Leonardo DiCaprio, conocido por su activismo en defensa del medio ambiente, adquirió en 2015, junto con el empresario Paul Scialla, Blackadore Caye, una isla de aproximadamente 104 hectáreas situada frente a la costa de Belice.
La isla, que había sufrido problemas como erosión y deforestación, fue destinada a un proyecto turístico basado en la restauración del ecosistema local.
La propuesta, denominada «Blackadore Caye, A Restorative Island», contempla la construcción de un complejo de bajo impacto y diferentes medidas para recuperar áreas degradadas.
Entre las acciones previstas se encuentran la replantación de manglares, la creación de arrecifes artificiales y la instalación de estructuras destinadas a la protección y recuperación de especies marinas.
Un proyecto centrado en la restauración
El desarrollo fue planteado con la participación de arquitectos, diseñadores, científicos y especialistas en paisaje, que estudiaron las condiciones ambientales de la isla antes de definir las intervenciones.
Además de las instalaciones destinadas a los visitantes, el proyecto contempla medidas para recuperar la biodiversidad y reducir el impacto de las construcciones sobre el entorno.

Algunas estructuras fueron diseñadas para elevarse sobre el terreno, con el objetivo de limitar la alteración de determinadas áreas. La propuesta también incluye espacios destinados a la investigación y a actividades relacionadas con la conservación.
Qué propone el resort
El plan original contemplaba la construcción de villas privadas y otras instalaciones turísticas, además de áreas destinadas a la recuperación de los ecosistemas terrestres y marinos.
La iniciativa buscaba combinar alojamiento de alto nivel con medidas de restauración ambiental, una propuesta que refleja el creciente interés por modelos de turismo que incorporen criterios de conservación. Sin embargo, el proyecto ha experimentado cambios y retrasos desde que fue anunciado.
La relación de DiCaprio con Belice
El actor visitó Belice por primera vez en 2005 y, según declaraciones realizadas durante el desarrollo del proyecto, quedó impresionado por la biodiversidad del país. Una década después, adquirió Blackadore Caye con el objetivo de impulsar su recuperación.
La iniciativa se convirtió en uno de sus proyectos vinculados con la conservación y puso sobre la mesa una cuestión cada vez más presente en el sector turístico: cómo desarrollar infraestructura para visitantes sin aumentar la presión sobre ecosistemas vulnerables.
El caso de Blackadore Caye también muestra las dificultades de convertir un proyecto de turismo sostenible en una iniciativa de restauración ambiental a gran escala.
Más allá de las promesas iniciales, el impacto dependerá de las medidas que finalmente se implementen y de su capacidad para conservar y recuperar los ecosistemas de la isla.













