mantener un puesto de investigación permanente durante el invierno ártico. Devon Island permanece prácticamente deshabitada, pero sus condiciones extremas la convierten en un laboratorio natural donde los intentos humanos de dominio han terminado invariablemente en fracaso.











