El golpe económico de la pandemia empieza a bajar en Ecuador, pero… | Vistazo

El golpe económico de la pandemia empieza a bajar en Ecuador, pero…

Jorge Cavagnaro / jcavagnaro@vistazo.com Martes, 15 de Septiembre de 2020 - 16:01
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De una caída en ventas promedio del 44 por ciento en abril y mayo, en junio pasó al 22 por ciento. En un porcentaje similar a esta última cifra se proyecta la caída de las ventas totales este año.

Sergio P. tiene un problema que no sabe cómo gestionar: las ventas de su negocio de ropa acumulan 70 por ciento de contracción desde que inició la pandemia. “De siete colaboradores pasé a uno, que lo mantengo porque necesito alguien que me ayude. Créame que si pudiera hacer todo yo, lo haría. No tengo más oxígeno”.

Francisco B., en cambio, proyecta aumento en ventas en sus locales de comida. No fue fácil porque al inicio cerró el negocio hasta organizarse, y tuvo que hacer préstamos para pagar salarios. “Nos activamos mucho por los envíos a domicilio; definimos varios turnos de trabajo con los colaboradores”.

El golpe económico es generalizado, pero su proyección hasta final del año se adapta al tipo de negocio y a la reactivación de cada cantón.

Un reporte de Infomedia, empresa de estadísticas y auditoría, muestra que hasta el momento las ventas del sector empresarial se redujeron 23 por ciento. La principal afectación se dio entre abril y mayo, cuando en promedio los ingresos bajaron 44 por ciento. El impacto se ralentizó en junio, con 22 por ciento, según cifras obtenidas en el Servicio de Rentas Internas (SRI).

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En general se prevé que las ventas totales de las empresas este año lleguen a 123 mil millones de dólares. Comparado a los últimos cinco años, el peor registro. El año pasado se alcanzaron 155 mil millones, es decir, representa una reducción del 21 por ciento.

“La proyección que se tiene, que efectivamente ronda el 20 por ciento. Es un poco menos de lo que se esperaba cuando estábamos en el peor momento de la pandemia”, señala el analista Francisco Briones, aunque prefiere no cantar victoria. En su análisis destaca que la reactivación de junio, que siguió en julio, redujo su intensidad en agosto.

“Era normal porque en esos dos meses anteriores la gente salió a hacer muchas cosas que al inicio de la pandemia no podía”. Por eso, agrega, no le sorprendería que el último trimestre de este año se compliquen un poco las cosas por el aumento del desempleo. “Existirá un repunte por las fiestas de fin de año, pero no creo que será grande”.

En algo ayudará a la escuálida economía el acuerdo al que llegó el Estado con el Fondo Monetario Internacional, a finales de agosto, para recibir 6.500 millones de dólares, aunque repartidos entre este año y los próximos dos. Será una ayuda mínima, dice Briones. “Te salva los muebles este año, para pagar salarios, proveedores, IEES, municipios... La economía se reactivará por el lado privado, con las empresas, empresarios y colaboradores”.

Entre los sectores que hasta junio están por encima en ventas comparados al 2019 destacan los negocios dedicados a la recolección de desechos, con 46 por ciento; la industria farmacéutica, que pasó de 281 millones de dólares a 325 millones; las que elaboran alimento para animales, incluidas mascotas, con 12 por ciento, al igual que otras 25 actividades económicas.

Claro, quienes no crecen o lo están pasando mal, son más: en total más de 200 actividades económicas. En el sector de Telecomunicaciones, por ejemplo, las ventas acumulan 15 por ciento a la baja. “Hay una mora (tardanza en el pago) que llega al 50 por ciento en el sector”, indica Jorge Cevallos, presidente de la Asociación de Empresas de Telecomunicación.

Mientras eso sucede, dice Cevallos, a las empresas de este sector les cobran el IVA e ICE de los servicios que les facturan a sus clientes, “pese a que son facturas que no nos pagan. Es decir, la poca liquidez que tenemos nos las quitan”.

Una encuesta de la firma Deloitte muestra que las principales preocupaciones del sector empresarial radican en la atención a sus clientes y en su situación financiera. Dos inquietudes que, a corto plazo, no cambiarán.