por AFP
El Mercado de San Francisco, fundado en 1893 en el centro colonial de Quito, es ampliamente conocido por su área de medicina ancestral, donde locales y turistas acuden en busca de alivio para males tradicionales como el "espanto", el "mal de ojo" o el "mal aire".
Sin embargo, los pasillos de este histórico espacio albergan ahora a unos pacientes particulares: las mascotas, quienes asisten junto a sus tutores para recibir tratamientos basados en hierbas medicinales y pétalos de flores.
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De acuerdo con la tradición popular, los animales de compañía —al ser seres vivos sumamente perceptivos— tienden a absorber las energías negativas del ambiente. Esto se manifiesta a través de síntomas como decaimiento, nerviosismo, bostezos inusuales o pérdida de peso, lo que ha llevado a varios ciudadanos a complementar el cuidado de sus animales con estas prácticas andinas.
Nancy Correa, administradora de empresas de 57 años y quinta generación de curanderas en su familia, explica que el uso de plantas como ruda, ataco, ortiga y eucalipto busca restaurar el equilibrio en los animales. "Muy rara vez vienen aquí las mascotas, pero lo hago porque es un ser vivo muy pegado a nosotros. Es más fuerte energéticamente limpiar a un animalito que limpiar a muchos humanos", asegura Correa al describir el esfuerzo que requiere equilibrar el ánimo de pacientes como Lucas, un perro de raza golden retriever que acudió al mercado tras mostrarse inusualmente asustadizo.
Los costos de estas sesiones varían entre USD 5 y USD 10 según el tamaño de la mascota. Los métodos, que incluyen pasar pétalos, huevos y plantas silvestres sobre el pelaje, no se limitan a caninos y felinos; a los puestos de sanación también han llegado reportes de tratamientos enviados para proteger corrales de vacas, gallinas o cuyes en las zonas rurales. Para la protección posterior, algunas curanderas recomiendan el uso de cintas rojas con wayruro, una semilla amazónica en el cuello de los animales.
A pesar de las notables mejorías en el temperamento de los animales reportadas por sus tutores, las propias yerbateras del mercado enfatizan un punto crucial: la medicina ancestral no sustituye, bajo ninguna circunstancia, el diagnóstico y tratamiento de la ciencia veterinaria.
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Antes de iniciar cualquier sesión de limpieza energética, las expertas consultan formalmente a los tutores si el animal ha sido evaluado previamente por un profesional de la salud. De esta manera, la práctica se mantiene como un soporte cultural y emocional para el bienestar integral de las mascotas, respetando siempre los protocolos médicos necesarios ante cualquier patología física.