Ir al gimnasio, ponerse los auriculares y completar una rutina sin hablar con nadie no significa ser una persona poco sociable. Para muchos, entrenar en solitario es una forma de ganar autonomía, concentrarse y dedicar tiempo al propio bienestar.
La teoría de la autodeterminación, desarrollada por los psicólogos Edward Deci y Richard Ryan, ayuda a explicar esta preferencia. El enfoque identifica tres necesidades psicológicas básicas: autonomía, competencia y conexión social. La primera se relaciona con la capacidad de tomar decisiones propias y puede influir en la motivación para hacer ejercicio.
Una revisión de 66 estudios publicada en el International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity encontró una relación entre la motivación autónoma y la continuidad de la actividad física. Esto sugiere que quienes eligen entrenar porque disfrutan de la actividad tienen más posibilidades de mantener el hábito.
La libertad de entrenar a su propio ritmo
Una de las ventajas de ir al gimnasio sin compañía es organizar cada sesión según las propias necesidades. Elegir los ejercicios, ajustar los descansos y modificar la intensidad permite seguir una planificación sin depender de los horarios o las preferencias de otra persona.
Además, para quienes tienen jornadas laborales exigentes, el entrenamiento puede convertirse en una pausa de las obligaciones cotidianas y una oportunidad para desconectar.
Concentración y menos presión social
La ausencia de conversaciones e interrupciones puede facilitar la atención a la técnica, la respiración y la ejecución de los movimientos. Algunas personas también se sienten más cómodas al no tener que compararse con otros usuarios ni preocuparse por cómo las perciben.
Esta preferencia puede ser especialmente importante para quienes están empezando a entrenar y todavía sienten inseguridad en el gimnasio.
Entrenar en grupo también tiene beneficios
Preferir el entrenamiento individual no significa que ejercitarse acompañado sea menos beneficioso. Un estudio publicado en The Journal of the American Osteopathic Association analizó a 69 estudiantes de Medicina y comparó los efectos de las clases grupales con los del entrenamiento individual.
Al finalizar la investigación, quienes participaban en clases colectivas registraron una reducción del 26,2 % en el estrés percibido y mejoras en la calidad de vida. Los resultados apuntan a posibles beneficios de la actividad física compartida.
En resumen, entrenar solo o acompañado depende de las preferencias y los objetivos personales. Mientras algunas personas encuentran motivación en la interacción social, otras disfrutan de la independencia. Lo importante es elegir una modalidad que permita mantener la actividad física de forma regular y sostenible.













