Hace unos 7.300 años, una gigantesca erupción volcánica en el sur de Japón cubrió extensas áreas de ceniza y alteró la vida de las comunidades locales. Sin embargo, sus consecuencias no fueron iguales en todo el archipiélago: mientras algunas poblaciones disminuyeron, otras crecieron y recibieron posibles grupos desplazados.
Un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Cambridge y la Universidad de Lund analizó este proceso mediante 540 dataciones por radiocarbono de yacimientos arqueológicos. Los científicos compararon los registros de los 750 años anteriores a la erupción con los del mismo periodo posterior para reconstruir los cambios demográficos.
Una erupción que transformó el paisaje
El episodio, conocido como erupción Kikai-Akahoya, ocurrió en una caldera volcánica situada bajo el mar, a unos 30 kilómetros al sur de Kyushu, una de las principales islas japonesas. Se estima que expulsó entre 332 y 457 kilómetros cúbicos de material volcánico y generó flujos de gases y rocas a temperaturas extremas, además de tsunamis.
En el sur de Kyushu, la ceniza alcanzó entre uno y dos metros de espesor en algunas zonas. Esta acumulación dañó la vegetación y dificultó la recuperación de los ecosistemas de los que dependían las comunidades de la cultura Jomon, dedicadas a la caza, la pesca y la recolección.
Los registros arqueológicos indican que la población local ya había comenzado a disminuir antes del desastre. La erupción intensificó esa tendencia y dejó una marcada reducción de las evidencias de ocupación humana en la región.

Los supervivientes se adaptaron a nuevas condiciones
En contraste, las poblaciones de la costa norte de Kyushu continuaron creciendo. Los investigadores plantean que parte de este aumento pudo deberse a la llegada de personas procedentes de las áreas devastadas.
Algunos objetos arqueológicos respaldan esta posibilidad. Un tipo de pendiente de piedra asociado con el sur de Kyushu apareció en asentamientos septentrionales después de la erupción, lo que podría indicar desplazamientos y nuevos contactos entre comunidades.
También se registró un aumento de las puntas de arpones de piedra en las costas del norte. Estos hallazgos sugieren que algunos grupos intensificaron la explotación de recursos marinos y ampliaron sus estrategias para conseguir alimentos.

Las consecuencias llegaron más lejos
Los cambios demográficos no se limitaron a las zonas cercanas al volcán. En partes del centro y el este de Honshu, la isla más extensa de Japón, también se observaron descensos de población o una desaceleración del crecimiento, pese a que la ceniza depositada era mucho menos abundante.
Entre las posibles explicaciones figuran los efectos de las partículas volcánicas sobre la salud humana y animal, los cambios en la disponibilidad de alimentos y un posible enfriamiento climático.
En resumen, los resultados muestran que la supervivencia dependió de la capacidad de las comunidades para adaptarse a las nuevas condiciones. Los desplazamientos, los contactos entre grupos y la diversificación de los recursos alimentarios pudieron contribuir a la recuperación de algunas poblaciones tras uno de los episodios volcánicos más importantes de la prehistoria japonesa.













