En 2016, una huella de dinosaurio de grandes dimensiones fue descubierta en el desierto del Gobi, una extensa región que se encuentra entre el norte de China y el sur de Mongolia.
La pisada, atribuida a un titanosaurio, mide 106 por 77 centímetros y conserva marcas correspondientes a tres dedos. Estos saurópodos herbívoros vivieron durante el Cretácico y se encontraban entre los animales terrestres de mayor tamaño conocidos.
El hallazgo ofrece información sobre las dimensiones y la locomoción de estos animales, además de aportar nuevos datos sobre el ecosistema que existía en la región hace millones de años.
¿Qué tamaño podía alcanzar el animal?
Las dimensiones de la huella permiten realizar estimaciones sobre el tamaño del animal que la produjo. En este caso, los investigadores calcularon que podía medir entre 20 y 35 metros de longitud y pesar alrededor de 40 toneladas.
Estas cifras son estimaciones y no pueden determinarse con exactitud a partir de una única huella. Para obtener una aproximación más precisa, los paleontólogos también consideran otros factores, como la longitud de las extremidades y las proporciones corporales conocidas de dinosaurios relacionados.

Una característica particular del hallazgo es la forma en que se conservó la pisada. En lugar de tratarse de una cavidad en el terreno, los sedimentos que se acumularon posteriormente preservaron el relieve asociado a la huella original.
El rastro revela más que una sola pisada
La expedición también encontró otras huellas consecutivas en la misma zona. Una secuencia de este tipo puede proporcionar información sobre la longitud de los pasos y la velocidad aproximada a la que se desplazaba el animal.
Las marcas también pueden ayudar a los investigadores a estudiar la forma en que estos grandes saurópodos distribuían su peso y movían sus extremidades.
Un hallazgo dentro de un registro mundial
Las grandes huellas de saurópodos no son exclusivas del desierto del Gobi. Se han encontrado rastros de estos animales en diferentes regiones del mundo, lo que demuestra su amplia distribución durante el Mesozoico.
El valor de este descubrimiento está relacionado con el tamaño de la huella, su estado de conservación y el conjunto de rastros encontrados en la misma zona.
Para los paleontólogos, este tipo de evidencia permite reconstruir aspectos de la vida de animales que desaparecieron hace millones de años. Cada nueva secuencia de huellas puede aportar información sobre su desplazamiento, tamaño y relación con el entorno.













