Transformando la totora | Vistazo

Transformando la totora

Cultura

Transformando la totora

Darwin Borja | [email protected] Miércoles, 16 de Marzo de 2016 - 13:27

Fotos: Segundo Espín

En San Rafael de la Laguna, en Otavalo, se elaboran muebles y artículos decorativos con esa planta acuática. Cuarenta familias indígenas forman parte de una iniciativa comunitaria.

La vida de los habitantes de San Rafael de la Laguna, en Imbabura, gira alrededor de la totora. En junio de cada año, ellos eligen entre las mujeres de sus comunidades a la Totora Ñusta o Reina de la Totora para que presida las fiestas patronales. El primer certamen se realizó en 1970.

El resto del año, en esta parroquia rural del cantón Otavalo se cuida, se cosecha y se teje con esa planta acuática que crece en las orillas del lago San Pablo. Lo hacen desde la época preincaica, cuando se la usaba para construir embarcaciones, para navegar por el lago o se hacían puentes peatonales con totora y cabuya.


En San Rafael. Antonio Aguilar aplica el tejido mazorca
o maíz para elaborar una llama, mientras que Susana
Hinojoza realiza un atado de la totora tinturada.

Uno de ellos es Antonio Aguilar. Él aprendió a los seis años a tejer con su abuelo. Sus primeros trabajos eran esteras, aventadores y cestos que vendían a los viajeros que pasaban por la Panamericana. Florecimiento

En 2003 se creó Totora Sisa, que significa ‘flor de totora’. Desde ese año, Aguilar amplió su catálogo de artesanías. Y no él. Cuarenta familias kichwas que forman parte de esta iniciativa recibieron capacitaciones de uno de sus coterráneos que visitó a los mejores estereros de Perú y del lago Titicaca, en la frontera de Perú y Bolivia. Ahora, ellos elaboran llamas, pesebres, llaveros y muebles con esa fibra.


 Llamas, pesebres y llaveros son algunos de los artículos que elaboran
los habitantes de esta parroquia otavaleña. Esos nuevos productos
surgieron luego de que uno de sus coterráneos visitó Perú.

La empresa comunitaria fue una iniciativa de la junta parroquial, de la unión de comunidades de San Rafael de la Laguna y de varias organizaciones nacionales e internacionales. En ella participan los artesanos de las comunidades indígenas de Huaycopungo, Cuatro Esquinas, Tocagón y Cachiviro, ubicadas al oeste del lago San Pablo y al sur de Otavalo.

“No se está perdiendo la totora. Los comuneros que viven cerca del lago realizan los cortes adecuados para que se regenere nuevamente la planta. Ellos hacen dos cortes al año: en enero y en junio”, afirma Martha Gonza, gerente general de Totora Sisa. Los artesanos cortan las puntas y forman atados para secar la fibra al sol. Luego de ese proceso, ellos elaboran sus arte sanías. Incluso, con la pulpa de esa planta obtienen papel, que lo usan para elaborar fundas.

TIEMPOS DE FRUTOS

“Lo interesante de la totora es su belleza y el color. También es moldeable y maleable para realizar cualquier producto o diseño que soliciten los clientes”, señala Gonza. Entre los objetos que producen están los muebles. Sobre una estructura metálica o de madera se teje la totora para dar forma a un sillón. El costo de uno de ellos se encuentra entre los 190 y 250 dólares.


 Creatividad. Unas 40 familias kichwas le dan variadas formas
a la totora, entre ellas la elaboración de muebles. Estos
se construyen sobre una estructura metálica. 

El catálogo incluye cestas, aretes y sandalias de ese material. La lista se completa con adornos en forma de animales de la serranía como llamas y venados.

Cada uno de esos artículos se realiza en base a los conocimientos que tienen los artesanos, quienes sugieren un nuevo tipo de tejido, una distinta combinación de fibras. Estas propuestas se enmarcan en sus saberes ancestrales y en la norma de calidad ISO 9001-2000. A cambio, la empresa comunitaria les asegura el pago mensual, independientemente de que se venda o no el producto.

Esta iniciativa ha obtenido reconocimientos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), del Municipio de Otavalo y del Gobierno Provincial de Imbabura. Esos logros se relacionan con el proyecto de tratamiento de las aguas residuales, con las que luego se riegan los totorales y disminuye el impacto de la erosión en las orillas del lago.


Totora Sisa recibió un reconocimiento internacional por
un proyecto de tratamiento de aguas residuales,
con las que riegan los totorales.

Por ahora, sus productos se comercializan en supermercados y tiendas de artesanías. Además, sus productos forman parte de la decoración de centros comerciales, museos y hosterías de las provincias de Pichincha e Imbabura. Su siguiente paso es concretar alianzas con otras tiendas departamentales para incrementar las ventas, que en 2013 alcanzaron los 19 mil dólares. En 2014 los ingresos se incrementaron a 26 mil dólares y en el primer semestre de 2015 superaron los 15 mil dólares. De esa forma, la flor de la totora da sus frutos.