¿Por qué me siento cansada todo el tiempo? La fatiga post-viral que puede aparecer tras una gripe o COVID
No es estrés ni falta de ánimo. El síndrome de fatiga post-viral es real, tiene base inflamatoria y puede aparecer incluso meses después de una infección respiratoria aparentemente leve.
Sentirse agotada después de una gripe parece normal. Pero ¿qué pasa cuando el cansancio no desaparece, la mente se nubla y actividades simples se sienten como correr una maratón? En un contexto de circulación constante de virus respiratorios tales como influenza, COVID-19 y otros, el síndrome de fatiga post-viral se ha convertido en una consulta cada vez más frecuente en los centros médicos.
'El síndrome de fatiga post-viral no es algo subjetivo ni psicológico. No es que la persona sea nerviosa o esté exagerando. Es algo muy real', enfatiza el Dr. Walter Proaño, médico internista y especialista en medicina funcional. La base del problema, explica, es una inflamación persistente que afecta de forma particular al sistema nervioso, lo que se conoce como neuroinflamación.
Lea también: La brújula de las emociones: Guía para entender la salud mental femenina
Esta condición se hizo más visible tras la pandemia. Hoy existe consenso en llamarla COVID largo o COVID persistente, aunque otros virus también pueden desencadenarla. La fatiga es profunda, desproporcionada al esfuerzo realizado y suele acompañarse de somnolencia excesiva, dificultad para concentrarse y la llamada ‘neblina mental’. Puede presentarse entre tres y cinco meses después del COVID y si la fatiga dura más de 12 semanas, se considera una manifestación prolongada del virus.
¿Qué tan frecuente es la fatiga post-viral?
La del COVID-19 es actualmente la causa más común. Estudios publicados en The Lancet y BMJ estiman que entre el 10 % y el 30 % de las personas que han tenido COVID desarrollan síntomas persistentes, entre ellos fatiga crónica, incluso después de cuadros leves. 'Yo me atrevería a decir que entre un 20 y 30 % de los pacientes con COVID siguen con fatiga', señala el Dr. Proaño.
Otros virus como el dengue, la chikungunya y el virus de Epstein-Barr también pueden producir este síndrome. A diferencia de otras infecciones, el COVID dejó de ser epidémico para volverse endémico: 'Es un virus más con el que tenemos que coexistir', explica el especialista.
Lea también: Guía de skincare por edad: cómo cuidar la piel a tus 20 o más de 50 años
Es clave considerar que uno de los grandes cambios post pandemia es que ya no es posible diferenciar solo por síntomas si se trata de una gripe común, influenza o COVID. 'La única forma real es acudir al médico y, de ser necesario, hacer pruebas diagnósticas (hisopado)', advierte Proaño. Esto es muy importante porque algunos virus, como la influenza, sí tienen un tratamiento antiviral específico, pero funciona mejor si se administra a tiempo. La baja cobertura de vacunación y la desinformación también juegan en contra. 'El movimiento antivacunas atenta directamente contra la salud pública', comenta.
Fatiga persistente: seria, pero reversible
Aunque no existe un tratamiento único, el síndrome es manejable. 'Eventualmente va a ceder, pero podemos disminuir la gravedad de los síntomas y cambiar su curso', asegura el médico. El primer paso es un diagnóstico adecuado y luego un abordaje integral.
Para el Dr. Proaño, la base está en la prevención. 'Una dieta moderna, urbana y ultraprocesada es proinflamatoria y proinfecciosa'. Recomienda priorizar comida real, evitar ultraprocesados, azúcar refinada, trigo moderno y lácteos industriales. 'Si no sabes de qué planta o animal viene, probablemente sea inflamatorio', resume. Dormir bien y manejar el estrés también son fundamentales. 'No solo existen virus agresivos, también hay personas predispuestas que son terreno fértil para que estos virus hagan más daño'.
Lea también: ¿Cómo saber si tu tiroides está sana? Consejos para cuidarla y proteger su función
El rol clave de la suplementación
Uno de los pilares del tratamiento es la ingesta de suplementos, como la vitamina D. 'No es solo una vitamina, es una hormona', explica. Estudios realizados en Australia durante la pandemia demostraron que niveles superiores a 50 ng/mL se asociaban con menor riesgo de contagio y enfermedad grave. 'Mi objetivo es llevar a mis pacientes idealmente entre 70 y 100, siempre con control médico', afirma. Además de su efecto inmunológico, la vitamina D protege el sistema nervioso y ayuda a mejorar la fatiga crónica.
La fatiga post-viral tiene un punto crítico: la mitocondria. 'Es donde se produce la energía celular. Cuando está oxidada y desgastada, aparece el cansancio extremo'. Por eso, suplementos como la coenzima Q10, el NAD y sus precursores, que son sustancias que el cuerpo puede convertir en NAD, pueden ser útiles bajo supervisión médica: 'La molécula NAD ha mostrado muy buenos resultados, pero no funciona tomada directamente por vía oral; lo que sirve son sus precursores', aclara. También recomienda omega 3 y cúrcuma por su efecto antiinflamatorio.
No a la automedicación
El doctor Proaño es muy enfático, no se trata de rechazar fármacos, sino de usarlos con criterio. 'El problema es la automedicación con antigripales y antiinflamatorios. Eso daña la microbiota y empeora el cuadro'.
El mensaje final es claro. La fatiga post-viral existe, es frecuente y merece atención médica. Escuchar al cuerpo, cambiar hábitos y buscar orientación profesional puede marcar la diferencia entre vivir agotada o recuperar la energía perdida.