La activista iraní Narges Mohammadi expresó en septiembre a AFP sus esperanzas de un cambio en Irán, pese a no tener perspectivas de salir de prisión, y el dolor que supone estar separada de su familia.
La protesta, nacida del rechazo de las restricciones de vestimenta impuestas a las mujeres y de la indignación suscitada por la muerte de la joven, evolucionó en un movimiento dirigido contra la teocracia en el poder desde la revolución islámica de 1979.
Estos incidentes violentos se produjeron dos semanas después de la muerte el 16 de septiembre de Mahsa Amini, una joven kurda de 22 años detenida por la policía de la moral en Teherán por violar el estricto código de vestimenta que rige en el país.
Una generación que no quiere vivir dos vidas como sus padres: una pública acorde con las normas del sistema y otra privada en la que rompen todas esas reglas.