Hashima, una pequeña isla japonesa que llegó a albergar a 5.259 habitantes en tan solo 6,5 hectáreas, quedó completamente desierta en apenas 90 días en 1974.
La concentración de tantas personas en un territorio tan reducido estuvo relacionada con la explotación de una mina de carbón ubicada bajo el mar.
Durante décadas, Hashima creció alrededor de esta actividad y llegó a contar con viviendas, escuelas, hospitales y otros servicios para sus habitantes. Sin embargo, el cierre de la mina cambió por completo el destino de la isla.
El 15 de enero de 1974, Mitsubishi anunció el fin de las operaciones y, en los meses siguientes, los trabajadores y sus familias abandonaron Hashima. Para abril de ese mismo año, la isla ya estaba completamente deshabitada.
El auge y la caída de Hashima
Situada a unos 15 kilómetros de Nagasaki, Hashima se convirtió en un importante centro de explotación de carbón a finales del siglo 19, después de que Mitsubishi adquiriera la isla en 1890.
La falta de espacio disponible llevó a aprovechar al máximo el terreno y a construir edificios de varios pisos. Los bloques de hormigón albergaban viviendas, escuelas, hospitales y otros servicios necesarios para los trabajadores y sus familias. En 1959, la isla alcanzó su máxima población, con más de 5.000 habitantes.

La situación comenzó a cambiar durante la década de 1970. Japón incrementó su dependencia del petróleo, mientras la demanda de carbón disminuía. Con la reducción de la actividad minera, la permanencia de la población en Hashima dejó de ser viable.
¿Cómo ocurrió tan rápido?
El anuncio del cierre de la mina marcó el comienzo del abandono de la isla. Los trabajadores fueron trasladados a otras instalaciones y las familias comenzaron a marcharse.
A medida que disminuía la población, también desaparecieron progresivamente los servicios y las actividades comerciales. En aproximadamente tres meses, Hashima quedó completamente deshabitada.

¿Qué ocurrió después del abandono?
Sin habitantes ni mantenimiento, los edificios comenzaron a deteriorarse debido al paso del tiempo y a las condiciones climáticas de la zona.
Con el paso de las décadas, las estructuras de hormigón quedaron parcialmente en ruinas, convirtiendo a Hashima en uno de los símbolos más conocidos del pasado industrial de Japón.
La historia de la isla refleja el impacto que los cambios en las fuentes de energía pueden tener sobre comunidades enteras. Lo que alguna vez fue un importante centro minero terminó convertido en una ciudad abandonada, cuya infraestructura todavía permite observar cómo era la vida de sus antiguos habitantes.
Hashima continúa despertando el interés de visitantes e investigadores y forma parte del patrimonio industrial que permite conocer una etapa importante de la historia económica y energética de Japón.













