En dos años y medio, las estructuras narcodelictivas se duplicaron. El caso de El Oro es sintomático, a partir de la fragmentación de Los Lobos, con una inquietante particularidad que aquí revelamos. El problema en Quito empieza a evidenciarse: bandas delictivas locales, asociadas con grupos más grandes, enganchan a sus nuevos miembros en aulas de colegios. Lo muestra una investigación en Conocoto.
En la zona más violenta del país, la provincia de El Oro, las muertes subieron en 63% en 2026, si se comparan con el año pasado. Esto se refleja en la tasa de crímenes por cada cien mil habitantes: 64, la más alta a nivel nacional. No se trata so lo de cifras. Hay un comportamiento inusual. De cada 100 víctimas, 15 fueron decapitadas. En muchos casos se encontraron solo cabezas: los cuerpos fueron lanzados al mar. Renato González es el oficial a cargo de la zona desde inicios de este año. Él fue uno de los rostros detrás de la investigación para cuantificar el mayor atraco a los fondos de la seguridad social de la Policía. Dedicó años a la recuperación de los recursos mal invertidos por administraciones previas.
Con esa misma determinación, busca ahora identificar las raíces del problema en El Oro. “En 2023 se genera una facción disidente de Los Lobos, que se denomina los Sao Box. De esta manera, Los Lobos quedaron comandados en esta provincia por Carlos Leones Silva (‘Calaca’) y los Sao Box, por Édison Delgado (‘Saoco’) y Abdón Valencia (‘Boxeador’)”. El conflicto se originó en Puerto Bolívar, por pugnas territoriales, explica en la entrevista. Las razones del enfrentamiento son complejas. Una de ellas tiene que ver con las rutas de salida de la cocaína. Pero otra, quizás más importante, se refiere al pago por el transporte de droga en el territorio ecuatoriano, por parte de los grupos delictivos.
“Años atrás el transporte era pagado en dinero. Luego cambió la modalidad y se empezó a pagar en mercancías, que tienen que convertirse en moneda, por eso se dan las disputas territoriales”. Esto denota que aumentó el consumo interno de droga. “Si se está monetizando es que hay un mercado interno y no estamos haciendo intervenciones claras al respecto del consumo interno como problema de salud pública”.
Para los investigadores en esta provincia, la particular forma en que se expresa la violencia, a través de decapitaciones, puede ser explicada por medio de una hipótesis, aún no confirmada. Según ella, “Esto proviene de la influencia de los carteles mexicanos, los que a su vez recibieron preparación de Guatemala, ellos les enseñaron a degollar”. Constituida como una fuerza de élite en ese país centroamericano, en el contexto de una guerra civil, está formada por miembros que alimentan mitos para difundir una imagen de despiadados: comen partes del cuerpo de sus víctimas. Muchos de ellos pusieron sus capacidades violentas al ser vicio de los narcos mexicanos.
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Para el oficial, la decapitación buscaría varios fines. “Primero, quitar la condición de respeto a la dignidad de la persona; segundo, demostrar un poder supremo sobre el cuerpo ajeno; y tercero, mandar un mensaje de terror, no solo a la banda contraria, sino a la población”. En distintos sitios, inclusive lugares públicos, las autoridades hallaron altares en honor a la Santa Muerte.
El culto empezó en México como una corriente de contracultura, para invocar protección a una entidad sobrenatural que acompaña a su fiel creyente hasta el fin de su vida. No es claro si partes del cuerpo se usan con fines rituales. Muchas de las cabezas se han hallado en sitios públicos, con panfletos. Sin embargo, los investigadores se preguntan algo: si la influencia de carteles mexicanos como socios de grupos locales de narcotráfico permea a todo el territorio nacional, por qué esta práctica violenta se está enraizando específicamente en la provincia de El Oro.
Población civil paga las secuelas
En enero de 2024, cuando las instalaciones de TC Televisión en Guayaquil fueron tomadas por miembros del grupo Los Tiguerones, el presiden te Daniel Noboa emitió el decreto que declaraba el estado de conmoción in terna. Además, identificaba a 22 grupos narcodelictivos. En dos años y medio ese número se duplicó: llega a 47.
La cifra no incluye a los Comuneros del Sur y siete disidencias de las FARC con impacto en ambos lados de la frontera, explica por vía telemática a Vistazo el analista Tiziano Breda, investigador especializado en América Latina, del observatorio ACLED. Esta es una organización global cuyo nombre corresponde a las siglas en inglés del Proyecto de Datos sobre Ubicación y Eventos de Conflictos Armados. Viene mapeando la evolución de la crisis de seguridad en Ecuador desde 2018. Y alerta sobre el aumento del fenómeno.
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En 2025 sus investigaciones detectaron un aumento del 34 por ciento en eventos producidos por el crimen organizado, lo que se tradujo en más de 4.000 muertes, con una incidencia de homicidios múltiples, que representaron casi uno por día, según estos hallazgos.
De toda América Latina, Ecuador es el país donde la población civil está más expuesta a sufrir violencia. Además, según el índice de este observatorio, en Ecuador tiene lugar el sexto conflicto más violento del mundo. La investigación sobre “Violencia, militarización y crimen organizado en Ecuador” fue presentada por ACLED en marzo de este año. En su intervención, Breda advirtió que, en muy poco tiempo, el fenómeno se extendió. Hace tres años, 90 municipios estaban afectados. Actualmente el impacto de la espiral violenta llega a 150, lo que equivale a dos tercios del territorio nacional.
¿A qué se debe el incremento? La diversificación del portafolio criminal de las estructuras delictivas, con un rol creciente de la minería ilegal, es una de las razones. Otra de las explicaciones: la fragmentación de los grupos criminales. El fenómeno, explicó Breda en entrevista con Vistazo, “precede a la imposición de medidas de mano dura y se debe a una falta de cohesión interna preexistente”.
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Sin embargo, precisa, “las políticas de mano dura centradas en cortar las comunicaciones entre los liderazgos en cárceles y fuera de ellas, así como la estrategia para eliminar o capturar líderes de estructuras criminales empujó a muchos a refugiarse en zonas rurales, contribuyendo a acelerar el proceso de descomposición in terna de los grupos criminales”. No en vano, cada vez que un cabecilla es asesinado o capturado surgen disputas internas entre facciones del grupo en cuestión, que a menudo terminan en rupturas definitivas, apunta el experto. De acuerdo con estos datos, si bien la declaración de conflicto interno tuvo resultados en un primer momento, este efecto tuvo un alcance temporal.
Quito empieza por las bandas
Una investigación hiperlocal, realizada en Conocoto, al suroriente de Quito, saca a la luz las particularidades de un problema que empieza a evidenciarse. Los estudiantes se vinculan con una banda delictiva de alcance local denominada C4. Esta a su vez tendría nexos con la estructura de Los Lobos, que tiene una dimensión transnacional. En un colegio nacional, con aproximadamente mil alumnos, el especialista en Estudios Estratégicos y Seguridad, Édison Vergara, evidenció la gravedad del asunto. Vergara aplicó varias técnicas investigativas para el estudio, recurriendo inclusive a herramientas de inteligencia artificial para descifrar todas las aristas de los hallazgos.
Por medio de encuestas determinó que uno de cada cinco estudiantes capitalinos fue afectado por violencia. De ellos, más de la mitad sufrió agresiones físicas. “Los chicos más vulnerables son quienes tienen problemas de autoestima, porque no encuentran afecto en el hogar, necesitan reconocimiento”. Sin embargo, advierte que hay otro grupo, ansioso por experimentar la adrenalina y emociones fuertes: ellos también pueden vincularse.
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Un tercio de estudiantes probó alguna sustancia; más de la mitad tiene alta ex posición al alcohol o a la droga, por el entorno en el que vive. Casi el 42 por ciento de los estudiantes tiene contacto con bandas criminales. Es más, al 21 por ciento de los chicos se le ha invitado a formar parte de las bandas. La mayoría de esas invitaciones se realizó a través de Instagram.
Una vez dentro, el primer paso para ganarse la confianza de la banda es empezar a consumir droga. El segundo, venderla y enganchar a otros chicos. “El consumo de drogas garantiza control y dependencia, económica y emocional, hacia la banda”. Los grupos focales además mostraron que en el mismo territorio de Conocoto, los alumnos de otro colegio nacional formaron otra banda, llamada Pan de Dios. Por tanto, hay una disputa de territorio en ciernes. Además, al interior de C4 hubo una tensión interna con un segmento, formado por los estudiantes más jóvenes.
Este trabajo pionero documenta indicios de fragmentación entre bandas. “Al igual que los grupos de delincuencia organizada, las bandas viven dinámicas de disputas territoriales”, advierte Vergara, quien alerta que la realidad en las ciudades andinas no ha sido investigada en detalle. Solo se han visibilizado los efectos en las ciudades costeras. Las bandas captan a las chicas con mecanismos de seducción y enamoramiento. Luego, ellas son quienes ingresan la droga a los colegios.
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El estudio revela que la cartera criminal de esta banda se limita a narco menudeo, robo de celulares, asaltos y robos menores. “Ellos no pueden hacer más allá de lo que Los Lobos les permiten”, según se desprendió de grupos focales. Además, muestra que la realidad del microtráfico y el consumo interno se extiende hacia los planteles particulares. Los miembros sí pueden salir del grupo, pero deben pagar cifras inalcanzables para un estudiante (por sobre los USD 200) o estar expuestos a recibir ataques y violencia física. Para el experto, el tema amerita mayor investigación para actuar en una fase temprana y evitar que los grupos se consoliden.