Carta abierta: Actriz y gorda | Vistazo

Carta abierta: Actriz y gorda

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Carta abierta: Actriz y gorda

María Belén Franco Viernes, 08 de Marzo de 2019 - 14:46
La “gordita”, he escuchado eso miles de veces para referirse a mí, lo he escuchado en distintos tonos de voz. Por lo general cuando lo dicen en voz baja, se esconde, como hasta cierto punto con una mezcla de vergüenza y compasión, ¿por qué tanto temor a una simple palabra compuesta por cinco letras? ¿En qué momento se volvió sinónimo  de algo feo, repulsivo, malo e incluso un insulto? 
 
G O R D A. 
 
Soy María Belén Franco Mejía, tengo 33 años soy actriz, directora y productora de profesión. Soy gorda, sí, así como lo leen, a secas, sin miedo a una palabra (que es solo eso, una palabra) que solo describe parte de mi físico pero que no define quién soy, quién quiero ser y quién seré. 
 
Siempre supe que quería ser actriz, bueno por un corto periodo me confundí y quise ser abogada como mi mamá, pero cuando terminé el colegio y me tocó decidir, sin dudarlo le dije a mi mamá “quiero ser actriz”. Con una seguridad como si sabía todo lo que vendría. 
Ser actor no es fácil y no pondré la excusa de: “menos en un país como este”, simplemente no es fácil. Ser actor es entrar a una industria en dónde por mucho tiempo (y lo sigue siendo) el físico es un detonante importante. Porque seguimos creyendo que el aniñado con dinero tiene que ser rubio, ojos claros y blanco y el tan erróneo denominado “cholo” tiene que ser pelo negro, ojos oscuros y tez oscura. Qué equivocados estamos o qué equivocada está la televisión. 
 
Durante mi corta carrera he escuchado de todo, cuando recién empezaba me dijeron “la gente en este medio no quiere gente como tú” (en aquel entonces pesaba 150 libras menos) y yo no entendía qué tenía de malo alguien como yo.
 
Mi autoestima se vio quebrada, mi primer book de fotos fueron solo fotos de rostro, ¿cómo sería tan sinvergüenza de tomarme fotos de cuerpo entero?
 
El camino para volverme a aceptar fue largo y todavía me falta por recorrer. 
 
Foto: Joshua Degel.
 
Irónicamente mi primer trabajo como actriz profesional, fue de la mano de Viviana Cordero y Cristina Rodas, en una obra que necesitaba alguien justo y perfectamente como yo. “Gorda, el peso del amor” en inglés con un título más crudo como la misma obra “Fat Pig” es una obra ganadora de premios Tony, escrita por Neil LaBute. Había tenido la oportunidad de verla en Buenos Aires, cuando viví allá, todavía recuerdo la montaña rusa de emociones y sensaciones que sentí cuando la vi, fue una catarsis instantánea. 
 
En un viaje de mi madre a Argentina, vio la valla publicitaria de la obra (yo ya le había hablado de la magnífica que era esta pieza teatral) se paró y con una sonrisa en la cara me dijo “algún día vas a protagonizar esa obra mi amor” ( mi mamá es mi mejor motor y aliento.) 
Dos años después, Teatro del CCI – Quito “Gorda, el peso del amor” protagonizada por Belén Franco. (Amo contar esta historia, pues los sueños se hacen realidad).
 
Y aunque estaba ahí viviendo mi “dream job” en mi lugar “seguro” como el teatro, me hacían sentir que todavía no querían gente como yo. Recuerdo que había una escena en donde tenía que salir en traje de baño de dos piezas y siempre escuchaba risas, incontenibles risas que con el pasar de la obra se iban quebrando y desvaneciendo, cuando eso sucedía yo sentía que ganaba una batalla. Que Helena (nombre de mi personaje) y yo ganábamos una batalla en contra del monstruo del estereotipo. 
 
Un episodio parecido lo viví años después, cuando haciendo una obra formato micro “Te Odio, Gorda” desde el público me gritaron “peppa pig”, en un instante, mi corazón se paralizó, sentí vergüenza y solo quería salir corriendo de esa sala, y una vez más la gente no quería mujeres como yo. Respiré y seguí, el silencio sepulcral al final de la obra me decía que Matile (nombre de mi personaje) y yo habíamos ganado otra batalla. 
 
Vivimos en una sociedad todavía hipócrita, ponemos frases como “ámate”, “eres bella”, “tu cuerpo es perfecto” pero a la primera oportunidad que tenemos para destruir lo hacemos, lo hacemos con un comentario, con un gesto y hasta con una mirada. 
 
Siempre le tuve recelo a la tv, y es que siempre que me llamaban era para papeles en donde se burlaban de la tan denominada “gordita” y me decían “es que necesitamos alguien así como tú, así gordita, bonita”… consejo al departamento de casting, mejoren su speech. 
Una vez leí una entrevista de Peter Dinklage, él decía que siempre se mantuvo firme al no aceptar papeles en donde viera que se burlaban de su condición  (enanismo). 
 
El año pasado llegó “Maleteados” a mi vida, recuerdo que demoré en aceptar la propuesta, por primea vez ponían a una mujer gorda en una linda historia de amor.  Estaba trabajando con amigos, desde los guionistas, directores y actores, y la verdad no pude tener mejor compañero de escena: Ricardo Velástegui. Pero nuestra sociedad no estaba del todo preparada para ver a una mujer gorda conseguir al hombre de sus sueños, tener un beso apasionado y una “primera vez” en tv nacional.  
 
Entonces empezaron a llegar los mensajes por redes, leí de todo, desde que daba asco, que no era digna para él, que era fea. Yo sabía que eso iba a pasar pero nunca imaginé recibir mensajes (no fueron muchos) en donde me invitaban a matarme, a suicidarme porque era una ballena, porque era indeseable, o por el simple hecho de ser GORDA. 
 
Estuve rodeada de las personas correctas cuando la autoestima y fe en mi misma volvieron a tambalear y me concentré en los mensajes de amor y aceptación.
 
Ser actriz no es fácil, ser actriz y gorda menos. Siento que actrices como Melissa McCarthy, Rebel Wilson, Gabourey Sidibe, Kate Winslet o la súper modelo Tess Holliday (a quien admiro mucho), abrieron un camino importante en la industria de cada país, las actrices gordas somos nada más eso, ACTRICES capaces de darle vida a cualquier personaje que se nos presente. 
 
Hoy con 150 libras más, me tomo fotos de cuerpo entero, me permito sentirme linda, sexy, deseable, me permito gritarle al mundo que ser GORDA no me define en mi carrera, he sido lo que he querido ser, desde una abeja tecnológica, la clásica chica de una película de terror, una mujer que lucha con su marido por su nuevo trabajo, una mujer en busca de placer sexual mediante realidad virtual, una mujer con una gemela idéntica, una mujer que tuvo su historia de amor soñado… y me faltan más personajes para darle vida. 
 
Esta es la piel que habito, este es mi aquí y ahora.
 
María Belén Franco Mejía. 
Actriz.